En el albergue de peregrinos de A Rúa cae la tarde. Las mochilas descansan apoyadas en la pared, las botas se secan tras la jornada y el murmullo de la cena da paso a algo más íntimo: las historias.
Caminantes de Madrid, Italia y Alemania coinciden en el albergue del Camiño de Inverno, una ruta tranquila que propicia encuentros inesperados alrededor de una misma mesa.
Aquí, en una de las paradas clave del Camiño de Inverno, el camino se detiene… pero solo un poco. Lo suficiente para compartir vivencias entre desconocidos que, en apenas unos días, empiezan a reconocerse.
Lola y Luis, hospitaleros llegados desde Barcelona, observan la escena con la complicidad de quien conoce bien este mundo. «Te enamoras del camino y de Galicia», resume ella. Llevan caminando desde 1999 y, desde 2005, también acogiendo peregrinos. Saben leer en sus caras el cansancio, pero también lo que cada uno busca.
Y en este camino, casi todos coinciden.
Elegir la soledad
Johanna, de Hamburgo (Alemania), lo tiene claro. «Es un camino poco frecuentado, más tranquilo que otros. Permite vivirlo de una manera diferente», explica. «Quería hacer un camino más solitario… y también conocer más Galicia». Para ella, caminar sola no es una excepción, sino una forma de libertad: «Decidir cada día qué quiero hacer, cuándo parar, cuándo comer… no necesitas más que tus pies».
A su lado, Silvia y Luis, llegan desde Madrid, añade otra capa a esa elección. Ellos hicieron el Camino Francés y querían hacer otro más solitario y por eso han elegido el que desde Ponferrada les lleva a Santiago pasandpo por Valdeorras.
Desde Italia, el grupo formado por Vittorio (Montebelluna, Treviso), Giovanni, Reanto y Claudio (Soligo), Maurizio y Giuseppe (Sabaudia, Roma) comparten esa misma filosofía. Ya han recorrido el Camino Primitivo y el del Norte, siempre juntos, y ahora han elegido esta variante por una razón muy concreta: «Nos gustan los lugares más salvajes, más solitarios».
No buscan aislamiento, sino equilibrio. «Encontrar a otras personas, hablar un poco… pero no demasiada gente», explican.
Naturaleza, cultura y calma
El Camiño de Inverno ofrece algo que otros itinerarios han ido perdiendo con los años: espacio. Aquí, el paisaje no compite con el ruido. Las Médulas, el río Sil, las viñas de Valdeorras… cada tramo se convierte en una experiencia más sensorial que turística. «La naturaleza cerca del río es muy linda», comentan, señalando uno de los momentos más especiales del recorrido.
Incluso el paso por zonas afectadas por incendios no pasa desapercibido. «Sí se nota», reconocen, con una mezcla de sorpresa y respeto ante un territorio que muestra también sus cicatrices.
Pero el camino no solo habla de naturaleza. También de cultura. De casas de piedra y madera, de pizarra, de pueblos que cuentan historias sin necesidad de palabras. «Es cultura local, es importante», apuntan desde el grupo italiano, sorprendidos por una arquitectura que no conocían.
Más que kilómetros
En apenas tres o cuatro etapas, muchos ya han encontrado algo más que paisajes. Cuando se les pide definir la experiencia en una palabra, las respuestas coinciden sin necesidad de ponerse de acuerdo: «soledad», «serenidad», «tranquilidad». Conceptos que, lejos de sonar a vacío, aquí se llenan de significado.
Porque en este camino la soledad no pesa, acompaña. Y al final del día, en lugares como el albergue de A Rúa —convertido en apenas dos años en referencia para los peregrinos—, esa soledad se transforma en encuentro. En conversación compartida, en experiencias cruzadas, en una comunidad efímera que se forma y se disuelve con cada etapa.
Volver al origen del Camino
El Camiño de Inverno sigue creciendo, pero lo hace a su ritmo, sin perder la esencia que lo define. Quizá por eso atrae a quienes ya han hecho otros caminos y buscan algo distinto.
Algo más cercano a lo que debió de ser el Camino en sus orígenes. Menos gente. Más silencio. Más verdad. Y así, mientras la noche avanza en A Rúa y el descanso se impone, queda la sensación de que todos ellos —Lola y Luis, Johanna, Silvia, Vittorio, Giovanni, Claudio, Maurizio, Giuseppe— han encontrado algo parecido.
No solo un camino hacia Santiago, sino un camino hacia dentro.

