Algunas confesiones llegan tarde. Y otras, cuando ya no queda nada que perder. En Conmigo muere tu secreto, la tercera novela de Fernando Hernández, todo arranca con un anciano en una residencia durante la pandemia que decide contar aquello que ha guardado durante décadas.
«Es la confesión de un anciano en una residencia durante el Covid», explica el autor. Pero la pandemia no es el centro del relato, sino el detonante. El verdadero peso de la historia está en los recuerdos del protagonista, Antonio Gómez, que retroceden a finales de los años 50 y 1960 en O Barco de Valdeorras, y dan un salto después a 1991 en Monforte. Dos tiempos, dos escenarios y un secreto que condiciona varias vidas.
Hernández —nacido en Monforte en 1969, policía local en O Barco y criminólogo de formación— construye la novela sobre esa doble línea temporal. El O Barco de la posguerra aparece descrito con un nivel de detalle que roza lo documental: calles, bares y establecimientos de la antigua calle Generalísimo recuperan su lugar en la memoria colectiva.
Para lograr esa fidelidad contó con la colaboración de Aurelio Blanco Trincado, a quien define como «una persona con una memoria prodigiosa». Blanco Trincado aportó datos y documentos de la época y será el encargado de presentar la novela en O Barco. «Me gusta describir los espacios tal y como eran en ese momento», señala el autor.
No es casual que sitúe la acción en Monforte y O Barco. «Los escritores suelen escribir sobre lo que conocen», recuerda, evocando una reflexión escuchada a la escritora Dolores Redondo en una presentación en Monforte. En su caso, ese territorio no es solo geográfico, sino emocional.
Aunque insiste en que la historia es «completamente ficción», reconoce que hay elementos que nacen de su entorno. El protagonista incorpora rasgos físicos de su padre, fallecido hace dos años. Recuerda las conversaciones en las que le hablaba de su etapa como aceitunero y vendedor ambulante, con paradas en O Barco. «Es una especie de homenaje a mi padre. Y también a esa gente que lo pasó tan mal, que venía de una guerra horrorosa y pasaba un hambre que… Nosotros creemos que lo pasamos mal, pero ellos sí que estaban mal».
Su formación como criminólogo y su experiencia como policía local también atraviesan la novela. A la hora de construir personajes, especialmente el antagonista, busca coherencia psicológica. «Si un personaje tiene rasgos psicopáticos, tiene que actuar conforme a ellos», explica. En determinadas escenas recurre incluso a terminología más técnica, apoyándose en su formación.
El contacto diario con personas y conflictos, aunque se desarrolle en un entorno tranquilo como O Barco, le aporta material constante. «Cada día tienes intervenciones con alguien y te das cuenta de su forma de ser y de actuar», comenta. Esa observación continua del comportamiento humano le permite perfilar personajes que buscan resultar verosímiles.
Más de diez años separan su primera novela, Juguetes de lo Desconocido (2015), de esta tercera entrega. Entre medias publicó Gotas de Esperanza, cuya difusión quedó marcada por el confinamiento: los ejemplares llegaron la misma semana en que España se cerró por la pandemia. La evolución, admite, ha sido evidente. «Aprendes a base de la práctica y del taller de escritura que hice durante unos meses», señala, convencido de que esta nueva obra está «más pulida».
Escribe sin presión editorial. Prefiere las mañanas, cuando la mente está más despejada, y defiende la constancia diaria. «Aunque solo sea sentarte un rato y escribir un par de párrafos, lo importante es escribir algo todos los días», sostiene.
No se plantea dejar su trabajo para dedicarse en exclusiva a la literatura. Es consciente de la dificultad del sector. «Cada año se publican miles de títulos», recuerda, y reconoce que, además de hacer bien el trabajo, hace falta «esa pizca de suerte».
Ahora su prioridad es que Conmigo muere tu secreto encuentre lectores. Las presentaciones arrancan en Monforte y continúan en el Casino de O Barco este viernes 20 de febrero a las 20:00h. Allí compartirá una historia que demuestra que el pasado puede permanecer en silencio durante décadas… pero no siempre consigue enterrarse.

