La lluvia decidió conceder una tregua justo cuando más se agradecía. Después de una tarde de cielos inciertos, la terraza de la bodega Blare, en Vilanova (O Barco), con Valdeorras extendiéndose al fondo, ofreció este jueves el escenario perfecto para una de las actividades organizadas con motivo del décimo aniversario del SilFest. El resultado fue una velada pausada, donde el paisaje, la música y el vino terminaron formando parte de una misma conversación.
Alrededor de cincuenta personas participaron en esta propuesta, que combinó una cata guiada con música en directo. Entre los asistentes se encontraban el alcalde de O Barco, Aurentino Alonso; la concejala de Cultura, Margarida Pizcueta, y la edil del BNG, Noa Fernández, además de numerosos vecinos que quisieron sumarse a una cita diferente dentro de la programación del festival.
La encargada de conducir la degustación fue la enóloga Cecilia Fernández, que fue desgranando las características de los tres vinos seleccionados por la bodega: dos godellos —uno elaborado sobre lías y otro procedente de un viñedo centenario con fermentación y crianza parcial en barrica— y un muy aclamado tinto de garnacha tintorera criado durante doce meses en roble. Tres elaboraciones que reflejan la filosofía de Blare, basada en una viticultura ecológica, el respeto por el viñedo y la expresión del paisaje de Valdeorras.
Mientras cada copa encontraba sus matices, la cantante local Nerea Jiménez fue poniendo banda sonora a la tarde con un repertorio que recorrió distintas épocas y estilos. Su voz, cálida y cercana, se integró con naturalidad en el ambiente, convirtiendo cada interpretación en un acompañamiento perfecto para los vinos que iban llegando a las mesas.
La complicidad entre público, músicos y organizadores fue creciendo a medida que avanzaba la tarde. Tanto, que el programa previsto terminó ampliándose de manera espontánea. Cristina Ramos, responsable de relaciones públicas de la bodega, sorprendió al coger el micrófono para interpretar una emotiva versión de Lela, muy aplaudida por los asistentes. Poco después, también el propietario de Blare, Herminio Blanco, se sumó al ambiente festivo, poniendo el broche a una tarde que terminó convertida en una celebración compartida.
La actividad volvió a demostrar que el décimo aniversario del SilFest también se construye lejos de los grandes escenarios, apostando por experiencias que ponen en valor el territorio, el vino y el talento local en un entorno privilegiado.

