Solo fueron 40 y, por unas horas, tuvieron uno de esos privilegios difíciles de repetir. El eclipse total de Sol encontró este miércoles 12 de agoto, en Vilanova, en O Barco, un escenario a su altura: el mirador de Bodegas Blare, abierto sobre el paisaje de Valdeorras, desde el que la Ruta do Viño diseñó una experiencia en la que el vino, la gastronomía y la música acompañaron a un fenómeno que tardará décadas en volver a contemplarse desde estas latitudes.

La elección del primer vino parecía casi una declaración de intenciones. A las 19.30 horas, mientras los participantes iban llegando a la bodega, una copa de Luz, el godello de Bodegas Blare, daba la bienvenida a una noche en la que precisamente la luz iba a convertirse poco después en protagonista por su ausencia. Lo acompañaban uvas, aceite, miel de O Marquesado y los quesos curado y semicurado de Terras de Trevinca, un aperitivo con producto de proximidad antes de ocupar los asientos dispuestos frente al paisaje.

Con las gafas preparadas y las miradas dirigidas al cielo comenzó la parte irrepetible de la experiencia.

El Sol fue desapareciendo poco a poco tras la Luna hasta alcanzar la totalidad y el mirador de Bodegas Blare quedó sumido durante unos instantes en esa oscuridad insólita que este miércoles sorprendió a toda Valdeorras.

Pero «Vinos que eclipsan» no terminaba cuando el Sol volvía a aparecer. Una vez concluida la observación, Jorge Mazaira, director técnico de la Denominación de Origen Valdeorras, tomó el relevo para conducir la cata de otros seis vinos, explicando las características de cada elaboración y mostrando, copa a copa, diferentes maneras de interpretar el territorio.

A Luz, que había abierto la velada, se sumaron así los seis vinos seleccionados para la cata: Bibar, de la cooperativa de O Barco; 200 Cestos, de A Coroa; O Luar do Sil Sobre Lías; Revival, de Godeval; A Villeira, de Virgen del Galir; y Outarelo Garnacha, de Bodegas Blare. En total, siete referencias de Valdeorras a lo largo de una experiencia en la que el vino tuvo casi tanto protagonismo como el cielo.

La cata avanzó acompañada por el maridaje preparado por Casa Pepa, que comenzó con una tosta de lomo, puré de manzana y queso de Arzúa; continuó con un brioche de carrilleras, crema de patata y cebolla crispy y una brocheta de solomillo de cerdo con alcachofas glaseadas; y terminó con una tartaleta de crema pastelera y frutos rojos.


Y todavía quedaba cielo por mirar. Ya de noche y con el eclipse convertido en recuerdo, la música clásica tomó el mirador.

Un pequeño grupo de cuerda, con el violín entre sus instrumentos, interpretó conocidas piezas mientras los asistentes cambiaban el Sol por las estrellas y buscaban en el cielo las Perseidas.

La última sorpresa volvió a tener sabor a Valdeorras: un flash elaborado con garnacha tintorera, servido congelado en una pequeña bolsa, que refrescó el final de la velada y se convirtió en uno de los detalles más celebrados.

Entre esas 40 personas hubo vecinos de Valdeorras y visitantes llegados de fuera de la comarca, además de algunos rostros conocidos, como el actor y presentador de la TVG Christian Escuredo.

La Ruta do Viño había planteado «Vinos que eclipsan» alrededor de un acontecimiento excepcional. El eclipse puso la fecha y el cielo hizo el resto, pero la noche acabó siendo también un escaparate de Valdeorras: siete vinos, producto de proximidad, gastronomía, música y un paisaje desde el que durante unas horas costaba decidir si merecía más la pena mirar hacia arriba o alrededor.
