lunes. 06.02.2023

Isabel Gavela recomienda "Balvanera" de Francisco Narla

Al otro lado de la mar océano  en aquella Nueva España de un imperio donde no se pone el so las bodegas de la Balvanera se estaban llenando con la mercancía más valiosa de su tiempo: el palo de tinte
Isabel Gavela recomienda "Balvanera" de Francisco Narla

Su madre era puta. Su padre, inglés. No tenía apellido cuando el apellido era lo único que espantaba el hambre. Aun así, iluso, Camacho se empeñó en ganarse el pan con el único mérito de ser honrado; y todo se fue al carajo. A la fuerza ahorcan.

Una puta beata, un indio mudo, un fraile descreído y ese hideputa honrado,  intentarán robar el mayor cargamento de la historia de la flota de indias. Al otro lado de la mar océano  en aquella Nueva España de un imperio donde no se pone el sol, en un Yucatán donde la lluvia tropical borraba las misericordias, las bodegas de la Balvanera se estaban llenando con la mercancía más valiosa de su tiempo: el palo de tinte. Y, mientras, la Parca buscaba cobrarse sus deudas…

Y junto a estos personajes, Balvanera, el barco que transporta esta mercancía que no era otra que, Palo de Tinte.

En el siglo XVI, la península de Yucatán pertenecía a un Imperio donde no se ponía el sol. Felipe II regía los destinos de medio mundo, y el comercio entre un lado y otro del océano hacía las delicias de la Corona, ya que era la corona la que sin arriesgar nada, la que conseguía pingües beneficios con lo que se traía desde los nuevos territorios conquistados; el quinto real.

Los tintes, su valor y su exclusividad, han marcado la historia y las civilizaciones. El púrpura fue importante para la antigua Roma; el estatus de los miembros más destacados de su sociedad se refrendaba con una cenefa de color en el borde de sus túnicas, cuanto más ancha esta cenefa, mas rico y poderoso la persona que portaba la túnica. Ese mismo púrpura ha quedado como herencia para las altas jerarquías de la Iglesia.

Eso mismo sucedió con el palo de tinte cuando, por primera vez en la historia, podía lograrse un negro profundo y único que garantizaba exclusividad a quien pudiera pagarlo.

Este árbol, y concretamente su tinte, fue descubierto por los conquistadores españoles, que vieron todo el potencial que tenía, aunque los nativos ya lo habían empleado desde tiempos inmemoriales.

El conquistador Marcos de Ayala, maravillado por el negro perfecto y duradero que se obtenía, empezó a utilizarlo para teñir las telas en Nueva España. De ahí pasó a la Corte Española de Felipe II para convertirse en símbolo de poder y nobleza, imagen de un reino poderoso. Las  cortes y casas más pudientes de todo el viejo continente presumían de dineros vistiendo de riguroso luto.

En el siglo XVI hubo períodos en que el total de los envíos anuales pudo superar los tres mil quintales. Media Europa quería comprar palo de tinte, la otra media estaba dispuesta a robarlo si era necesario, y el único país que tenía derechos legítimos sobre el producto era  España. una materia prima que llegó a alcanzar, ocasionalmente, precios más altos que el oro o la plata. El palo supuso una auténtica revolución que cambió la moda del viejo mundo, de las tendencias italianas de los años anteriores, vivas en el color y barrocas en el gusto.

Ese novísimo y profundo negro que puso de moda la corte de los Austrias causó tal furor que, como algunos han afirmado, todo el continente se vistió «a la española». El robo de una mercancía así podía suponer, claro está, una auténtica fortuna… y un diezmo importante para las arcas del rey.

Y además estaba la picaresca española. No todo lo que salía de las Indias llegaba a España, en las mismas condiciones o en las mismas manos.  Y de toda esta información que Francisco Narla recopila, nace su nueva novela histórica con nombre de barco “Balvanera”, y con unos personajes que llevan en su ADN a los pillos del siglo de Oro español.

Camacho, el hijo de la Camacha y un inglés de la flota de Drake, el hideputa honrado que, a pesar de su ascendencia, trata por todos los medios de conseguir una reputación y empezar su negocio de manera honorable. Pero los astros están en su contra, y a pesar de sus esfuerzos le va a resultar imposible.

Catalina, la puta beata, defensora de causas perdidas, que pierde su trabajo por defender a una compañera de los abusos de uno de los ricos mercaderes que acude a la casa de la Brava, el lupanar del lugar.

Gundemaro, el fraile descreído, que abandona su convento porque no tiene vocación para ser devorado por los caníbales que abundaban en el Yucatán.

Y Pedro, el indio mudo, que va sirviendo de comodín al escritor para ir deshaciendo los entuertos y las dificultades con las que se van a encontrar el resto de los protagonistas.

De nuevo el mejor Francisco Narla en un campo que ha demostrado desde siempre que maneja muy bien.

Isabel Gavela recomienda "Balvanera" de Francisco Narla