Cada 17 de enero, la festividad de San Antonio Abad, conocido popularmente como San Antón y patrón de los animales, se convierte en una cita señalada para los vecinos de la localidad barquense de Coedo, del municipio de Petín y de O Barco de Valdeorras. Una tradición que, año tras año, congrega a numerosas personas dispuestas a mantener vivo un legado cargado de simbolismo y fe.
En Coedo, la jornada comenzó a las 11.40 horas con la salida de la procesión desde la capilla. Los vecinos portaron las imágenes de San Antón y de la Virgen, acompañados por la música de la charanga Nova de Trives, que puso el toque festivo al recorrido. A la entrada del templo no faltó la venta de las tradicionales roscas, uno de los elementos más característicos de esta celebración y que atrae tanto a devotos como a visitantes.
En Petín, la procesión dio comienzo a las 13.00 horas. El Santo salió de la iglesia acompañado por la charanga Brisas do Sil y por numerosos fieles y devotos, recorriendo el trayecto desde el templo hasta la plaza y de regreso, en un ambiente marcado por la participación y el respeto a una tradición muy viva en la localidad.
Por su parte, en O Barco de Valdeorras, la celebración tuvo un carácter especialmente emotivo con la bendición de las mascotas en la iglesia de Santa Rita. El acto comenzó a las 17.00 horas en el exterior del templo, donde además se depositó comida para las protectoras de animales de la villa. Esta tradición, que había caído en desuso, fue recuperada en 2022 gracias a la iniciativa del párroco Jesús Álvarez, con el objetivo de devolver a la comunidad un acto cargado de significado. Desde entonces, cada 17 de enero, los vecinos acuden con sus animales —perros, gatos e incluso tortugas— para que reciban la bendición del santo, en una ceremonia sencilla que refuerza el vínculo entre las personas y los animales y pide por su salud y bienestar durante el año.
San Antonio Abad fue un ermitaño cristiano nacido en Egipto en el siglo III, considerado uno de los padres del monacato. Dedicó su vida a la oración, la penitencia y la ayuda a los más necesitados y, con el paso del tiempo, su figura quedó estrechamente ligada a la protección de los animales, especialmente del ganado, fundamental para la subsistencia de las comunidades rurales. De ahí que su festividad haya perdurado durante siglos y continúe siendo hoy un símbolo de respeto por la naturaleza, los animales y las tradiciones populares.
