viernes. 30.09.2022

Resguardados del frío y la lluvia, dos polluelos recién salidos del cascarón se dan calor el uno al otro en el escondido nido, esperando la llegada de su madre. Allí, en un pequeño hueco entre las rocas que componen una pared construida allá por el medievo español, se escuchan muy bajito sus trinos, queriendo pasar casi desapercibidos. Tras más de siete siglos de historia, quien se iba a imaginar que serían los últimos inquilinos conocidos de la Torre de O Castro.

Muchos han sido los moradores del conjunto de la Torre y Fortaleza de esta villa barquense, monumento declarado BIC hace ya 24 años. Y es que por su situación estratégica como entrada a Galicia desde León,  ha sido estancia obligada de Reyes y personajes de especial relevancia. Y de la realeza al condado de Rivadavia, y tras la supresión de los señoríos, llegaría el abandono. Unas ruinas que dejan a la vista el paso del tiempo y de las épocas que en el momento actual se han puesto en valor porque hablan por sí solas.

Si algo está claro es que para una mamá que debe esconder a su descendencia del peligro, no existe mejor lugar que un castillo que siempre cumplió un papel fundamental de protección. Es más, si los romanos eligieron este sitio para asentarse antes de cualquier primera construcción medieval, la certeza de que es una buena elección está más que fundamentada.

Torre de O Castro (Foto: http://www.turismo.gal)

Los últimos inquilinos de la Torre de O Castro