miércoles 25/5/22

José María Murciego se despide del Concello de O Barco tras más de 40 años de trabajo

Este funcionario ha pasado por muchas etapas y cuatro alcaldes, dando servicio y siempre "al pie del cañón". Hoy sus compañeros le organizaban una comida de despedida en la que no han faltado las anécdotas y buenos momentos

Toda una vida es lo que José María Murciego ha dedicado al Concello de O Barco. Fue allá por los años 70 cuando comenzaba a trabajar como funcionario en una época donde todo era muy diferente a la actualidad. Ha pasado por muchas etapas y cuatro alcaldes, dando servicio y siempre "al pie del cañón". Hoy sus compañeros le organizaban una comida de despedida en la que no han faltado las anécdotas y buenos momentos. 

Durante la comida, sentados en la misma mesa, recordaba junto a Pedro, Toño e Isabel como ha cambiado todo. Cuando ellos comenzaron a trabajar en la secretaria del consistorio hacían honor al dicho de "valer para todo". Lo mismo transcribían un pleno a pluma, que colocaban las alfombras de recibimiento  en las escaleras o se encargaban de las mesas de recaudación contra el cáncer.

Con especial cariño contaba hoy Pedro otra de esas labores que durante años realizaron, ser pajes de los Reyes Magos. José María y él se encargaron de ayudar una noche de Reyes a Baltasar, pero el caballo que montaban "se encabritó" y lo que pintaba como una bonita tarde terminó con unos puntos de sutura. 

José María ha servido a 4 alcaldes a lo largo de estos años: Julio Gurriarán, Eulogio Gavela, Antonio Hervella y Alfredo García, presente hoy en esta comida homenaje junto a otros muchos compañeros. «Tuvimos que arrancar al principio de la dictadura, fueron años duros. Poco a poco, llegamos a la democracia», comentaba Isabel.

Por aquel entonces el actual Concello todavía no existía y trabajan en el Concello Vello. Recuerdan  como la tecnología ha llegado para facilitar un trabajo que comenzaron haciendo a mano. «Al principio los plenos se escribían a pluma. Después, a máquina de escribir y eléctrica, hasta que llegó el ordenador».

Son muchos los momentos que ahora se quedan atrás. José María se despide de su trabajo, pero no de sus compañeros y es que, como ellos mismo aseguran, «éramos una familia». Eso sí, como en todas las buenas familias, a veces también hay riñas, y es que José María tiene un defecto, «es culé», como confesaba en su discurso Pedro. 

45 años dan para mucho...

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