lunes. 26.09.2022

«Esto ha sido un infierno. Nos hemos quedado sin la mitad del pueblo»

Alixo ha sido uno de los núcleos mas afectados por el incendio que todavía sigue activo. Quince familias han perdido sus casas y sus recuerdos. Falló todo, si se hubieran quedado esto no hubiera pasado. Todo el trabajo de la vida de tus padres, a la basura».
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«Esto ha sido un infierno. Nos hemos quedado sin la mitad del pueblo»

Desolación, angustia y llantos por haber perdido todos los recuerdos de su vida. En total, 15 viviendas de Alixo se han visto reducidas a cenizas en las últimas horas. El incendio que se activaba el pasado jueves en Riodolas —Carballeda de Valdeorras— llegaba en la tarde de ayer domingo, 17 de julio, a la ladera de la montaña de esta parroquia barquense y, «en y minutos arrasó las casas», como asegura Gustavo Núñez, pedáneo.

«Esto ha sido un infierno. Nos hemos quedado sin la mitad del pueblo», explicaba en la mañana de este lunes. Desde primera hora los vecinos se encontraban en la calle. Algunos, viendo como terminaban de apagar las llamas de sus hogares, otros, dando apoyo. Los Bomberos, los GES y las brigadas de la Xunta se encontraban "enfriando" las viviendas para evitar que las llamas se reactivasen. 

Ayer las llamas llegaban a la zona alta de la montaña y, dado el peligro que suponía, alrededor de las 17.00 horas se ordenó el desalojo del pueblo. «No teníamos salida, ni ayuda, ni nada. Nos dejaron aislados. Cuando llegaron, era demasiado tarde y no se pudo hacer nada por las casas. Además, hay garajes, bodegas, casas viejas... no hemos terminado el recuento».

Todos ellos cumplieron la orden de desalojo. Se fueron sin saber lo que les esperaban al regreso. «Nos marchamos para O Barco y cuando volvimos por la noche, las casas ardían. Hay gente que no le ha quedado nada». 

Es el caso de Eva. Hace cinco años que su padre, antes de fallecer, construyó una casa con toda su ilusión. Hoy, solo quedan cenizas. «Desde las 17.00 horas intentamos que vinieran, pero no apareció nadie. A las 22.00 horas los bomberos ya no tenían agua y los pozos estaban vacíos». Fue entonces cuando los vecinos se pusieron "manos a la obra" para intentar sofocar las llamas. «Tiramos garrafas de agua. Estábamos solos. Las casas ardían, era un infierno. No pudimos hacer nada».

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Eva nos cuenta cómo ha perdido dos casas por las llamas 

Entre lágrimas explica que ha perdido la casa de sus padres, pero también la de sus abuelos. «No pudimos llevarnos nada, están ahí todos los recuerdos. Mi garaje está mañana mañana seguía ardiendo. Falló todo, si se hubieran quedado esto no hubiera pasado. Todo el trabajo de la vida de tus padres, a la basura».

La casa de al lado, la de Rosa, también ha quedado reducida a cenizas. Acababa de restaurarla y «no hay nada. La parte de arriba, la vivienda principal, no tiene ni el suelo». Lamenta que no se protegiera el pueblo. «Cuando bajamos —por le desalojo— todo estaba bien. A última hora de la tarde, cuando volvimos, mi casa empezaba a arder y no había nadie aquí. Entiendo que hacen bien su trabajo, pero faltaron muchos recursos. El pueblo ha quedado reducido a cenizas».

 

Juan Ramón también ha perdido su casa. Cuenta que en cuestión de minutos se levantó un fuerte viento y decidieron irse ante el peligro. Por suerte, les dio tiempo a salvar unos documentos importantes. «Salimos todos de aquí en estampida. A la noche, cuando volvimos, la carretera daba miedo. Estaba todo quemado. Cuando llegué ya vi mi casa quemándose. No lo hicieron bien...».

 

«Esto ha sido un infierno. Nos hemos quedado sin la mitad del pueblo»