martes. 25.06.2024
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Con motivo del Día Mundial sin tabaco, Iria Fernández, psicóloga del Centro Resiliencia, desmiente algunas de las afirmaciones o «excusas» más populares entre los fumadores. Aunque no solo se centrará en el tabaco convencional, a mayores hablará de los cigarrillos electrónicos. 

La gente enferma, pero yo no tengo por qué sufrir las consecuencias del tabaco. 

Sumado a esta afirmación, la psicóloga añade que es muchas ocasiones se dice que el «tabaco no es malo, es natural». 

«Según los datos recogidos en la AECC, el tabaco mata hasta la mitad de sus consumidores», explica. En cifras absolutas, esto supone que cada año «mueran 7 millones de personas en el mundo por el consumo, directo o indirecto», resalta Fernández. Aportando cifras de España, el tabaco ocasiona más de 50 mil muertes; y representa el 13% total de muertes anuales. También es importante tener en cuenta cómo afecta a la calidad de vida.

Otro falso mito unido a esto, es pensar que el cigarrillo se compone solo del producto agrícola procesado a partir de hojas. Así, caemos en la falsa idea de que lo que sale de la naturaleza no tiene por qué ser malo. En realidad, el humo procedente de la combustión del tabaco está compuesto por unas 4.000 sustancias diferentes: 69 de ellas altamente tóxicas y cancerígenas como son la nicotina, el arsénico, metanol, el butano y el monóxido de carbono entre los más conocidos.

El cigarrillo electrónico es más sano

Cada vez hay más personas que, con la intención de dejar de fumar, comienzan a optar por alternativas como el cigarrillo electrónico.

La realidad es que los fumadores que sustituyen el tabaco por el cigarrillo electrónico continúan manteniendo los mismos gestos y “vapeando” en las mismas situaciones que cuando fumaban. De esta manera es más fácil que haya una recaída en el consumo de tabaco al mantener la «dependencia psicológica».

Otro problema añadido, ante estas «nuevas formas de fumar», es que el cigarrillo electrónico ha comenzado a consumirse entre jóvenes no fumadores, por lo que aumenta el riesgo de que se inicien en el consumo.

Los cigarrillos de liar o cachimbas 

Si bien la opción del cigarrillo electrónico es más reciente, años atrás eran muchos los fumadores que se pasaban a otras alternativas, como el tabaco de liar, o el consumo de tabaco en pipa, por considerarlo más sano.

El primer falso mito a desterrar es que el tabaco de liar es más sano. La realidad es que es más adictivo y más tóxico que el cigarrillo de tabaco industrial. Contiene más monóxido de carbono y nicotina, además de que se ha comprobado que fumando este tipo de cigarrillos existe mayor riesgo de llegar a tener cáncer de laringe, esófago, faringe y boca.

Igualmente, mucha población desconoce que las pipas de agua, cachimbas o shishas pueden suponer un riesgo para la salud aún mayor que fumar cigarrillos. El motivo es que funcionan con un sistema de combustión a base de carbón, el cual produce monóxido de carbono, alquitrán, nicotina, metales y otras toxinas, aun después de estar en contacto con el agua, que no las filtra. Fumando pipa de agua se inspiran y emiten mayores cantidades de humo que cuando se fuma un cigarrillo industrial.

Los cigarrillos bajos en nicotina no hacen daño

Aunque los cigarrillos bajos en nicotina y alquitrán son menos nocivos, se suelen fumar en mayor cantidad para conseguir la misma concentración de nicotina en sangre, con lo cual se anulan sus ventajas y los riesgos se asemejan a los de los cigarrillos normales. Las personas que fuman tabaco light, de forma inconsciente y para compensar los menores niveles de nicotina y otras sustancias, fuman más cigarrillos, inhalan el humo más fuerte y profundamente, resultando así igual de dañinos que los cigarrillos normales.

Fumar poco no hace daño

Si eres de esos fumadores que solo consume 4 o 5 cigarrillos al día, ya sea porque lograste reducirlos cuando intentaste dejar de fumar, o porque nunca has fumado demasiado, debes de saber que fumar poco simplemente es ‘menos malo’ solo si pensamos en cánceres como el de pulmón, ya que es cierto que se reduce el riesgo. En cambio, si tenemos en cuenta el riesgo de infarto o de enfermedades cardiovasculares asociadas, el riesgo no disminuye, sino que el riesgo es exactamente el mismo. Por ello, si de verdad quieres recuperar tu salud, lo que debes lograr es dejar de fumar de manera total. 

Dejar de fumar engorda

Esta es una de las «excusas más típicas» para no dejar de fumar, es que abandonar este hábito se asocia a un aumento de peso. Esta idea tiene sus matices.

Por una parte, es cierto que, al dejar de fumar, el ritmo metabólico, que se encuentra aumentado por el consumo de cigarrillos, se normaliza.  Es por ello que sí que existe un riesgo de aumentar de peso, siendo la media una ganancia de unos 3kg. Cuando este incremento de peso es mayor, se debe a que el mal hábito de fumar se sustituye por malos hábitos en la alimentación o a que se está usando como ansiolítico, un problema que debe abordarse en sí mismo.

La ansiedad por el síndrome de abstinencia, el “picoteo” entre horas y la mejora del gusto y del olfato al dejar de fumar contribuyen al aumento de peso. Sin embargo, lo que hay que dejar claro es que siempre es más saludable un aumento moderado de peso que los efectos negativos producidos por el tabaco.

Relaja o alivia el estrés

El tabaco no tiene propiedades relajantes, puesto que es un estimulante. La aparente sensación de “alivio” que se siente al fumar un cigarrillo se debe a la supresión de los síntomas de abstinencia producidos por la falta de nicotina en el cerebro. De hecho, fumar incrementa los niveles de ansiedad y de tensión, ya que aumenta la frecuencia cardíaca.

Cuando se deja de fumar se pasa muy mal

Es cierto que al principio, cuando se deja el tabaco, la dependencia a la nicotina provoca malestar, pero se trata de una sensación temporal. En cambio, los beneficios son muy evidentes e importantes y aparecen a los pocos días de abandonar el consumo.

La dependencia a la nicotina es el mayor problema

Según la OMS, la dependencia a la nicotina dura en el organismo de 2 a 4 semanas. La mayor dificultad a la que nos enfrentamos a la hora de dejar «de fumar es la dependencia psicológica». Es el principal problema después del primer mes que pasamos sin tabaco. Esta dependencia se encuentra asociada a las diferentes situaciones en las que solemos fumar los cigarrillos, haciendo que cuando nos exponemos a ellas nos entren ganas de fumar. Por ello, un tratamiento integral para dejar el tabaco que combine acciones hacia ambos tipos de dependencia suele ser el más recomendable.

«Puedo dejarlo cuando quiera»

Según la OMS, la dependencia a la nicotina dura en el organismo de 2 a 4 semanas. Esta dependencia se encuentra «asociada a las diferentes situaciones en las que solemos fumar los cigarrillos», haciendo que cuando nos exponemos a ellas nos entren ganas de fumar. Por ello, un tratamiento integral para dejar el tabaco que combine acciones hacia ambos tipos de dependencia suele ser el más recomendable.

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