martes 7/12/21
Viana do Bolo
Viana do Bolo

 

 

 

 

 

 

 

Mucho más que Entroido es Viana do Bolo, la localidad en la que el río Bibei se convierte en una serpiente para horadar su montaña.

 

 

 

 

Más de 271 kilómetros cuadrados, verdes paisajes de montaña y generosos ríos, como el Bibei, son las particularidades de Viana do Bolo. ¿Solo esas? No, muchas más que se aprecian a través del Cabo da Vila, su casco antiguo, así como la Torre del Homenaje que domina la localidad sin olvidar de todo el patrimonio histórico que se esconde en sus pueblos.

 

 

Viana do Bolo es la “maxia verde de Galicia” debido a sus altas montañas y profundos valles que son recorridos por ríos como el Bibei, el Camba o el Conso, que en muchos casos forman embalses y cañones.

 

 

Casco antiguo de Viana do Bolo

 

 

Precisamente, cualquier que visite la localidad guardará en su retina el cañón que forma el río Bibei en cuyas laderas se cultiva la vid y se oculta uno de los más antiguos bosques de ribera de España.

 

 

Habitada desde época prerromana, Viana do Bolo posee una altitud y disposición que la ha convertido en un enclave fundamental a lo largo de la historia. No es para menos, debido a su altitud y los ríos que la jalonan, entre los que destaca el Bibei. Los romanos llegaron a la zona y extrajeron su riqueza interior dejaron unas desconocidas minas romanas, como las de Caldesiño, pero no pudieron con una tierra que huele a cocido, androlla y buen pulpo

 

 

Torre del homenaje

 

 

Viana do Bolo ha sido lugar de parada y fonda de numerosas civilizaciones. Cuenta de ello daba su castillo del que hoy se puede admirar la Torre del Homenaje. La misma data de época medieval (siglo X-XII) y cuenta con 32,7 metros de altitud, la mejor vigía de Viana do Bolo. Fue declarada Monumento Histórico-Artístico en 1949 ya que es “una de las mayores del Reino de Galicia”, según Fernández de Boán.

 

 

Torre del Homenaje Viana do Bolo

Torre del Homenaje Viana do Bolo

 

 

En el momento de la construcción de la fortaleza primigenia, Viana do Bolo disfrutaba de foros y gobierno propios, pero estaba en continua lucha contra los árabes por lo que, en torno al año 800, se decidió su construcción. En dichos envites fue destruida y así permaneció hasta que en 1180 el rey Fernando II ordenó la reconstrucción de la torre y la repoblación de la villa, —que estaba deshabitada—.

 

 

Tras sucesivos conflictos señoriales, la torre fue reconstruida en el siglo XV y Felipe II la convirtió en cabeza de marquesado a favor de Pedro Pimentel, hijo del conde de Benavente. Durante las guerras carlistas del siglo XIX fue de nuevo escenario de duros enfrentamientos.

 

 

 

 

Actualmente, en el interior de la misma se puede visitar el Museo Etnográfico de Viana del Bolo. Allí se guarda una amplia representación de la cultura popular tradicional de estas tierras. Sus fondos se distribuyen en varias secciones como son: La arquitectura popular, el hogar y la vida doméstica, las técnicas agrícolas y ganaderas y, por último, la artesanía y los oficios tradicionales. En la planta baja está ubicada una pequeña pinacoteca con cuadros de pintores como Nelson Zumel y Sofía García Mares.

 

 

Cabo da Vila

 

 

No solo la Torre del Homenaje da fe de la historia de la villa, también lo hace Cabo da Vila, el barrio más antiguo de Viana que se encuentra rodeado por uno de los brazos del Encoro de Bao. Jalonado por casas blasonadas, el casco histórico ha sido testigo de cómo Viana resultaba un enclave estratégico para los reinados.

 

 

Plaza Mayor de Viana do Bolo con la Fuente de la Villa en el centro

 

 

Entre sus calles destaca la plaza Mayor, rodeada de edificios nobles entorno a la Fuente de la Villa —O Pilón—, homenaje a los vecinos ejecutados tras su alzamiento liberal en octubre de 1830. Recorrer sus rúas supone encontrarse con casas barrocas con soportales, un frontón semicircular, pináculos, balconadas y gárgolas, así como galerías acristaladas.

 

 

Pero quien visita Viana no puede irse sin conocer su antigua Casa do Concello, el Ara Romana, el Pazo de Bugallal y, como muestras de arquitectura religiosa, la Capilla de la Soledad y la Iglesia de Santa María, de finales del siglo XII y que conserva restos románicos de influencia mozárabe. El románico también está presente en varios templos del Ayuntamiento, como la iglesia de Vilaseco.

 

 

Cabe señalar que en esta semana se dio a conocer que Cabo da Vila contará muy pronto con un nuevo acceso desde la OU-0908 que discurre entre este municipio y Vilariño de Conso.

 

 

Patrimonio etnográfico

 

 

El paso del tiempo, civilizaciones e historia ha dejado un amplio catálogo de construcciones dignas de conocer. El santuario del Padre Eterno (siglo XVII), es solo una de las construcciones religiosas que se pueden contemplar encaramadas a las acentuadas faldas del encoro de O Vao y los profundos ríos que corren por sus cañones.

 

 

Conocer Viana do Bolo es también conocer sus pedanías en las que el tiempo ha ido dejando su poso. Destacan el antiguo Balnerario de Bembibre, construido a finales del siglo XIX y en funcionamiento hasta 1958. Personajes destacados de diferentes épocas se sentían atraídos por las  supuestas propiedades curativas de los manantiales de esta zona —documentadas desde el siglo XVI—.

 

 

Además del ya citado Santuario de O Pai Eterno, son muchas las iglesias de las parroquias de Viana, como la de Santa María de Pexeiros, San Andrés de Bembibre, San Martiño o San Sebastián de Pradorramisquedo, construida a principios del XIX y que destaca por su especial ubicación en una pequeña aldea de montaña.

 

 

Numerosos pazos, como los Pazos de Grixoa, Umoso o Fradelo, éste último del siglo XVII y la construcción palaciega más importante de Viana, cierran la oferta arquitectónica de las aldeas de la comarca.

 

 

 

 

 

 


 

 


 

 

 

 

Senderismo

 

 

Parte de la magia de Viana do Bolo es que en la localidad se unen la historia, el patrimonio, la etnografía y la naturaleza. Existen diferentes rutas que discurren entre sus numerosos espacios naturales para la práctica del senderismo a orillas del Bibei. En esta zona, la naturaleza conserva un alto grado de virginidad, con sus centenarios árboles en los que tienen su morada aves como el búho real, el águila real, el pájaro carpintero y la oropéndola. También el lobo ibérico tiene aquí uno de sus últimos reductos, junto con manadas de corzos, jabalíes y zorros; y en los parajes más intransitables de los ríos vive la nutria, la marta, la jineta, el martín pescador y el pato salvaje.

 

 


 

 

 

 

 

En el corazón del país del Bibei