
Cuando se habla de esfuerzo, superación y juventud, el nombre de Xiana Pungín resalta con fuerza propia. A sus 17 años, la atleta gallega acaba de proclamarse campeona de Europa júnior en los 100 metros lisos y bronce en salto de longitud, un logro que sorprende a cualquiera, salvo a ella misma. Para Xiana, competir y ganar es simplemente consecuencia de algo que hace con naturalidad: vivir el deporte con pasión.
El estudio de Radio Valdeorras acogió esta semana una conversación muy especial con la atleta barquense. Acompañada por su entrenador y presidente del ADAS CUPA Barco, Tinín González, repasamos su trayectoria, sus retos y el significado de competir al más alto nivel.
Una vida ligada al atletismo
Xiana comenzó en el deporte a los ocho años, después de pasar por la gimnasia rítmica. «No se me daba muy bien y probé con el atletismo. Me gustó y ya no lo dejé», recordó con una sonrisa franca. Desde entonces, su progresión ha sido constante, hasta llegar a lo más alto en la cita continental.
La atleta, que compite en la categoría T13 por discapacidad visual, restó importancia a las dificultades: «Yo no me comparo con el resto, no sé qué dificultad tengo, porque nací así y es lo normal para mí».

El valor de la integración
Su entrenador, Tinín González, destacó la naturalidad con la que el grupo la ha integrado desde el primer momento: «Cuando llegó, en pocas semanas ya era una más. Ella está tan acostumbrada a convivir con su situación que te olvidas de la diferencia. Y eso es lo bonito: verla competir en igualdad, mejorar marcas y disfrutar como cualquier atleta».
González también subrayó la dureza de pruebas como el salto de longitud para deportistas con baja visión: «La precisión que requiere la batida es enorme. Que Xiana lo haga con tanta naturalidad es un ejemplo».

Un oro que sabe a futuro
Cuando se colgó el oro continental, Xiana vivió uno de esos momentos que marcan. «Fue muy emocionante», significa.
Preguntada por lo que significó escuchar el himno tras conquistar el título europeo, Pungín no dudó: «Yo iba con la intención de sacar una medalla, y cuando gané me lo pasé genial. Un oro europeo es un paso más. Escuchar el himno fue increíble», recuerda con una sonrisa que todavía le ilumina el rostro.
Más allá del resultado, lo que queda es la experiencia: la convivencia con otros atletas, la ilusión de compartir pista con referentes internacionales y la certeza de que el esfuerzo vale la pena.
Su exigencia personal es otro de los rasgos que la definen. González lo explicó con claridad: «Xiana no se conforma con ganar. Quiere mejorar siempre su marca. Si no lo consigue, se enfada consigo misma. Es muy autoexigente y disciplinada en los entrenamientos».
Una referente para otros jóvenes
A sus 17 años, la deportista gallega ya acumula campeonatos nacionales, participaciones en mítines internacionales y dos europeos en su haber. Más allá de los resultados, su historia es un espejo en el que muchos jóvenes pueden mirarse.
«Nos quejamos de pequeñas cosas y vemos a Xiana entrenar o competir, y entendemos lo que significa superarse», comentó su entrenador, que además confesó comprender mejor su esfuerzo al convivir también con una discapacidad visual parcial.
Lo que convierte a Xiana en especial no son únicamente sus títulos, sino la inspiración que transmite. En un mundo donde muchos jóvenes se rinden ante las primeras dificultades, ella muestra que los límites no siempre están donde pensamos.
La autoexigencia como motor
Quienes la rodean coinciden en que su mejor marca aún está por llegar. Y no lo dicen solo por sus condiciones deportivas, sino por su carácter. «Es muy exigente consigo misma. No le basta con ganar, quiere mejorar siempre su tiempo. Y cuando no lo consigue, se enfada consigo misma», explica Tinín.
Esa autoexigencia, lejos de ser un peso, se ha convertido en su motor de crecimiento. Xiana entrena cuatro días a la semana, siempre con la misma seriedad y con un objetivo claro: dar lo mejor de sí misma.
Lo que viene
De momento, Xiana seguirá entrenando en casa un año más antes de iniciar estudios fuera. Su entrenador lo tiene claro: «Ella sabe lo que quiere, le gusta, y cada día que viene a entrenar lo demuestra».
Aunque ella lo vive con naturalidad, cada paso que da la convierte en un referente silencioso para quienes creen que la discapacidad define lo que pueden lograr.
Con una sonrisa, la campeona europea se despidió con la misma naturalidad con la que asume los retos en la pista. Y con la seguridad de que su nombre seguirá sonando en el atletismo europeo.
Xiana Pungín no lo dice, pero lo demuestra: las verdaderas barreras no están en la pista, sino en la forma de mirarse a uno mismo.