El hombre que escribió sobre los incendios de San Vicente casi un siglo antes de que el pueblo ardiese
En 1927, Juan Fernández Vega escribía sobre los montes de San Vicente de Leira (Vilamartín de Valdeorras), sus castaños y la necesidad de prevenir incendios, inundaciones y desprendimientos. Casi un siglo después, el fuego arrasó el pueblo sobre el que había escrito.
Christian Barrio no buscaba esa conexión cuando comenzó a investigar la historia de su tío bisabuelo. «Os irmaus do Cantón» estaba ya en marcha antes de los incendios. De hecho, durante el proceso había recorrido con su madre antiguas casas familiares para recuperar fotografías, hijuelas, planos y otros documentos. Algunas de aquellas casas arderían en el incendio de Larouco, en agosto de 2025.
«Tuve la suerte de poder entrar en casas que hoy ardieron, que eran de mis antepasados, y poder recuperar documentos», explica. Haber iniciado unos meses más tarde la investigación podría haber significado perder una parte de ese material.
Pero el fuego sí cambió su mirada sobre uno de los dos protagonistas del libro. Christian había crecido escuchando la historia de Domingo Fernández Vega, su bisabuelo, y de Juan, el hermano de este, 16 años mayor. Sabía que Juan había sido guarda forestal y que había sido asesinado durante la Guerra Civil. Sabía también que Domingo había presenciado prácticamente su muerte y había conseguido sobrevivir.
Lo que no conocía era quién había sido realmente Juan antes de convertirse, dentro de la memoria familiar, en el hermano muerto en la guerra.
El Juan que se había perdido
La documentación fue descubriendo una figura mucho más amplia. Juan Fernández Vega fue guarda forestal y periodista y, según la investigación realizada por Barrio, trabajó vinculado a los ministerios de Agricultura y Fomento y participó en la elaboración de políticas forestales durante la dictadura de Primo de Rivera y la República. «Fue una persona absolutamente culmen en la historia de Valdeorras», asegura Christian.
Entre los documentos que localizó figuran escritos sobre prevención de incendios, inundaciones y desprendimientos. Uno de ellos, fechado en 1927 y disponible en Galiciana, habla de los montes de San Vicente, de Montouto, de las especies que los poblaban y de unos castaños que forman parte de la identidad del pueblo. «El incendio realmente a mí me hizo profundizar más en la historia de Juan», reconoce.
La paradoja estaba servida: el hombre que casi cien años antes había escrito sobre aquellos montes y sobre la prevención de los incendios había quedado prácticamente borrado de la memoria incluso dentro de su propia familia. «Quedó como que era un guarda forestal y fue bastante más que un guarda forestal».
Christian recuperó parte de aquella voz en la presentación del libro en San Vicente. Cerró el acto leyendo un fragmento escrito por Juan. Entre el público, todavía con el recuerdo reciente del incendio, hubo quien lloró.
La historia que sí sobrevivió
Porque hubo algo de Juan que nunca desapareció: la historia de su muerte. Christian la conoce desde pequeño. Fue la primera de las historias familiares que recuerda haber escuchado y llegó hasta él después de atravesar varias generaciones.
Domingo Fernández Vega era mucho más joven que su hermano. Durante la Guerra Civil presenció prácticamente su asesinato y sobrevivió. Murió en 1965, con apenas 50 años, y Christian recuerda que desde niño le llamaba la atención su aspecto envejecido en las fotografías.
Después de la guerra, Domingo habló durante años de Juan con sus hijos. Entre ellos estaba Constantino, el abuelo materno de Christian. Estos volvieron a contar lo sucedido y el relato terminó llegando hasta una generación que ya no había conocido a ninguno de sus protagonistas.
«Lo bonito de la historia —la parte positiva, porque cuando se lee el libro cuesta sacársela— es que fue una historia legada de generación en generación», señala Barrio.
Investigarla significó también entrar en uno de esos espacios en los que la memoria familiar no siempre resulta fácil de abrir. Christian explica que con las personas mayores tuvo que avanzar despacio. La Guerra Civil continuaba asociada al sufrimiento vivido por sus padres y abuelos y ni siquiera ante un familiar las palabras aparecían inmediatamente.
«Hay que ir poco a poco», resume. Solo con el tiempo, cuenta, las personas terminan hablando con mayor naturalidad de aquello que durante décadas apenas se mencionó. Ese relato oral es el punto de partida de «Os irmaus do Cantón», pero no su único territorio.
Un San Vicente que ya no existe
Mientras investigaba a los hermanos Fernández Vega, Barrio comenzó a preguntarse por el lugar en el que habían nacido y por la escasa información que encontraba sobre su pasado. La historia familiar acabó convirtiéndose así en el hilo con el que recorrer varios siglos de San Vicente de Leira.
Es una de las principales diferencias respecto a sus libros anteriores. «Quizás sea el libro más histórico a nivel de reflejar la realidad de un pueblo», considera.
Su investigación retrocede hasta la Edad Media. Barrio plantea como hipótesis, pendiente de investigaciones arqueológicas más profundas, que el origen de San Vicente podría situarse entre los siglos X y XI y estar relacionado con las repoblaciones medievales. Hay una referencia documental de 1175 a la iglesia de San Vicente, aunque se desconoce dónde se encontraba aquel templo.
El recorrido llega después hasta un siglo XIX en el que el pueblo llegó a rondar el millar de habitantes. Fue, según Barrio, su momento de mayor pujanza demográfica y al mismo tiempo una etapa especialmente dura para sus vecinos, obligados a buscar trabajo fuera.
La montaña condicionaba la vida. Christian encontró un San Vicente muy cerrado sobre sí mismo, donde los mismos apellidos se repiten durante generaciones y cuyos habitantes, pese a pertenecer a Valdeorras, miraban en ocasiones hacia Lugo antes que hacia el valle del Sil para ganarse la vida. Ese pueblo de casi mil habitantes resulta difícil de reconciliar con el San Vicente actual. Más todavía después del incendio.
Y quizá ahí esté una de las razones por las que Barrio quiso que Domingo y Juan no quedasen solos en el libro. Contar quiénes fueron exigía contar también de dónde venían.
Tres libros para cerrar el círculo
«Os irmaus do Cantón» es el tercer viaje de Christian Barrio hacia su propia familia. Primero recuperó a su abuelo José Barrio y su vinculación con la mina de Valborraz. Después llegó «Manuela», centrado en su bisabuela y en su huida hacia los montes de Casaio durante la Guerra Civil. Ahora ha cambiado la rama paterna por la materna para llegar a San Vicente de Leira.
«Intento juntar todas esas historias para que esas pequeñas partes de Valdeorras que a veces parecen aisladas sean un reflejo y se vea que son parte elemental de toda esa historia, porque al final, si no se cuenta, parece que no existe».
Con Domingo y Juan considera cerrado el círculo familiar. El siguiente proyecto, del que todavía no quiere contar demasiado, volverá a llevarle a Valborraz y al wolframio.
Barrio reconoce que Valdeorras se ha convertido en una parte esencial de su trabajo. Reivindica además la necesidad de un relevo generacional que continúe la labor de investigadores como Aurelio Blanco Trincado o Isidro García Tato y permita que dentro de décadas siga habiendo quien estudie y divulgue la historia de la comarca.
La suya empezó preguntando en casa. Tres libros después, aquellas preguntas han sacado a la luz la historia de una mina, la huida de una mujer, dos hermanos separados por la Guerra Civil y ahora también la de un hombre que escribía en 1927 sobre cómo proteger unos montes que, casi cien años más tarde, acabarían ardiendo.
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