domingo. 15.03.2026

Dos años abriendo camino en A Rúa

El albergue municipal de peregrinos celebra su segundo aniversario con más de 1.200 caminantes acogidos el último año y el espíritu hospitalario que cada día mantienen voluntarios llegados de todo el mundo
somoscomarca_alberguearua_hospitalero_joaobatista

El albergue municipal de peregrinos de A Rúa cumple dos años de vida convertido ya en uno de los puntos de acogida más apreciados del Camino de Invierno a Santiago. Desde su apertura han pasado por sus instalaciones más de un millar de peregrinos procedentes de los cinco continentes, caminantes que encuentran aquí algo más que una cama: descanso, conversación, ayuda para las heridas del camino y, muchas veces, una cena caliente preparada con cariño.

El funcionamiento del albergue se basa en una tradición muy ligada al espíritu jacobeo, hospitaleros voluntarios que dedican parte de su tiempo a atender a los peregrinos. Cada uno permanece aproximadamente quince días, tras los cuales es relevado por otros voluntarios que llegan desde distintos puntos de España y también del extranjero.

Uno de ellos es João Batista, hospitalero brasileño que cada año cruza el Atlántico para pasar dos meses en España ayudando a los caminantes. Estos días se encuentra atendiendo el albergue de A Rúa con una sonrisa franca y una hospitalidad que refleja bien el espíritu del Camino.

«Desde el 15 de marzo del año pasado, hasta ahora han pasado unos 1.250 peregrinos», explica mientras revisa el cuaderno donde se registran las llegadas. Aunque todavía no dispone de todos los datos del último año completo, Batista está convencido de que la cifra seguirá creciendo. «Este año seguramente serán más, porque este camino cada vez lo busca más gente».

Un camino cada vez más buscado

El hospitalero brasileño tiene claro por qué el Camino de Invierno está ganando popularidad entre los peregrinos. «Mucha gente está saliendo del Camino Francés porque está muy masificado y vienen por aquí», comenta.

Quienes escogen esta ruta buscan otra forma de caminar. «Los peregrinos que llegan quieren caminar de forma más recogida, más tranquila, cada uno con su propio proceso».

El paisaje también ayuda. Una foto desde el mirador del Barranco Rubio situada en una de las paredes del albergue abre una panorámica privilegiada del valle del Sil que muchos caminantes descubren por primera vez. «Este camino es muy bonito, siempre al lado del río Sil, con paisajes maravillosos. A los peregrinos les gusta mucho». Aunque también es más exigente. «Es un camino un poco más duro que el francés porque tiene menos infraestructuras».

Una etapa clave del Camino de Invierno

En ese contexto, el albergue de A Rúa juega un papel importante para quienes recorren esta ruta jacobea. «Este albergue es muy estratégico», explica Batista. Y lo es porque la siguiente etapa resulta especialmente exigente. «Entre A Rúa y Quiroga hay casi treinta kilómetros y prácticamente no hay nada».

Sin bares, tiendas ni lugares donde reponer fuerzas, los peregrinos agradecen especialmente la hospitalidad que encuentran aquí. «Cuando llegan les damos todo: preparamos la cena, el desayuno y también fruta para que puedan llevarse algo al día siguiente». Muchos completan su provisión en los comercios de la villa antes de continuar el camino.

Peregrinos de todo el mundo

El cuaderno de registro del albergue revela la diversidad de quienes pasan por A Rúa. Por sus habitaciones han pasado caminantes procedentes de Irlanda, Polonia, Inglaterra, Bélgica, Italia, Corea, Alemania, Holanda, Filipinas, Argentina, Estados Unidos, Australia o Ucrania, entre muchos otros países.

«La mayoría vienen de fuera de España», señala Batista. Aunque también llegan peregrinos de distintas comunidades españolas. «Cataluña, Asturias, Canarias, Madrid, Galicia… hay gente de todas partes».

Del peregrino al hospitalero

João Batista conoce bien el Camino porque antes de convertirse en hospitalero fue peregrino. «Yo sigo siendo peregrino», afirma. 

Su historia con el voluntariado comenzó tras una experiencia personal difícil, durante una peregrinación desde Lourdes sufrió graves problemas en las rodillas: «El médico me dijo que prácticamente estaba hueso con hueso». Ante la imposibilidad de seguir caminando largas distancias, decidió encontrar otra forma de seguir vinculado al Camino. «Pensé: me gusta mucho el Camino, me gusta estar cerca de las personas que caminan… entonces decidí ser hospitalero».

Desde entonces ha ejercido esta labor en varios lugares. «Ya fui hospitalero en León, en el monasterio de las Carbajalas». El año pasado participó también en el primer aniversario del albergue de A Rúa y este año ha querido repetir la experiencia. «Quería volver para celebrar el segundo cumpleaños del albergue».

Hospitalidad sin precio

El albergue funciona mediante donativo, una fórmula que Batista considera esencial para mantener el espíritu del Camino. «Aquí no hay precio. Cada persona da lo que quiere».

Esa forma de funcionamiento crea una relación diferente entre hospitaleros y peregrinos. «Cuando pagas un precio parece un contrato. Cuando es donativo, las personas se sienten parte de todo».

Esa implicación se nota también en la convivencia diaria. «Después de cenar todos ayudan a limpiar, a recoger, a cuidar el albergue». Para muchos peregrinos esa experiencia compartida es parte fundamental del Camino. «Aquí se sienten como en casa».

El Camino también ayuda a reconstruir

El Camino de Invierno atraviesa territorios que en los últimos años han sufrido incendios forestales. Aun así, los peregrinos siguen llegando. «Muchos vienen también como forma de ayudar a recuperar el camino». Para Batista, esa actitud refleja el verdadero espíritu del peregrino. «Eso es algo muy bonito».

Mientras atiende a los caminantes que llegan esa tarde al albergue, João Batista se prepara para despedirse pronto de A Rúa. En su caso, su turno se ha alargado un poco más de lo habitual. «Normalmente los hospitaleros están quince días, pero esta vez me quedé treinta».

Y no descarta volver. «Espero regresar el año que viene». Porque en lugares como este, donde cada peregrino encuentra descanso antes de seguir caminando, el Camino continúa mucho más allá de la ruta marcada en el mapa.

somoscomarca_aportela_festadicaldo6
Asunción Arias a las puertas de Casa da Solaina, el único albergue durante muchos años en la comarca

El Camino de Invierno sigue creciendo

Tras dos años de funcionamiento del albergue municipal, el Camino de Invierno continúa consolidándose en Valdeorras. Así lo explica Asunción Arias, presidenta de la Asociación de Amigos del Camino de Invierno por Valdeorras y también hospitalera.

Antes de la apertura del albergue municipal, su alojamiento, Casa da Solaina, era durante años el único lugar donde podían dormir los peregrinos en la zona. 

«El Camino de Invierno se oficializó en 2016 y no se le puede exigir el mismo nivel que al Camino Francés», explica. Aun así, el crecimiento ha sido constante. «El camino sigue evolucionando, paso a paso».

Arias recuerda que el pasado verano, tras los incendios que afectaron a la comarca, el tránsito de peregrinos se vio condicionado y fue necesario realizar un esfuerzo especial para informar y orientar a quienes querían seguir recorriendo la ruta. «Tuvimos que organizar un grupo de emergencia para informar a los peregrinos».

Pese a todo, el camino nunca dejó de recibir caminantes. «El albergue estuvo siempre abierto». Para Arias, la clave del futuro del Camino de Invierno está en mantener su esencia. «Lo más importante es que siga siendo un camino auténtico, humano».

Porque esa cercanía es, precisamente, lo que muchos peregrinos buscan. «Los peregrinos que vienen y repiten es porque encuentran aquí esa humanidad y esa acogida».

Una filosofía que se respira cada día en el albergue de A Rúa, donde hospitaleros como João Batista siguen demostrando que el Camino de Santiago no es solo una ruta, sino también una forma de encuentro entre personas.

Tu prueba Premium ha finalizado

Dos años abriendo camino en A Rúa