«Furraca» es un término que no figura en el diccionario de la Real Academia Galega. No es una palabra reconocida oficialmente y su uso es popular, local. Y ahí reside buena parte de su valor.

En Éntoma «Furraca» tiene un significado muy concreto, sobre todo estos días de Entroidio. Designa a las mujeres que se disfrazaban con lo que encontraban por casa y recorrían las viviendas del pueblo entrando sin anunciarse. Esta costumbre se perdió con el tiempo y ahora los vecinos quieren recuperar con el apoyo del proyecto «Fiando a Memoria», esta tradición que, aseguran, «viene de muy atrás».

Una de las vecinas que tomó parte en la jornada explicaba que la costumbre existía desde antiguo y que llegó a estar prohibida durante la dictadura franquista. «Salían solo por la noche, iban de casa en casa, cuando todas las puertas estaban abiertas. Entrabas en todas las casas, nadie sabía quién eras, nadie decía qué vienes a hacer aquí», relataba. Aquella dinámica formaba parte de una forma de convivencia distinta, basada en la confianza. «Había otra armonía que no hay ahora», añadía.

El disfraz nunca fue sofisticado. «Consiste en vestirte con lo que tú encuentras por casa. Igual da una alfombra en la cabeza, como un camisón de la abuela, lo que sea» lo importante es que no se te vea la cara para que no te reconozcan. Antiguamente, las máscaras se elaboraban con cajas de zapatos de cartón. La improvisación era la norma y el anonimato, parte del juego.

La tradición distinguía entre las furracas —las mujeres— y los zamarreiros —los hombres—. Este año, sin embargo, no hubo representación masculina. Tampoco había muchos espectadores a lo largo del recorrido. La lluvia restó presencia en las calles, aunque no deslució el ánimo del grupo, entre quienes se encontraba la concelleira de Parques y Jardines de O Barco Diana Urdangaray.

Tras el recorrido llegó la farinada, que hizo las delicias de los más pequeños y, posteriormente, una merienda en las antiguas escuelas abierta a todo el pueblo. «Tenemos ahí una merenda espectacular para todos», comentaba una de las participantes antes de concluir el trayecto.

Si algo destacó en la jornada fue la alta participación infantil. El viernes ya habían salido únicamente los niños en comparsa, alrededor de una veintena, en una imagen que muchos describieron como especialmente significativa. La implicación de los más pequeños refuerza el objetivo de la iniciativa: que la tradición no se pierda y continúe transmitiéndose «de boca en boca».

Personas mayores del núcleo siguen acercándose para compartir recuerdos de cuando ellos mismos salían disfrazados por la noche. «Son historias muy bonitas», señalaba la vecina, consciente de que cada testimonio aporta contexto a una celebración que no figura en los diccionarios, pero sí en la memoria de los vecinos de Éntoma.

Éntoma se consolida así como uno de los núcleos donde «Fiando a Memoria» encuentra mayor arraigo. Puede que «furraca» no esté reconocida por la academia, pero en este rincón de O Barco sigue teniendo significado. Y mientras haya niños dispuestos a vestirse con lo primero que encuentren en casa para recorrer las calles del pueblo, seguirá siendo una palabra viva.

