martes. 17.02.2026

Así viven los turistas el Entroido de Vilariño de Conso

Una malagueña, un madrileño, una gallega, una almeriense y un parisino cuentan su primera vez sobre esta fiesta de Interés Turístico Nacional que va por la edición treinta y siete
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Vilariño de Conso acoge cada Sábado Gordo a visitantes de diferentes lugares que se acercan  para vivir y entender una fiesta tan ancestral. Conversamos con Melisa García, Gregorio del Olmo, Chelo Dieguez, Anabel Busto y Jack sobre su experiencia en el Desfile de Folións y la Festa do Cabrito de Vilariño de Conso.

Coincide en algo fundamental, el Entroido no se observa, se vive. Sus palabras reflejan cómo esta celebración tradicional funciona como un lenguaje universal capaz de unir orígenes, edades y trayectorias vitales muy distintas. Nos ofrecen una mirada diferente, la de quienes no nacieron aquí, pero lo sienten como propio desde el primer instante.

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Melisa, Gregorio, Chelo, Anabel  y Jack después de la conversación sobre el Entroido en Vilariño de Conso

A lo largo de la entrevista se repite una idea clave: el Entroido no es solo fiesta, es paisaje, música, gastronomía... Desde el «orgasmo gastronómico-cultural», que siente Jack hasta la emoción provocada por la vibración de los bombos del folión, los testimonios subrayan que aquí nada es improvisado.

Jack viene de París y señala con orgullo que nació en la Galicia de los Cárpatos, al este de la Pequeña Polonia». Afirma que tanto el desfile como la comida fueron «estupendas». Destaca que es algo «extraordinario, tanto desde el punto de vista paisajístico como los personajes que aparecen y, sobre todo el trabajo que hace la gente». Y añade algo esencial: «Todo el pueblo tiene una cultura musical y teatral, y se ponen de acuerdo para hacer una coreografía».

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En la plaza disfrutando del Folión Alternativo de Viana

Melisa es de Alicante y  habla de la vivencia desde la memoria y la herencia: «Yo digo que soy gallega, aunque no he nacido aquí, porque mis ancestros son gallegos». Al llegar por primera vez a esta zona, siente algo que va más allá de lo estético: «Me parece encantador, y hacen una labor extraordinaria no dejando morir estas tradiciones».

Esta capacidad de generar vínculo es uno de los mayores valores patrimoniales. Quien llega se integra, vibra con la música y comprende que está ante la esencia de un pueblo que se expresa colectivamente.

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Melisa, Gregorio y Chelo durante la comida de la Festa do Cabrito

Gregorio —es de Madrid y lleva cinco años viviendo en Ortigueira— observa el Entroido con una mirada sensible: «Hay algo que une a este pueblo, a esta gente». «En esta música y en esta fiesta lo podemos sentir», añade, resaltando el poder casi místico de la experiencia.

Anabel es la más dicharachera y no para de hablar y bailar. Llega desde Málaga, desde Colmenar, y lo tiene claro desde el primer momento: «Gracias a Chelo, que es una embajadora estupenda de su tierra, estamos aquí».

Chelo nació en Trives y vivió hasta su jubilación en Alicante. Destaca el valor emocional y terapéutico de la fiesta. Habla del Entroido como una energía que cura el desánimo, que rejuvenece, que emociona. No es solo memoria del pasado, sino una práctica cultural viva que genera bienestar, comunidad y sentido.

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Anabel no dejó de bailar y pasarselo bien durante la comida

Su pasión y su asociación cultural es la fuerza que ha reunido a este grupo: «Venimos 28. La mayoría de Alicante, porque somos de una asociación que se llama Nutopia, y yo soy voluntaria del grupo de viajes.

Está loca de contenta por regresar a su tierra. «Ahora me he venido para mi tierra como prejubilada, soy de Pobra de Trives, nacida, pero tengo aquí mucha emoción cuando oigo esto. Yo bebo y no me sienta mal el vino, me sienta perfecto».

Sobre lo que significa participar en la fiesta: «No soy exclusiva, pero lo disfruto tanto, que los disfraces me emocionan, y esto creo que es la mejor terapia para la gente que tiene depresión o desánimo. Vente aquí y disfruta, y ya verás cómo se quita todo».

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El Entroido aparece así como un lugar simbólico donde las diferencias no desaparecen, pero dejan de separar. Como concluye Anabel, apelando a una sabiduría popular que cobra pleno sentido aquí: «Donde fueres, haz lo que vieres».

Resulta especialmente significativo cómo personas que vienen de Málaga, Madrid o París hablan de pertenencia. Aunque no sean de Galicia, se sienten parte de algo más grande, una cultura viva que no excluye, sino que acoge. El Entroido aparece así como un espacio donde las raíces no separan, sino que unen.

Cada sonido, cada movimiento, cada máscara responde a un saber transmitido y ensayado, una coreografía social que implica a todo el pueblo. La entrevista deja claro que el Entroido de Vilariño de Conso no se mantiene por inercia, sino por un compromiso consciente de la gente por no dejar morir las tradiciones. Ese esfuerzo colectivo —musical, teatral, organizativo— es reconocido y admirado por quienes lo descubren por primera vez.

La voz de estas 29 personas demuestra que el Entroido no solo pertenece a quienes lo heredaron, sino también a quienes lo viven con respeto y admiración.

 

Así viven los turistas el Entroido de Vilariño de Conso