Quien cuida está pendiente de mucho más que una rutina. Es responsable de horarios, medicación, silencios, cansancio y dudas que no siempre verbaliza. En la provincia de Ourense, marcada por el envejecimiento y la dispersión geográfica, esa figura se ha convertido en un pilar silencioso.
De esa realidad nace la Guía del cuidador, un documento que no parte de la teoría, sino de la práctica acumulada durante dos años de talleres en atención primaria. «Esta guía no surge desde cero. Está basada en los talleres de cuidadores que llevamos realizando desde hace dos años en atención primaria», explica Susana Fernández, una de las responsables del equipo de soporte de atención domiciliaria del área sanitaria.
En esos encuentros recogieron inquietudes muy concretas: cómo movilizar correctamente a una persona dependiente, cómo evitar lesiones físicas, cómo gestionar el desgaste emocional. «Escuchamos muchas dudas, miedos, dificultades reales del día a día», señala. A partir de esa escucha se fue construyendo el contenido.
Una guía contrastada con quienes cuidan
El documento está dirigido principalmente a personas cuidadoras, aunque también puede resultar útil para quienes reciben los cuidados. No se elaboró únicamente desde el ámbito técnico. «Se hizo un borrador, lo compartimos con otros compañeros y con los propios cuidadores para asegurarnos de que se entendía bien y realmente respondía a sus necesidades».
El resultado es una guía visual, clara y accesible, disponible en papel y en formato digital mediante código QR. La intención era concentrar en un único soporte información práctica que hasta ahora estaba dispersa.
En los talleres y en las visitas domiciliarias se repite una sensación: «Los cuidadores se sienten solos», resume Fernández. No se trata siempre de falta de conocimientos técnicos. «No es que no lo sepan hacer, sino que necesitan que alguien les diga que lo estás haciendo bien», añade. Ese reconocimiento forma parte también del cuidado.
La situación se intensifica en zonas rurales. Fernández desarrolla su trabajo en O Barco y en municipios como Trives, Manzaneda, San Xoán de Río, A Veiga, O Bolo, A Rúa, Larouco o Petín, donde la longevidad y la dispersión elevan la carga diaria de muchas familias.
Cuidar sin lesionarse… ni romperse
La guía aborda cuestiones muy concretas: higiene, movilización de pacientes, alimentación o primeros auxilios. Aspectos cotidianos que, sin la técnica adecuada, pueden provocar lesiones físicas en el propio cuidador. «Muchas veces los movemos mal y eso acarrea lesiones», advierte.
Junto al cuidado físico, el documento dedica espacio a la salud mental y a la comunicación asertiva. «Hace referencia a que tú te pongas en la situación tanto del enfermo como del cuidador», explica.
La culpa es un sentimiento frecuente: el cuidador puede sentir que no llega a todo; la persona dependiente puede percibirse como una carga. Aprender a expresar cómo se siente cada uno sin enfado ni ira forma parte de ese equilibrio.
La guía no sustituye el acompañamiento presencial. Los talleres continúan tras dos años de recorrido, con especial acogida en localidades pequeñas. El boca a boca y la implicación de los centros de salud resultan claves para llegar a quienes empiezan a asumir esa responsabilidad.
El perfil más habitual es el de hijos e hijas, aunque Fernández subraya un dato que rompe estereotipos: «Hay mucho hijo hombre que cuida de sus padres».
El documento es fruto del trabajo del equipo del área sanitaria de Ourense, Verín y O Barco de Valdeorras, contrastado con profesionales y validado por los propios cuidadores. Y todo parte de una convicción sencilla: cuidar puede ser un acto de amor, pero no debería vivirse en soledad.



