Aunque en un principio surgieron dudas sobre la salida debido al tiempo gris y frío, finalmente la fiesta pudo más que la incertidumbre y el agua se convirtió en un elemento más del paisaje festivo.
Un total de 14 comparsas, integradas por más de 400 personas, recorrieron las calles del municipio llenándolas de música, creatividad y buen humor. El desfile partió desde la Plaza de A Baicela y concluyó en el Pabellón municipal, donde aguardaba una abundante merienda gratuita a base de bocadillos, empanadas y bebidas para todos los participantes.
A lo largo del recorrido, vecinos y visitantes pudieron disfrutar de la imaginación desbordante de las comparsas. No faltaron los egipcios, coches sin frenos, bolas de petanca, tropicales y piratas. También desfilaron auténticos pintores con sus paletas, simpáticos cisnes, una vistosa baraja de naipes y un grupo de alegres setas que arrancaron sonrisas entre el público.
Especial mención mereció la comparsa de la Virgen de la Cueva, en un guiño a la lluvia que no dejó de caer durante la jornada y que, en esta ocasión, jugó a favor de quienes ya portaban paraguas como parte de su indumentaria. Y entre los más aplaudidos estuvieron “los desauciados”, que con su energía, simpatía y desparpajo conquistaron a todos los presentes.
Ya en el interior del Pabellón, la fiesta continuó al ritmo de la charanga Unión Phenosa, que puso música y animación para cerrar una jornada en la que, pese al tiempo, Rubiá volvió a demostrar que ni la lluvia puede apagar el espíritu festivo de su Carnaval.
