Valdeorras ya está en vendimia. Este jueves, 13 de agosto, comenzaron a cortarse los primeros racimos de una campaña que quedará escrita en la historia de la Denominación de Origen: nunca antes la recolección había arrancado tan pronto.
Y, por tercer año consecutivo, uno de los primeros escenarios estuvo en los viñedos de Adega Valdesil, en Portela de Córgomo, Vilamartín de Valdeorras. Allí, entre cepas y con las tijeras trabajando desde primera hora, Radio Valdeorras-Onda Cero habló con Raúl Prada en una jornada que para la bodega tenía además un significado especial: las primeras uvas recogidas fueron seleccionadas para recuperar uno de los vinos más singulares y laboriosos de la tradición valdeorresa, el tostado.
«Hoy inauguramos la vendimia 2026 en una de nuestras parcelas históricas, As Chas Vieja», explicaba Prada, que reconoce una evidencia que comienza a modificar el calendario de la viticultura de la comarca: «El ciclo vegetativo cada vez está siendo un poquito más corto».
No es una percepción aislada. El Consello Regulador confirma que la vendimia de 2026 es la más temprana de la que se tiene constancia en Valdeorras. El pasado año comenzó el 21 de agosto; esta vez lo hace ocho días antes.
Junto a Valdesil, también Bodega Rafael Palacios comenzó este jueves los trabajos en sus viñedos de Godello situados en A Rúa. Durante los próximos días se irán sumando progresivamente nuevas parcelas y bodegas a medida que las diferentes variedades alcancen sus parámetros óptimos de maduración.
Racimo a racimo para recuperar el tostado
Pero en Valdesil la vendimia no comenzó pensando en un vino cualquiera. Los primeros racimos fueron escogidos uno a uno para elaborar vino tostado, una tradición con una larga historia en Valdeorras que, recuerda Prada, estuvo muy arraigada en lugares como Seadur y en las antiguas casas de la comarca, pero que fue desapareciendo con el paso del tiempo.
«Es una tradición muy arraigada en nuestro valle de Valdeorras, pero una tradición que se ha ido poco a poco perdiendo y que nosotros estamos empeñados en recuperar», señalaba.
Y el trabajo que comienza ahora no terminará precisamente en unos días. Los mejores racimos de la parcela se trasladan a la bodega para ser colgados individualmente en una sala específica, bien ventilada y con unas determinadas condiciones de humedad. Allí comienza una lenta pasificación. La uva irá perdiendo agua y concentrando sus azúcares hasta aproximadamente Navidad.
Después habrá que descolgar nuevamente los racimos, uno a uno, y realizar un prensado extremadamente pausado, «gota a gota». Le seguirá una fermentación también muy lenta y, finalmente, la crianza.
«Estamos ante uno de los procesos más largos, más complejos, más minuciosos y más artesanales de elaboración de vino en nuestra bodega», resume Prada, convencido de que el resultado merece todo ese trabajo. Para conseguirlo hacen falta dos ingredientes que no se encuentran en ninguna fórmula: tiempo y paciencia. Paciencia y mimo.
Una uva «con un equilibrio perfecto»
La precocidad de la campaña no parece haber llegado a costa de la calidad. Todo lo contrario. Raúl Prada habla de una uva «con un carácter excepcional» y «un equilibrio perfecto», después de un ciclo en el que, asegura, el viñedo fue encontrando prácticamente lo que necesitaba en cada momento.
El invierno y buena parte de la primavera dejaron abundantes precipitaciones, generando unas reservas de agua que permitieron a las cepas afrontar después semanas mucho más secas y calurosas.
«Este año, desde finales de mayo y especialmente durante junio, hemos tenido un calor más progresivo. Muchos días con temperaturas altas, pero no tan extremas, y eso ha hecho que la planta siguiera trabajando y transformando ese azúcar, dando lugar a una uva muy equilibrada», explicaba.
Las tormentas puntuales también ayudaron a mantener cierta humedad en los viñedos y permitieron que la maduración continuase de manera progresiva.
El director técnico de la D.O. Valdeorras, Jorge Mazaira, coincide en el excelente estado sanitario de la cosecha y resume el motivo por el que las tijeras han salido antes este año: «La que manda es la planta».
De hecho, Mazaira considera que el sector tendrá que acostumbrarse a calendarios diferentes. El adelanto de las vendimias es cada vez más habitual y, a su juicio, llegará un momento en el que «lo inusual va a ser iniciar la vendimia en septiembre».
El calor obliga a pensar también en otra forma de vendimiar
La contrapartida está en las elevadas temperaturas que soporta estos días Valdeorras. Trabajar en el viñedo durante las horas centrales resulta especialmente duro y, si el calor continúa aumentando, habrá que buscar alternativas. Incluso vendimiar de noche.
Prada no descarta que pueda convertirse en una opción ante episodios extremos. «Si las temperaturas siguen subiendo, impedirá el trabajo en el campo, que ya de por sí es duro. Con ese calor extremo habría que pensar en alguna alternativa y la noche precisamente puede ser una opción».
El responsable de Valdesil diferencia, no obstante, lo ocurrido este año de los golpes de calor muy intensos y concentrados de otras campañas. Las temperaturas altas han llegado de manera más progresiva, permitiendo a la planta continuar trabajando durante la maduración.
Valdesil espera alcanzar los 300.000 kilos
Las perspectivas no son buenas únicamente en calidad. También se espera una recuperación de la producción.El Consello Regulador estima inicialmente que el conjunto de la D.O. podría situarse en torno a los 8,5 millones de kilos de uva, aunque la cifra definitiva dependerá de la evolución de las próximas semanas y de cómo avance la recolección.
En el caso concreto de Valdesil, las previsiones apuntan a unos 300.000 kilos, una cantidad superior a la del pasado año, cuando los incendios afectaron a una parte importante de su cosecha.
«Sería una producción un poquito mayor que otros años, pero siempre dentro de la máxima calidad que nosotros perseguimos con nuestro trabajo día a día», señala Prada.
La campaña se prolongará aproximadamente durante mes y medio, aunque la entrada de uva en las bodegas será escalonada. La prioridad será seguir la evolución sanitaria y la maduración para que cada parcela sea recogida en su momento óptimo.
Estados Unidos, un mercado fundamental para Valdesil
La conversación entre las viñas permitió también mirar más allá de la cosecha y detenerse en uno de los mercados históricamente importantes para Valdesil: Estados Unidos.
Aproximadamente el 30 % de la producción de la bodega se destina a la exportación y, de ese porcentaje, alrededor de una tercera parte tiene como destino el mercado estadounidense.
La relación viene de lejos. Valdesil fue pionera en llevar sus vinos hasta Estados Unidos y Prada reconoce la importancia que continúa teniendo este país para la bodega.
Las incertidumbres derivadas de los aranceles preocupan, aunque asegura que la experiencia acumulada y el trabajo conjunto con sus importadores les permiten afrontar estas situaciones.
«Estamos acostumbrados a lidiar con un montón de circunstancias que muchas veces son imposibles de cambiar, como son las meteorológicas. Eso nos da cierto bagaje para enfrentar cualquier tipo de situación, siempre con optimismo, pero con trabajo».
Una vendimia para continuar un legado
Pero detrás de cifras, kilos, mercados y análisis de maduración, la vendimia sigue teniendo mucho de emoción, memoria y transmisión entre generaciones.
En Valdesil son ya cuatro las generaciones dedicadas a la viticultura en Valdeorras. Y la de 2026 será una vendimia diferente para Raúl Prada.
Su padre falleció el pasado mes de enero y su ausencia está inevitablemente presente en estos primeros días entre las viñas. «Mi padre falleció en el mes de enero y, en ese sentido, sí que es una vendimia muy atípica porque con él terminó una generación y yo continúo ese legado», reconocía al finalizar la entrevista.
Una frase que habla de la familia Prada, pero que sirve también para recordar a toda una generación de bodegueros y viticultores que ayudaron a construir el Valdeorras vitivinícola actual y cuyos hijos recogen ahora el testigo.
Por eso esta primera vendimia sin su padre tiene para Raúl Prada un componente inevitable de tristeza y homenaje. «Estos días sí que lo echo mucho de menos, pero lo tengo muy presente», confesaba.
Y presente está también aquello que aprendió de él. Porque continuar una bodega familiar significa recibir viñedos, conocimientos y experiencia, pero también una determinada manera de entender el trabajo y la relación con la tierra. «Tratando de hacer las cosas como él siempre nos enseñó», concluía Prada.
Quizá pocas frases expliquen mejor lo que significa una vendimia en una comarca vitivinícola como Valdeorras. Cada nueva cosecha mira hacia adelante, pero lleva consigo todo lo aprendido de quienes vendimiaron antes.
Este jueves las tijeras volvieron a cortar los primeros racimos. Lo hicieron antes que nunca, un 13 de agosto que ya forma parte de la historia de la D.O. Valdeorras. Una vendimia que nace con una uva sana, buenas previsiones de producción y grandes expectativas de calidad, pero que en Valdesil tendrá también algo de homenaje: el de una generación que se marcha y otra que continúa caminando entre las mismas cepas.

