Habrá un momento este miércoles en el que quienes contemplen el eclipse desde Valdeorras podrán quitarse las gafas y mirar directamente al cielo. Será muy breve y tiene una condición que no admite aproximaciones: la Luna debe cubrir completamente, al 100 %, el disco solar.
Hasta entonces, las gafas deben permanecer puestas. Y tendrán que volver a colocarse antes de que reaparezca el primer punto brillante del Sol.
Oftalmoloxía del Hospital Público de Valdeorras ha lanzado una serie de recomendaciones ante un fenómeno que en la comarca presenta una particularidad importante: aquí el eclipse alcanzará la totalidad y, durante esos instantes, será posible observar directamente la corona solar.
La oftalmóloga Carlota Pazó Jaudenes advierte, sin embargo, de que mirar directamente al Sol fuera de ese breve intervalo, incluso durante muy poco tiempo, puede provocar lesiones graves y hasta irreversibles en la retina.
«Aínda que vexamos menos luz, a radiación solar segue chegando aos nosos ollos e pode producir dano na retina sen que a persoa note dor nese momento», explica.
Ni siquiera cuando esté cubierto al 99,9 %
La disminución de la luminosidad durante el eclipse puede generar una falsa sensación de seguridad. Que apenas quede Sol a la vista no significa que sea seguro mirarlo sin protección.
La recomendación de Oftalmoloxía es tajante: las gafas no deben retirarse hasta tener la certeza absoluta de que ha comenzado la totalidad. Incluso con una ocultación del 99,9 %, la mínima porción de fotosfera solar que permanece visible mantiene intensidad suficiente para provocar una lesión en la retina.
Durante la totalidad completa sí pueden retirarse momentáneamente para contemplar la corona solar. Antes de que termine, deben colocarse otra vez, sin esperar a que el Sol vuelva a resultar molesto a la vista.
En aquellos lugares desde los que el eclipse sea parcial, las gafas deben mantenerse puestas durante todo el fenómeno.
Un daño que no tiene por qué doler
Uno de los principales riesgos de observar directamente el Sol es la denominada retinopatía solar, que afecta especialmente a la mácula, la zona central de la retina responsable de la visión de mayor precisión.
Puede provocar visión borrosa, una mancha oscura o un punto ciego en el centro del campo visual, deformación de las imágenes, dificultades para leer o reconocer caras y alteraciones en la percepción de los colores.
El problema añadido es que la lesión puede producirse sin dolor y los síntomas no siempre aparecen inmediatamente. Pueden manifestarse en las horas posteriores al eclipse y, en algunos casos, el daño puede ser permanente. No existe un tratamiento específico que permita recuperar completamente la visión perdida.
Si después de observar el fenómeno aparece alguno de estos síntomas, la recomendación es solicitar una valoración oftalmológica.
Gafas homologadas y nada de soluciones caseras
Para mirar directamente al Sol solo deben utilizarse gafas específicas para observación solar que cumplan la norma internacional ISO 12312-2.
No sirven las gafas de sol convencionales, independientemente de su calidad o grado de oscuridad. Tampoco radiografías, cristales ahumados, negativos fotográficos, CD ni otros materiales improvisados.
Antes de utilizarlas conviene además revisar las gafas y desecharlas si presentan arañazos, perforaciones, roturas o cualquier deterioro del filtro.
La utilización de cámaras fotográficas, teléfonos móviles, prismáticos o telescopios exige también precauciones específicas. Nunca se debe mirar al Sol a través de prismáticos o telescopios utilizando únicamente las gafas del eclipse. Estos dispositivos deben disponer de filtros solares adecuados colocados en la parte frontal de la óptica.
Con los niños no basta con ponerles las gafas
Oftalmoloxía pide especial atención a la población infantil. Los niños pueden no ser plenamente conscientes del riesgo y necesitan la supervisión permanente de un adulto. «É moi importante que as gafas cubran ben os ollos e que o neno non poida mirar ao Sol por riba, por debaixo ou polos laterais», explica Pazó.
El adulto debe comprobar previamente que las gafas están bien colocadas y ajustadas y vigilar que permanezcan así durante todo el tiempo necesario.
La supervisión cobra todavía más importancia durante la totalidad: será el adulto quien deba asegurarse de que realmente ha comenzado antes de permitir retirar las gafas y, sobre todo, de que vuelvan a estar colocadas antes de que reaparezca el Sol.
Porque este miércoles, en Valdeorras, la diferencia entre poder mirar el eclipse directamente y exponerse a una lesión ocular no la marcará que quede «muy poco» Sol visible. La marcará ese último 0,1 %.




