lunes. 27.05.2024
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Aurora boreal desde el mirado de Valdín, A Veiga. Foto cedida

En la madrugada del 11 al 12 de mayo, aquellas personas con suerte, han podido observar un fenómeno que es «poco frecuente, por no decir que tenemos pocas oportunidades en la vida de verlo en estas latitudes», asegura Óscar Blanco, astrónomo. De hecho, «no lo esperábamos tan intenso». 

Normalmente, las auroras boreales se ven en países más al norte, «pero en este caso no hizo falta». En esta ocasión, había cierta previsión de que esto pudiera ocurrir, aunque «quizás no tan optimista o que se iba a ver desde tan al sur de Europa», explica. 

Este fenómeno se genera por las «inyecciones de masa coronal. Son, para hacernos entender, como si el sol estornudara de vez en cuando y enviara mayor cantidad o una densidad mayor de partículas cargadas que llegan a la Tierra», aclara Blanco. A lo que añade: «No viajan a la velocidad de la luz, lo hacen mucho más despacio y pueden tardar un día o día y medio en llegar». 

En muchas ocasiones estas partículas no llegan a nuestro planeta, ya que «tiene un escudo que es el campo magnético». Lo que provoca esta protección es que desvía la mayor parte de las partículas que llegan del sol y solo interaccionan con la zona más cercana a los polos. 

Cuando tiene mucha intensidad, «como es este caso, cede un poco y entonces se producen las auroras en latitudes más al sur, es el motivo por el cual se pudieron ver», añade el astrónomo.  

Algo a destacar es que no estaban «justo en la vertical, es decir, no las teníamos encima. Se encontraban más al norte de nuestra posición, a una altura de a partir de 100 kilómetros y de ahí hasta unos 400 kilómetros sobre la Tierra», asegura. Los que sí las tenían casi encima «de la cabeza era un poco más al norte, en las islas británicas e, incluso, en el norte de Francia, Alemania o Países Bajos». 

Los meses de las auroras 

Se suele decir que para ver auroras debemos irnos a Noruega, Suecia o Finlandia. «Allí hay unos meses buenos para verlas, porque toda la noche tiene oscuridad». Pero, por ejemplo, en países como Escandinavia o Islandia, durante el mes de mayo, «no hay noche. Nos acercamos al solsticio de verano y el sol no llega a bajar demasiado por el horizonte. Se les llama noches blancas», explica Óscar Blanco. Por lo tanto, al no haber oscuridad, no se puede ver bien este fenómeno. 

Por esta razón, «se suele decir que los meses buenos son a finales de invierno. Si vas en verano, aunque estés en Islandia y tengas una aurora potente, no la vas a ver porque es todo el rato de día. Lo que pasa es que en este mes, en la península ibérica, no ocurre esto», asegura. 

Esto no significa que durante el resto del año no existan auroras, «sino que esa es la circunstancia, que sea de día o de noche, es lo que al final va a provocar que se vean o no», añade el astrónomo. Por lo tanto, «no hay que pensar que hay un mes mejor». 

A pesar de la novedad, «esto ha ocurrido otras veces. No es frecuente, pero a lo mejor ocurrió hace 20, 30 o 40 años. Sabemos de alguna, incluso en los años 30. No se ha hablado de ella porque no había tantas redes sociales». 

Las tormentas solares 

Como comenta Óscar Blanco, este fenómeno se da por las partículas que vienen cargadas desde el sol. «Estamos hablando de electricidad, entonces, cualquier sobre carga en un instrumento que sea electrónico, puede verse alterado», explica.

En esta ocasión, «parece ser que no ha habido grandes problemas en este aspecto, pero se espera que alguna vez ocurra una tormenta todavía más potente y pudiese dar problemas». Si esto ocurre, pasaríamos «un poco a décadas atrás y nos damos cuenta de que el mundo analógico también existió antes». 

«Tenemos pocas oportunidades en la vida para ver un fenómeno como este en estas latitudes»