miércoles. 20.05.2026

Manuel Rivas: «Los menores no tienen maldad y tampoco ven la maldad fuera»

El experto en ciberseguridad ofrecerá este jueves en el colegio Pablo VI de A Rúa un taller para familias sobre redes sociales, videojuegos online, privacidad y acompañamiento digital de menores
 
somoscomarca_202600519_arua_manuelrivas_pantallas3525
Manuel Rivas: «Los menores no tienen maldad y tampoco ven la maldad fuera»

El móvil ya no ocupa un lugar concreto en la casa. Está en la mesa mientras se come, en el sofá, en el coche, en la cama antes de dormir y muchas veces también bajo las sábanas cuando parece que todo el mundo descansa. La conversación sobre menores y tecnología suele moverse entre dos extremos: el miedo y la resignación. O se demonizan las pantallas o se asume que ya no hay nada que hacer. Manuel Rivas cree que ninguna de las dos posturas sirve demasiado.

El experto en ciberseguridad y protección digital participará este jueves en el colegio Pablo VI de A Rúa en un taller dirigido a familias para abordar algunos de los problemas que más inquietan actualmente a padres y docentes: redes sociales, videojuegos online, control parental, privacidad y exposición temprana a riesgos digitales.  

Durante una entrevista previa al encuentro, Rivas dejó una idea que está presente en buena parte del problema: «Esta era de la tecnología a muchos nos ha atropellado». No habla únicamente de menores. También de adultos que intentan educar en un entorno que cambia más rápido de lo que son capaces de comprender.  

Uno de los aspectos sobre los que más insiste es la falsa sensación de seguridad. Muchas familias siguen asociando los peligros digitales exclusivamente a redes sociales como TikTok o Instagram, cuando gran parte de la interacción entre menores ocurre ya en videojuegos conectados a internet.

«Fortnite», «Roblox», «Minecraft» o «Clash of Clans» aparecen de forma habitual en sus charlas. No tanto por el juego en sí, sino por todo lo que existe alrededor: contacto con desconocidos, micropagos, sistemas diseñados para prolongar el tiempo de conexión y dinámicas que generan dependencia. «Un dispositivo quiere que pasemos más tiempo con él», resume.  

En ese escenario aparece también uno de los riesgos más delicados: el grooming. Es decir, adultos que se hacen pasar por menores para ganarse su confianza. A veces el acercamiento comienza con algo aparentemente inofensivo: una ayuda dentro del juego, una recompensa o un regalo virtual. Después llega lo demás.

«Los menores no tienen maldad y tampoco ven la maldad fuera», explica Rivas. Ahí está una de las mayores dificultades. Un adulto probablemente detectaría determinadas conductas extrañas. Un niño de ocho, nueve o diez años, muchas veces no.  

El especialista evita plantear la conversación desde la prohibición absoluta. Tampoco cree demasiado en las soluciones rápidas. Ni siquiera responde con una edad concreta cuando se le pregunta cuándo debería tener un menor su primer móvil.

«Hay que valorar la madurez del menor», sostiene. Y detrás de esa frase hay algo incómodo para muchas familias: la necesidad de dedicar tiempo. Observar comportamientos, configurar dispositivos, revisar aplicaciones, hablar con ellos y entender qué consumen en internet.  

Porque buena parte del problema, insiste, empieza precisamente ahí: en dispositivos entregados sin acompañamiento. «Si yo le doy un móvil y tiene alguna duda, va a pensar que sus padres tampoco saben cómo funciona», explica. Frente a eso, propone algo mucho más sencillo y mucho menos automático: sentarse con ellos, configurar juntos las herramientas y crear espacios donde puedan preguntar sin miedo.  

Durante la conversación también alertó sobre el impacto que el uso nocturno de pantallas está teniendo en adolescentes cada vez más jóvenes. Habla de menores que se quedan despiertos hasta las cinco o las seis de la mañana usando redes sociales o jugando online antes de acudir al colegio. Situaciones que muchas veces pasan desapercibidas hasta que aparecen problemas de sueño, aislamiento o cambios bruscos de comportamiento.  

En ese sentido, pide prestar atención a señales que a menudo se despachan con un simple «son cosas de la edad». Cansancio constante, irritabilidad, cambios de humor o pérdida de interés pueden esconder situaciones mucho más complejas, desde una adicción temprana a las pantallas hasta episodios de acoso digital. Y ahí introduce otra reflexión importante: la dimensión emocional que tienen las redes sociales para un menor.

«Cuando un menor sufre una situación de acoso cree que eso va a durar toda la vida», señala. La exposición permanente y la velocidad con la que circula todo en internet amplifican cualquier conflicto.  

Rivas tampoco descarga toda la responsabilidad sobre los hijos. Cree que el comportamiento de los adultos pesa mucho más de lo que a veces se reconoce. «Lo más importante es dar ejemplo con nuestro propio uso», afirma. Resulta difícil pedir desconexión a un adolescente en una casa donde todo el mundo vive pendiente de una pantalla.  

El taller que impartirá en el Pablo VI abordará precisamente esa convivencia diaria con la tecnología. No desde el alarmismo ni desde la nostalgia de un mundo sin móviles, sino desde una pregunta mucho más incómoda: cómo educar a menores en un entorno digital que ni siquiera muchos adultos terminan de comprender del todo.

Puedes escuchar aquí la entrevista completa:

Manuel Rivas: «Los menores no tienen maldad y tampoco ven la maldad fuera»