Un año después del fuego, Vilamartín sigue reparando sus heridas y reclama las promesas pendientes
Hace un año, Sherezade Núñez hablaba de los incendios de Vilamartín de Valdeorras como teniente de alcalde y apenas podía contener las lágrimas. Hoy lo hace ya como alcaldesa y con la sensación de que aquel fuego, en realidad, nunca terminó del todo. A las llamas les siguieron la erosión, los problemas con el abastecimiento de agua, las tormentas y las riadas. «Parece que fue ayer», reconoce al recordar unos días «muy traumáticos» para un municipio que todavía continúa reparando sus consecuencias.
El balance, sin embargo, deja también algo que Núñez considera fundamental: no hubo que lamentar daños personales. La alcaldesa recuerda especialmente aquella unión espontánea de voluntarios que surgió durante los incendios y que, asegura, «foi o que nos salvou a todos, tanto fisicamente como moralmente».
Después llegó un invierno especialmente complicado. Las captaciones de agua de alta montaña quedaron expuestas tras los incendios y la erosión llegó a comprometer el abastecimiento de agua potable de los núcleos de población. Se realizaron inversiones para garantizarlo, pero los problemas no acabaron ahí. Las sucesivas inclemencias meteorológicas y, especialmente, las tormentas de este verano terminaron, en palabras de Núñez, «de reventar o pouco que tiñamos en pé».
El puente sobre el Farelo, entre las actuaciones más urgentes
En ese escenario ha comenzado su etapa como alcaldesa, apenas mes y medio después de asumir el cargo. Y buena parte de sus primeros esfuerzos están dedicados, precisamente, a resolver las nuevas urgencias.
Una de las principales está en Arcos. El Concello ya trabaja en el puente sobre el río Farelo que conecta este núcleo, una actuación que Núñez califica como una de las más problemáticas y urgentes, incluso «de carácter vital». El Concello ha remitido ya a la Xunta las memorias económicas solicitadas para afrontar las intervenciones necesarias y la alcaldesa confía en que, antes de que llegue el invierno, estén prácticamente solucionados los problemas de mayor gravedad.
Pero hacerlo desde un municipio pequeño no resulta sencillo. Núñez habla de una administración con poco personal, escasos recursos y un presupuesto incapaz de responder por sí solo a acontecimientos que califica de «totalmente extraordinarios». A ello se suma una burocracia cuyos tiempos difícilmente encajan con las necesidades inmediatas de los vecinos.
«A urxencia a nivel administrativo non entende dos mesmos tempos que entende unha persoa, un veciño ou un concello», resume. Y reconoce que los pequeños municipios se sienten «moi abandonados» ante problemas que muchas veces escapan de sus competencias y de su capacidad económica.
«Lo que se prometió quedó básicamente en nada»
Más contundente se muestra al hablar de los compromisos adquiridos tras los incendios de agosto de 2025. Un año después, Núñez considera que buena parte de aquellas promesas siguen pendientes.
«Eso que se prometió quedó básicamente en nada», afirma. La alcaldesa asegura que el Concello continuará reclamando lo comprometido y que no piensa «dar tregua» hasta conseguir respuestas, especialmente para San Vicente de Leira. Recuerda que se aportaron fondos para garantizar que sus calles pudieran ser transitables, pero señala que quedó pendiente una segunda actuación para el desescombro a la que, sostiene, también se había comprometido la Xunta.
«Non queremos ser olvidados», insiste. Para Núñez, la recuperación no es únicamente material. El paso del tiempo y la lentitud de algunas soluciones están suponiendo también un desgaste físico y psicológico para una población que lleva un año encadenando emergencias.
Mientras tanto, la vida municipal continúa. Vilamartín recibirá una ayuda de la Diputación para avanzar en la elaboración de un nuevo rueiro, dentro de una actuación cuyo coste total ronda los 28.000 euros. El proyecto permitirá nombrar y numerar las calles y cruzar la información del padrón con las referencias catastrales, facilitando tanto la gestión administrativa como la identificación precisa de las viviendas.
Los proyectos tendrán que esperar un poco más
Sherezade Núñez llegó a la Alcaldía con proyectos propios, pero admite que todavía no ha podido centrarse en ellos. «Está sendo imposible», reconoce. Las urgencias han marcado estas primeras semanas y, asegura, tanto ella como su equipo entienden que ahora toca dedicar «o 100%» a las necesidades de los vecinos.
Hay, sin embargo, proyectos que ya miran al futuro más cercano. Entre ellos destaca el Plan de Actuación Integral Valdeorras (PAI), vinculado a los fondos europeos EDIL, planteado para los próximos cuatro años y con el que prevé una importante transformación urbanística del núcleo de Vilamartín. A más largo plazo, Núñez apunta también a la necesidad de impulsar suelo industrial para favorecer el crecimiento económico y demográfico.
Será la siguiente etapa. De momento, un año después de aquellos incendios, Vilamartín continúa ocupado en algo mucho más inmediato: reparar lo que el fuego comenzó y el agua terminó de romper.
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