La noche de comadres no es una noche cualquiera. Es la noche. La más divertida, la más ingeniosa y, sin duda, la más motivadora del calendario festivo. Y este jueves quedó más que demostrado en A Rúa y Petín, donde más de docientas mujeres se echaron a la calle disfrazadas, felices y dispuestas a disfrutar sin complejos ni horarios.
Desde A Rúa a Petín, pasando por locales emblemáticos como el Casino, El Escondite Inglés o El Dobles, la imaginación campó a sus anchas. Disfraces elaborados, originales y divertidísimos llenaron las calles de color, risas y complicidad femenina.
Nada más llegar a A Rúa, la noche prometía. Un grupo de mujeres, mocho en mano, se abalanzó —con la mejor de las intenciones— sobre mi coche para darle una limpieza exprés. Así, con humor y desparpajo, arrancaba una velada que solo podía ir a mejor.
En el Casino, la variedad de disfraces era sencillamente infinita: pajarillos de brillantes colores, ratones atrapados en su ratonera, diosas, teclas de piano, personajes de cuento como Blancanieves, Maléfica o Caperucita, quesitos de La vaca que ríe, millonarios, trogloditas, esquimales llegados directamente de Groenlandia, en eso de que no quiere invasiones.
También, una tortuga llevada a modo de perrito por su dueño, majorettes, piratas y hasta una sorprendente balsa de salvamento con sus correspondientes buzos. Imposible no sonreír.
En El Escondite Inglés, la fantasía seguía desbordada: bellas ninfas aladas, Al Capone, guardias civiles, romanos, espantapájaros, faraonas y más caperucitas, porque nunca hay demasiadas cuando la noche es buena.
Y en Petín… ay, Petín. Allí nos recibió la monarquía más rancia con la reina Isabel y el príncipe Carlos, astronautas brillantes como estrellas, una torera, hadas de cuento navideño, una hippy y una vaquera, dos millonarias y un grupo de señoras ya en pijama, listas para meterse en la cama… o no. Porque en comadres, todo puede pasar.
Un sinfín de ideas, disfraces y colores para una noche en la que las mujeres de Valdeorras demostraron que saben divertirse, reírse de todo —empezando por ellas mismas— y celebrar juntas lo que son: ingenio, amistad y ganas de pasarlo muy, muy bien.
Porque la noche de comadres no se explica: se vive. Y en A Rúa y Petín, este jueves, se vivió a lo grande.
