sábado. 15.08.2026

Sr. Jingles prepara nuevas canciones mientras su música viaja con «Dopamina Zero»

El músico barquense prevé comenzar a publicar nuevos temas hacia el invierno tras un verano que le ha llevado al SilFest y a Oulego, con una banda que atraviesa uno de sus momentos más sólidos
El músico barquense prevé comenzar a publicar nuevos temas hacia el invierno tras un verano que le ha llevado al SilFest y a Oulego, con una banda que atraviesa uno de sus momentos más sólidos

Ramiro Núñez sabe hacer unas cuantas cosas. Sabe plantarse delante de un micrófono, defender sus canciones y asumir, como él mismo dice, que quien se expone también se arriesga «al tomatazo». Sabe reírse de sí mismo, hablar sin demasiados filtros y recordar que hacer música independiente obliga muchas veces a ejercer a la vez de compositor, mánager, transportista, montador y experto —o intentarlo— en redes sociales. Pero después coge la guitarra y aparece otra cosa.

«Yo te quiero así y hasta que se acabe el mundo», canta. Y quizá Sr. Jingles se explique bastante bien en ese contraste. El músico barquense atraviesa un verano que le ha llevado al SilFest y a Oulego, mientras Dopamina Zero pasea también sus canciones por festivales dentro y fuera de España. Y lo siguiente ya está casi preparado: un buen puñado de nuevos temas, producidos por Danio Benza, guitarrista de la banda, esperan los últimos retoques antes de comenzar a publicarse, previsiblemente, hacia el invierno.

Para Núñez, de hecho, podrían salir ya. «Yo por mí están de diez sobre diez», asegura. Benza, sin embargo, todavía encuentra aspectos que mejorar. Es la última fase de un proceso que comienza mucho antes y que Rami alimenta prácticamente a diario: escribe un poco cada día, aunque admite que por cada página que sobrevive hay muchas que terminan en la papelera.

Una banda que ha encontrado su sitio

Las nuevas canciones llegan, además, en un momento en el que Ramiro Núñez se muestra especialmente satisfecho con la formación que le acompaña. Las bandas son organismos vivos, recuerda, sometidos a entradas y salidas de músicos y a circunstancias personales que inevitablemente van modificándolas. Ahora, sin embargo, cree que Sr. Jingles ha encontrado «una ecuación muy buena, muy bonita, comprometida», integrada por gente que se conoce desde hace años. El SilFest fue una buena prueba.

La actuación en casa era la fecha más señalada de su calendario de verano y terminó teniendo también un componente sentimental. Hubo que pelear, eso sí, contra un adversario inesperado: el calor. Núñez calcula que sobre el escenario, negro y expuesto al sol, se superaron los 40 grados. Una dificultad añadida para los músicos y especialmente para unos instrumentos de madera a los que afectan tanto la temperatura como la humedad.

Sobrevivieron. Y disfrutaron. «El público estuvo muy entregado», recuerda sobre un concierto que considera una de las experiencias más importantes de este verano.

Entre quienes aguantaron las temperaturas había, además, alguien cuya presencia no pasó inadvertida para Sr. Jingles: Manuel Colmenero, productor de Un día en el mundo, de Vetusta Morla. Estuvo entre el público, junto a la mesa de sonido, escuchando el concierto. «Si el público supiera quién está ahí…», pensaba Núñez mientras lo veía soportar el calor con su gorra y sus gafas de sol.

Después hablaron. «Le gustó mucho», cuenta. Y Ramiro todavía lo resume con cierta incredulidad: «Qué privilegio tenerlo aquí».

De Oulego a Festimiro

Después llegó Oulego, en Rubiá, y un formato completamente diferente. Esta vez Sr. Jingles se quedó solo con su guitarra para ofrecer un acústico en un escenario que le impresionó especialmente, con la Serra da Enciña da Lastra y los Penedos de Oulego como fondo.

«Me parece espectacular el sitio», repite. Y cree que aquella primera edición puede convertirse en algo con recorrido si continúa contando con apoyo y el público responde.

La siguiente parada tiene un nombre difícil de olvidar: Festimiro. Se celebra en Esgos y el bautizo tiene explicación. El festival lleva ese nombre en su honor, Ramiro, aunque durante la entrevista surgió inmediatamente una interpretación bastante menos solemne del homenaje: quizá la ocurrencia sea, en realidad, una estupenda excusa para hacerme trabajar más, bromea.

En la cita participará también María Mendoza, ganadora este año de un Premio Martín Códax, y Ramiro, volverá a tocar con la banda. 

«Cada vez que miro cómo va Dopamina, alucino»

Hay, mientras tanto, canciones de Sr. Jingles que están viajando bastante más lejos. Su participación en Dopamina Zero, el cortometraje de Rodrigo Marini rodado en O Barco, ha colocado su música dentro de un proyecto cuyo recorrido por festivales continúa creciendo. En el momento de la entrevista, Núñez hacía cuentas: «12 más 1 premios», además de nuevas citas previstas en Astorga, Lugo, Ourense, México o Michigan, después de haber pasado ya por Nueva York.

«Cada vez que miro en las redes sociales cómo va avanzando el proyecto de Dopamina, alucino», reconoce. Él tiende a restar importancia a su aportación y cuenta que es el propio Marini quien le corrige cuando intenta hacerlo. Lo que sí recuerda especialmente es cómo se vivió la grabación en O Barco, la implicación de quienes participaron y el cariño con el que se hizo. Ahora, viendo el resultado, tiene una explicación sencilla para los reconocimientos: «Es que se lo merece».

El futuro inmediato de Sr. Jingles pasa por publicar esas nuevas canciones en las plataformas digitales. Y es precisamente ahí donde la conversación deriva hacia una de las contradicciones que Núñez encuentra en la música actual.

Las redes son necesarias para darse a conocer, pero también han llenado el escaparate hasta hacerlo casi inabarcable. «Al mismo tiempo que enaltecen, asfixian el mercado», sostiene. Su comparación es gráfica: es como estar todos juntos en la plaza del chupinazo, apretados, intentando destacar entre los demás. Y hacerlo, si uno no es un profesional del marketing digital, resulta complicado.

La paradoja es que el músico independiente termina teniendo que hacer casi de todo menos música. Componer y escribir, sí, pero también ejercer de mánager, organizar la logística de la banda, transportar material, montar, ocuparse del sonido y pensar constantemente cómo conseguir que aquello que hace llegue a más personas.

Y llega un momento, advierte, en el que «lo realmente importante» puede acabar relegado frente a la necesidad de hacer bien el marketing. Ramiro Núñez prefiere otra medida. «El que hace música se tiene que dedicar a hacer música y punto, sin pensar ni en las consecuencias, ni si va a tener éxito, ni si no va a tener éxito».

No significa que resulte sencillo ignorar lo que ocurre alrededor. Publicar una canción es exponerse, y él lo sabe. Habrá quien la valore y quien no; comentarios que gusten y otros que duelan. Hace falta, dice, cierta terquedad para continuar. Porque quien se coloca delante de un micrófono para defender algo propio también acepta «exponerse al tomatazo».

Después de hablar de éxito, redes, reproducciones y de esa necesidad constante de hacerse visible, Sr. Jingles termina llegando a una conclusión mucho más sencilla: «Lo importante es ser feliz haciendo lo que haces».

Y entonces Ramiro Núñez hace exactamente eso. Coge la guitarra. Empieza a tocar. Y la contundencia con la que unos minutos antes hablaba de la industria, las críticas o los egos dejan paso a una canción propia que dice que alguien puede ser querido «hasta que se acabe el mundo».

A veces no hace falta explicar mucho más.

Puedes escuchar aquí la entrevista completa:

Sr. Jingles prepara nuevas canciones mientras su música viaja con «Dopamina Zero»