La sátira y la quema del Meco ponen fin al carnaval de O Barco
El entierro de la sardina arrancó antes de lo previsto por la amenaza de lluvia y recorrió el casco viejo en forma de procesión, con críticas a la actualidad local e internacional antes de la quema del Meco en la plaza Mayor
La sátira y la quema del Meco ponen fin al carnaval de O Barco
La lluvia apretó durante la tarde, pero no logró aguar uno de los actos más simbólicos del carnaval. El entierro de la sardina en O Barco de Valdeorras, previsto para las 20.30 horas en la plaza Mayor, comenzó unos minutos antes ante la amenaza de que el cielo volviese a descargar. Había llovido con intensidad poco antes y por eso decidieron adelantar ligeramente el inicio para evitar sobresaltos.
Decenas de personas se congregaron en la Plaza Mayor, situada en pleno casco viejo, para acompañar la tradicional despedida del carnaval.
Las viudas, vestidas de riguroso luto y entregadas al dramatismo festivo propio de la jornada, marcaron el tono de la comitiva. Entre ellas pudo verse a la concejala de Cultura, Margarida Piccueta, junto a otras mujeres que participaron en la representación.
El acto adoptó forma de procesión, con una estética que evocaba a la Semana Santa. El obispo y sus ayudantes abrían paso, mientras el meco —el muñeco que simboliza el final de las fiestas— era portado en hombros y las viudas lloraban detrás. La comitiva recorrió la Plaza Mayor y la calle Oscura, avanzando por el casco histórico en un itinerario circular que culminó de nuevo en el punto de partida.
En cada parada, el obispo y su séquito recitaban versos satíricos cargados de actualidad. Los primeros estuvieron dedicados a Rosa, del bar O Buraco, homenajeada este año en la Festa do Botelo. Después llegaron las referencias internacionales, con alusiones a Donald Trump y su papel forma de gobernar.
La crítica regresó pronto al ámbito local: O Salgueiral y las ideas para su transformación, la falta de iluminación en la pasarela de Viloira o la llegada a la alcaldía de Aurentino Alonso– presente en el acto– fueron objetivo de los dardos de la comitiva, así como el sistema de venta de entradas del botelo.
Tampoco faltaron menciones a Asilival y su reivindicación de un neumólogo, denunciando la escasa atención que, según expresaron, están recibiendo.
Cada intervención concluía con el cántico tradicional del entierro de la sardina, coreado entre risas y aplausos por el público. La representación, que se prolongó algo menos de media hora, corrió a cargo del grupo local Gargallada Teatro.
De regreso a la plaza, el Meco fue colocado en el centro. Se le roció con gasolina, se prendió la mecha y una explosión anunció el desenlace. El muñeco ardió ante la mirada de los asistentes, dando así por cerrado el carnaval.
Con el fuego aún consumiéndose, llegó el momento más esperado: el reparto de pan con chorizo preparado para la ocasión. Así, entre humo, sátira y bocadillos, O Barco despidió el carnaval hasta el próximo año.