lunes. 03.10.2022

Cada día salen a la calle para entregar aquellos paquetes que pedimos, exponiendo su salud por el bien de todos

Siguen al pie del cañón. Ellos, los transportistas y mensajeros, pertenecen a esos servicios básicos que están permitidos durante el Estado de Alarma. Son nuestros "salvadores" en estos momentos en los que no se puede salir, salvo en casos justificados. En realidad, siempre están ahí para "ayudarnos". Si, por ejemplo, necesitas algo con mucha urgencia pero no puedes adquirirlo en tu zona, ellos te lo traen a la puerta de casa. ¿Qué más se les puede pedir?



A ellos también deberían ir dedicados esos aplausos que cada día realizamos puntuales, a las 20.00 horas, desde nuestros balcones. Exponen su salud por el bien de todos. Es por ello que hemos querido conocer en voz de dos de estos "héroes" cómo está siendo su día a día en esta crítica situación que está viviendo el país.

Para empezar, las entregas han bajado, lo que implica que la población de Valdeorras está siendo más sensata en cuanto a los pedidos. Aun así, como nos explica uno de estos mensajeros, sigue habiendo entregas de paquetes de ropa y calzado «y pensé que se iba a hacer de otra manera, dando prioridad a los productos básicos. Estoy exponiendo mi vida y la de mi familia por entregar cosas sin importancia».

Sin embargo, nuestro otro entrevistado nos asegura que «se están llevando cosas a residencias de ancianos, hospitales, medicamentos...Productos importantes». Pero donde realmente han notado ese bajón es en las recogidas, de donde adquieren la mayoría de los ingresos. Al estar todo cerrado, no se envían cartas y paquetes, «que es nuestra verdadera fuente de financiación».

Ellos siguen en contacto diario con la población. Son en muchos casos, la única persona que ve en todo el día quien recibe el paquete. Nos cuentan que, desde este lunes, es cuando realmente se ha notado la concienciación en la comarca y que hasta entonces «era un vergüenza. Supermercados, farmacias, bancos, todo lleno. Incluso vi a gente cantando por la calle». Pero, por suerte, esta situación ya ha cambiado.

Lo que también ha cambiado es el método de entrega. Para empezar, ya no hay contacto con el cliente. Timbran, dejan el paquete en el felpudo, te piden los datos a una distancia de seguridad y se van. «Se quitó la firma porque es peligroso». Una buena medida que viene acompañada también por el uso de mascarillas y guantes, aunque estos últimos «en mensajería, al ser de latex, se rompen cada dos por tres. Y claro, tú te lo pones y pasas 5 horas con él, así que te acabas tocando la cara. No sirve de mucho». También desinfectan las furgonetas diariamente.

Un duro trabajo que debemos valorar y tener en cuenta en estos momentos pidiendo solo aquello estrictamente necesario, porque ellos, nuestros "salvadores", se lo merecen.

Los mensajeros y repartidores continúan al pie del cañón