Treinta y cinco años después, O Barco mantiene intacta una de sus citas culturales más veteranas. La Semana de Cine regresa del 31 de agosto al 7 de septiembre con siete películas de actualidad, dos títulos infantiles y un documental, además de una nueva Butaca de Honra y una exposición dedicada a un elemento del cine que poco a poco desaparece de las calles: el cartel.
La 35ª edición fue presentada este viernes 28 de agosto en el Teatro Lauro Olmo por la concelleira de Cultura, Margarida Pizcueta; el presidente del Cine Club Groucho Marx, José María Rodríguez «Polo»; y el director de cine Rodrigo Marini.
Pizcueta puso precisamente el acento en la continuidad de una iniciativa detrás de la que, aseguró, existen «moita intención, moito interese, moito traballo e moitas ganas», porque «hai que ter moitas ganas de cine para durar 35 anos». La concelleira reconoció especialmente el trabajo desarrollado por el Cine Club Groucho Marx, al que considera el «motor» que ha mantenido vivo en O Barco tanto el cine comercial como el de autor, incluso en las épocas de menor interés por las salas.
Siete películas de actualidad y dos para los más pequeños
La programación comenzará el 31 de agosto y reúne siete títulos de actualidad: Eu non morrerei de amor, de Marta Matute; Un poeta, de Simón Mesa Soto; O último vikingo, de Anders Thomas Jensen; A illa de Amrum, de Fatih Akin; Pioneiras. Só querían xogar, de Marta Díaz de Lope Díaz; Viaxe ao país dos brancos, de Dani Sancho, e Incontrolable, de Kirk Jones.
A ellos se suman dos propuestas de cine infantil, Toy Story 5, de Andrew Stanton, y Jumbo, de Ryan Adriandhy, además de Saúde, el documental de Antón García Gonçalves, que volverá a proyectarse después de su anterior paso por O Barco.

Alfredo García, Butaca de Honra
Uno de los momentos destacados de esta edición será la entrega de la Butaca de Honra a Alfredo García, exalcalde de O Barco. El reconocimiento, según explicó Polo, mira especialmente a una etapa anterior de su trayectoria, cuando fue concejal de Cultura. El presidente del Cine Club recordó su papel en la transformación del espacio que acabaría convirtiéndose en la actual Casa da Cultura y, especialmente, la decisión de dotarlo de los medios necesarios para proyectar películas.
«Alfredo tomou a decisión de que se construíra a Casa da Cultura e de poñer nela unha máquina de cine», una decisión que, tres décadas después, permite que O Barco siga contando con una sala para disfrutar del cine. Tras la entrega de la Butaca de Honra se proyectará el documental Saúde.
Un cartel nacido de Dopamina Zero
La imagen de esta edición también tiene una historia muy vinculada a O Barco. El cartel utiliza una fotografía de Juan José Ballesta cruzando la pasarela durante el rodaje de Dopamina Zero, el cortometraje dirigido por Rodrigo Marini.
La fotografía surgió durante el rodaje y llegó a barajarse como posible imagen de Dopamina Zero. Finalmente se optó por reservarla para la Semana de Cine. Marini explicó durante la presentación que incluso consultaron con Ballesta la utilización de su imagen y el actor dio su autorización.

El cartel sirve además de puente con otra de las propuestas de esta edición. El Teatro Lauro Olmo acogerá durante la Semana de Cine la exposición «O cartel do cine está a punto de morrer (D.E.P.)», formada a partir de la colección de carteles de Polo.

Marini incidió precisamente en el cambio que ha experimentado este elemento de la cultura cinematográfica. Los diseños, explicó, se conciben cada vez más pensando en las plataformas y en las pantallas de los teléfonos móviles, mientras se pierde progresivamente aquel cartel físico que durante años formó parte del paisaje de las calles.

La Semana de Cine estrenará, además, las nuevas butacas del Teatro Lauro Olmo, que Marini ya pudo probar. «Es un lujo la sala que hay», aseguró el director, que calificó también de «extraordinaria» la programación preparada para esta 35ª edición.
El Cine Club Groucho Marx celebrará además el próximo 25 de septiembre una asamblea de socios para abordar la renovación de su directiva. Polo quiso dejar claro que la convocatoria no significa que vaya a marcharse, después de una edición que, según reconoció, ha sido especialmente dura para sacar adelante.
Pizcueta cerró la presentación con una petición sencilla: que el público responda. Porque, recordó, cualquier actividad cultural, por bien organizada que esté, pierde su sentido si no cuenta con espectadores.



