Cada año, cuando llega el momento de decidir en qué instituto continuarán sus estudios los alumnos que terminan la primaria, muchas familias de Valdeorras miran hacia el mismo lugar: el IES Martaguisela de O Barco. Detrás de esa elección hay un proyecto educativo consolidado y un centro que ha visto pasar ya a varias generaciones de estudiantes.
Y quienes trabajan en el instituto tienen claro cuál es la base de todo ello, más allá de los resultados académicos o de la oferta educativa: el ambiente. «Nosotros siempre intentamos que todo el mundo esté a gusto», explica la directora, Natalia Nogueira. «Trabajamos mucho la convivencia y, a partir de ahí, todo lo demás va andando».
La clave, añade, está en escuchar. Escuchar al alumnado, a las familias y también al profesorado. «Intentamos que ese sea el punto de partida: escucharnos y trabajar en equipo», señala, consciente de que en una sociedad cada vez más individualista ese esfuerzo resulta todavía más necesario.
El tamaño del instituto juega aquí un papel importante. El Martaguisela es un centro relativamente pequeño y eso permite algo que no siempre es fácil en otros lugares: que todos se conozcan. La vicedirectora, Rose Deus, lo resume de forma sencilla: «Es un instituto pequeñito y gracias a eso la convivencia siempre fue una de nuestras prioridades. Los alumnos se sienten como en casa».
Ese ambiente cercano se refleja en el día a día. Los estudiantes conocen al profesorado y el profesorado conoce a los estudiantes. La comunicación es constante. «Hay chavales de primero de ESO que vienen a mi despacho a contarme cosas», comenta la directora. «A veces vienen para que solucionemos algún problema, pero eso demuestra que existe esa confianza».
Para el equipo docente, ese clima es fundamental. Creen que un buen ambiente no solo facilita la convivencia, sino también el aprendizaje. «Pasa igual que en el trabajo. Si estás en un buen ambiente, rindes más y tienes más ganas de colaborar».
Las aulas también reflejan los cambios que vive la educación. Cada vez es más habitual que el alumnado tenga necesidades educativas diversas, desde trastornos de atención hasta dislexia. «Las leyes educativas evolucionan precisamente en esa línea, en que nadie se quede atrás», explica Nogueira. En el centro hay estudiantes con diferentes capacidades y necesidades, y se trabaja siguiendo los protocolos establecidos para ofrecer la atención adecuada.
Pero, sobre todo, el trabajo diario pasa por observar y adaptarse. «Cada niño necesita una cosa distinta», señala. Incluso dentro de lo que se considera alumnado sin dificultades específicas, cada estudiante tiene su propio ritmo.
El instituto ofrece actualmente tres modalidades de Bachillerato: científico-tecnológico, lingüístico-social y artístico. Este último tiene una particularidad importante: es el único de la comarca de Valdeorras. Aunque no es la opción más escogida, desde el centro consideran que es una oportunidad necesaria para el alumnado con inquietudes creativas. «A veces las capacidades artísticas quedan un poco relegadas, como si fueran solo un hobby», explica la directora. «Pero hay muchas salidas: diseño gráfico, ilustración, publicidad, audiovisual…».
Por eso insisten en la importancia de escuchar a los jóvenes y observar aquello que se les da bien. «Todos nos podemos equivocar al elegir camino, pero lo importante es poder decidir». Durante años, la educación estuvo marcada por divisiones muy rígidas entre ciencias y letras. Hoy esas fronteras empiezan a diluirse. «Afortunadamente los estereotipos se van rompiendo», afirma Nogueira. «Las chicas destacan en ciencias y también hay chicos con gran sensibilidad artística o que se orientan hacia las letras». Para el profesorado del centro, lo importante es que cada alumno encuentre su camino sin sentirse limitado por etiquetas. «Hay gente brillante en todos los ámbitos», subraya.
Otro de los pilares del instituto es el aprendizaje de idiomas. El centro cuenta con programas específicos que permiten al alumnado prepararse para obtener certificaciones oficiales de inglés.
Las clases se desarrollan en grupos reducidos, lo que facilita una enseñanza más personalizada. «Son grupos muy pequeños, casi como clases particulares», explica Rose Deus. «Los alumnos están muy contentos y pueden prepararse desde el A2 hasta el C1». Además, el instituto ofrece algunas materias en inglés, como matemáticas a partir de cuarto de ESO, siempre de forma opcional.
Actualmente el claustro del IES Martaguisela está formado por 38 profesores, incluyendo profesorado de apoyo y el departamento de orientación. La coordinación entre ellos es constante para poder acompañar mejor al alumnado. Ese trabajo en equipo, unido al tamaño del centro, permite mantener una relación directa tanto con los estudiantes como con las familias.
El instituto se encuentra ahora en pleno periodo de admisión para el próximo curso, que permanecerá abierto hasta el 20 de marzo para aquellos alumnos que quieran solicitar plaza aunque no tengan el centro asignado por adscripción.
Desde la dirección animan a las familias a informarse y conocer el centro de primera mano. «Invitamos a todo el mundo a que venga a verlo», explica Nogueira. «Pueden llamarnos, hacer preguntas o incluso visitar el centro». Porque, como recuerda la directora, conocerlo no compromete a nada. «Por venir a verlo no se pierde nada».




