A Veiga se llenó de sonido, color y fiesta con el desfile de este martes de Entroido. Desde primera hora, los bombos y las aixadas comenzaron a resonar por las calles, marcando el pulso de una celebración que cada año gana más adeptos.
Cada folión avanzó con su personaje más representativo al frente, abriendo paso entre el público. Máscaras de madera, chocallos y figuras tradicionales volvieron a convertirse en protagonistas de una jornada donde la identidad y el orgullo por las raíces se hicieron visibles en cada rincón del municipio.
Abriendo la comitiva, el Folión de Valdín marcó el ritmo con su inconfundible sonido, acompañado en esta ocasión por la ‘muerte’ y el ‘toro’ llegados desde Porto de Sanabria (Zamora).
Tras los primeros compases irrumpió la comparsa de circo, con juegos de malabares que arrancaron las primeras ovaciones. Le siguió la carroza de abejas de la Residencia de Mayores de A Veiga, ejemplo de implicación intergeneracional, la comparsa del juego del parchís, llena de colorido y la carroza de la Asociación de Mulleres de A Veiga, que este año apostó por una carroza temática de leñadoras.
El folión de Candrexa, el Bosque Encantado —ocupado por los más pequeños—, los Teletubbies, el Folión de Fornelos-Filloás, la comparsa de “Locos pero felices” o el Folión de Penouta e Ramilo mantuvieron el ritmo festivo. Desde Xinzo de Limia llegó además una vistosa carroza andaluza, con flores, música y estética del sur, que puso el acento más flamenco a la tarde. Un grupo de 17 amigos, que trabajó durante tres meses en la elaboración "Da más trabajo del que parece", reconocían.
Cerró el desfile el Folión de A Veiga, que arrancó un aplauso unánime del público, poniendo el broche a un recorrido que partió de la rotonda, para culminar en O Toural.
El alma del folión: sonido, esfuerzo y sentimiento
Si hay una figura imprescindible es la del encargado de portar la máscara principal del Folión de A Veiga. José Miguel, portador del "Boi", lleva cuatro años asumiendo el peso —literal— de una pieza de madera adornada con grandes chocallos. “La función es abrir camino, apartar a la gente… incordiar, básicamente, pero a lo bruto”, explicaba con humor.
En el Folión de Penouta-Ramilo, formado en 2009 por la unión de ambas aldeas, el sentimiento traspasa fronteras. Integrantes llegados desde Bilbao no fallan a la cita. “Hay que vivirlo para saber lo que se siente”, señalaba Alba y su amiga, Alba también, de Éntoma. Aunque durante el año en Penouta apenas residan una decena de personas, el día grande pueden reunirse hasta 70 tocando el bombo o la aixada.
El grupo mantiene el “toque” de Froxais, un pueblo cercano con poca población, contribuyendo así a preservar un sonido que forma parte de la memoria.
700 personas y una fiesta que crece
El alcalde de A Veiga, Juan Anta, destacó la buena climatología y la creciente participación: cerca de 700 personas se reunieron para disfrutar de la jornada. “Cada vez hay más carrozas, más comparsas y más foliones”, subrayó, poniendo en valor la implicación vecinal y la presencia de miembros de la corporación municipal también disfrazados.
El programa incluyó además una chocolatada con churros en la plaza y un sorteo de regalos para fomentar la asistencia. La celebración continuó en el pabellón municipal con la tradicional Festa da Soá, a la que acudieron también Rosendo Fernández, presidente del Inorde, y el alcalde de San Xoán de Río, José Miguel Pérez, acompañando al regidor veigués.
