Después de nueve meses ingresada, primero en la UCI y después en planta, la mujer que el pasado mes de mayo se lanzó desde un balcón en O Barco para huir de una agresión de su pareja recibirá el alta este fin de semana y podrá regresar con su hijo de cinco años. La alegría por ese paso convive, sin embargo, con una preocupación inmediata: no tienen vivienda donde empezar esta nueva etapa.
Su madre, Yeny Hurtado, que se trasladó desde Colombia tras lo ocurrido para cuidar de su nieto y acompañar a su hija durante la recuperación, explica que la recomendación es no volver al piso donde se produjeron los hechos. «Por simple salud mental», señala. Aunque físicamente ha mejorado, el proceso ahora será más delicado. «Ella no ha recobrado totalmente su memoria, pero con el tiempo puede suceder y hay que estar alerta», comenta.
Yeny y su nieto han estado viviendo hasta ahora en la misma vivienda que la joven compartía con su pareja. Sin embargo, no consideran adecuado continuar allí. Además del impacto emocional que supondría regresar al lugar donde ocurrió la agresión, el inmueble es un dúplex con escaleras, algo poco compatible con la movilidad actual de la paciente. «Necesitaríamos un piso de un solo nivel», explica la madre. Actualmente han tenido que bajar las camas al salón, mientras la parte superior de la casa permanece sin uso. A esta situación se suma que la propietaria necesita recuperar la vivienda.
Yeny asegura que cuentan con ingresos para afrontar un alquiler. Disponen de la baja laboral, ayudas públicas concedidas durante este periodo y apoyo familiar. Además, ella ya tiene permiso de residencia y de trabajo en España. Aun así, hasta el momento no han logrado cerrar ningún contrato. «He visto varios pisos. Cuando digo que sí, me dan otra versión: que ya está arrendado o que ya no está disponible», relata.
El objetivo, insiste, no es pedir caridad, sino encontrar una oportunidad para rehacer la vida con normalidad. «No quiero que sientan lástima por mi niña. Al contrario, es una guerrera que superó y venció la muerte y tiene mucho por vivir», afirma.
El niño, de cinco años, continúa con su rutina. Según su abuela, vive la situación como un accidente del que su madre se está recuperando. «Él sigue muy bien», señala.
Ahora, la familia confía en que pueda aparecer una vivienda adecuada en O Barco que les permita cerrar esta etapa hospitalaria y comenzar otra más tranquila. «Lo único que necesitamos es un piso», resume Yeny.