El sonido del agua acompaña el camino incluso después de cruzar la gran puerta de acero corten con las iniciales JR. En As Pinguelas, en A Rúa, el riachuelo discurre entre árboles, humedad y vegetación cerrada mientras la piedra empieza a imponerse en el paisaje. Catalina Maroto, enóloga de la bodega, camina hacia la cova y, casi sin darse cuenta, habla en un tono más bajo. «El vino necesita tranquilidad», comenta antes de entrar en la penumbra.
La visita a las instalaciones que Joaquín Rebolledo tiene en esta zona de A Rúa forma parte de las experiencias de la Primavera de Portas Abertas organizada por la Ruta do Viño de Valdeorras. Pero lo que se descubre aquí va mucho más allá de una simple cata. El recorrido atraviesa siglos de historia del vino en un espacio que ha sabido adaptarse al presente sin perder autenticidad.
Nada más acceder al recinto aparece la antecova, un espacio monumental excavado en piedra que sorprende por su altura y por la sobriedad del conjunto. Apenas algunos antiguos utensilios relacionados con el vino, una barra y las marcas del tiempo sobre las paredes acompañan la estancia. Todo parece diseñado para que la propia piedra sea protagonista.
Allí, precisamente, es donde Joaquín Rebolledo organiza desde hace años conciertos y actividades culturales. Músico y amante de la cultura, ha convertido este espacio en uno de los escenarios del festival Entre covas promovido por la Ruta do Viño. Y el lugar parece hecho para ello. El eco, la acústica y el silencio que rodea la estancia convierten cada actuación en una experiencia muy distinta a la de un auditorio convencional.
Después llega uno de los momentos más impactantes del recorrido. Una puerta de hierro abre paso a la cova del siglo XVIII. Cambia la temperatura, cambia la luz y cambia incluso la manera de hablar. La iluminación, situada a media altura, acompaña el recorrido sin romper la atmósfera del lugar mientras Catalina Maroto explica que el vino necesita reposo y estabilidad para elaborarse correctamente.
La cova mantiene intacta esa sensación de espacio detenido en el tiempo. Habitualmente alberga alrededor de 300 barricas destinadas a la elaboración y conservación del vino, aunque estos días permanecen fuera debido al proceso del tinto embotellado en 2024. Entre la piedra húmeda y la penumbra descansan también algunas botellas antiguas que la bodega conserva para observar la evolución del vino con el paso de los años.
Uno de los elementos más sorprendentes del interior es el respiradero. Un largo conducto vertical excavado en piedra que asciende hasta el exterior y que permitía regular de forma natural la temperatura y la ventilación mucho antes de la tecnología actual. Basta levantar la vista para entender el conocimiento técnico que escondían estas construcciones tradicionales vinculadas al vino.
Y quizá eso sea precisamente lo que más llama la atención durante toda la visita: nada parece artificial ni preparado únicamente para el turismo. La cova sigue teniendo vida y función dentro de la propia bodega. No es un decorado. Es un espacio que continúa formando parte del proceso del vino.
El recorrido termina en la sala de catas, recientemente remodelada como parte de la apuesta de Joaquín Rebolledo por el enoturismo. El contraste con la cova resulta evidente, aunque mantiene la misma identidad estética del conjunto. Piedra, madera, hierro e iluminación cálida conviven con una propuesta mucho más contemporánea y funcional.
Las paredes están rodeadas de botellas, premios y referencias a la trayectoria de la firma. Una gran mesa hidráulica preside el espacio preparado para las experiencias que acoge este espacio. Allí esperan algunos de los vinos protagonistas de las catas: godello, mencía y rosado elaborados por la bodega valdeorresa.
Cuando la visita termina y vuelve a escucharse el sonido del riachuelo en el exterior, resulta fácil entender por qué espacios como este se han convertido en uno de los grandes atractivos del enoturismo en Valdeorras. No se trata solo de probar vino. También tiene que ver con el silencio, con la piedra, con la memoria de estos lugares y con la forma en que siguen encontrando nuevas maneras de mantenerse vivos siglos después.


