Cada 21 de marzo se celebra el Día Internacional de los Bosques, una oportunidad para recordar la importancia de los ecosistemas forestales en nuestra vida. En la comarca de Valdeorras y en el corazón del Macizo Central, los bosques se alzan como guardianes del patrimonio natural, cultural y económico de Galicia.
En este contexto, el concello de Larouco ha puesto en marcha una iniciativa de recuperación forestal en una zona afectada por los incendios del pasado verano. Una acción que no solo busca restaurar el entorno, sino también concienciar sobre la importancia de cuidar y regenerar el monte.
Tal y como explicó la alcaldesa, Patricia Lamela, la actuación se está desarrollando en un monte comunal en el camino hacia A Enciñeira, en el límite con el municipio lucense de Quiroga-Ribas de Sil. «Plantáronse unhas 700 árbores de diferentes especies, todas autóctonas galegas e todas silvestres», señaló.
Entre las especies elegidas destacan perales de madera —«non son árbores de froita, senón de madeira, para que prendan mellor nunha terra bastante árida»—, así como encinas, madroños, castaños o cerezos silvestres. El objetivo es favorecer la adaptación al terreno y aumentar las posibilidades de supervivencia de la plantación.
La jornada contó además con la participación de alrededor de 30 voluntarios y se desarrolló en condiciones meteorológicas favorables. «O día acompañou, foi estupendo», destacó Lamela, quien también quiso agradecer la colaboración de Abanca por su implicación en este tipo de iniciativas tras los incendios.
En el corazón del Macizo de Pena Trevinca, a más de 1.300 m de altitud, se esconde uno de los bosques más singulares de España: el Teixadal de Casaio. Este enclave, situado en el término municipal de Carballeda de Valdeorras, no es un simple monte; es un relicto forestal único en Europa con más de 400 tejos (Taxus baccata), muchos de ellos de más de 400 años de edad.
Con un origen casi ancestral, se formó de manera espontánea hace más de 400 000 años, en el Terciario, lo que lo convierte en uno de los pocos bosques naturales de tejos europeos con esa antigüedad. A esto se suma su cualidad de bosque refugio. La inaccesibilidad del valle de Casaio —entre cumbres de más de 2 000 m como Peña Trevinca— ha preservado esta joya botánica frente a talas y perturbaciones humanas. La magia que envuelve este lugar tan especialidad hunde sus raíces en la biodiversidad y que además de los tejos, el bosque acoge acebos, fresnos, serbales y robles, creando un microecosistema de gran riqueza.
Este bosque no solo es un símbolo botánico sino también un testigo viviente de la historia natural —y casi perdida— de Galicia. Su frondosa sombra y sus troncos centenarios cuentan historias de climáticas pasadas y transformaciones ecológicas profundas, algo que lo convierte en protagonista ideal para el Día de los Bosques. Además la historia se da cita en él, ya que ha sido escenario del paso romano pero también hogar de los últimos guerrilleros.
Souto de Rozabales (Manzaneda) – Castaños milenarios del Macizo Central
El oriente ourensano se caracteriza por ser un pulmón de la naturaleza. Viajando al Macizo Central Orensano, en la parroquia de San Martiño de Arriba (Manzaneda), emerge otro bosque emblemático, el Souto de Rozabales, declarado Monumento Natural desde el año 2000.
Este castañar —denominado “soto” por su origen agrosilvopastoral— es un ejemplo perfecto de cómo la gestión tradicional del monte puede convivir con valores ecológicos excepcionales. De una parte castaños centenarios ya que entre sus filas destaca el Castiñeiro de Pumbariños, cuyo perímetro supera los 12 m, uno de los ejemplares más impresionantes de Galicia.
Pero también guarda historia y paisaje puesto que los castaños fueron plantados por campesinos hace siglos para alimento y madera, estos castaños conforman un bosque que combina valor cultural y ecológico. Aunque su origen tiene huella humana, ha evolucionado hasta formar un ecosistema equilibrado donde coexisten especies vegetales y fauna propia de montaña media.
El Souto de Rozabales es un claro ejemplo de que no todos los bosques son “salvajes”: muchos han sido moldeados por la mano del hombre y, aun así, se han convertido en espacios naturales de alto valor ecológico y patrimonial.
Ambos espacios —el Teixadal de Casaio y el Souto de Rozabales— representan dos caras del bosque en Galicia. Uno prístino y milenario, otro culta y trabajado por generaciones. Los dos ofrecen historias, paisajes y biodiversidad que merecen no solo ser visitados, sino también protegidos, estudiados y valorados por la sociedad.



