Sus muros, hoy casi en ruinas, y sus galerías subterráneas albergaron durante décadas una de las explotaciones de wolframio más singulares del noroeste peninsular. La mina de Valborraz, en Casaio, fue un enclave clave durante los años cuarenta y cincuenta, cuando este mineral se convirtió en estratégico en plena Segunda Guerra Mundial. Con el paso del tiempo, el abandono fue haciendo mella en el complejo, pero los incendios del pasado verano marcaron un punto de inflexión en su deterioro.
Ante el riesgo de pérdida definitiva de este enclave histórico, los días 21 y 22 de marzo se pondrá en marcha la primera campaña de limpieza impulsada por la Asociación Científica Sputnik Labrego, en colaboración con otros colectivos locales. El objetivo es frenar el avance de la ruina y dar los primeros pasos para su recuperación. «Llevamos muchos años trabajando en este entorno y sentíamos que había que actuar ya, porque si no, este sitio puede desaparecer», explica su presidente, Carlos Tejerizo.
La mina de Valborraz es un conjunto de grandes dimensiones, con alrededor de cuarenta edificios y estructuras repartidas por el monte, además de un importante entramado subterráneo. Precisamente por esa magnitud, esta primera intervención se centrará únicamente en dos de los edificios más representativos: los de administración y gestión de la mina, al tratarse de las zonas más accesibles y simbólicas del complejo. «Es un primer paso muy humilde, pero necesario para empezar a frenar el deterioro», señala Tejerizo.
En estos espacios se encuentra, entre otros inmuebles, el edificio del jefe técnico, una de las pocas personas de origen alemán que trabajaron en la explotación, lo que refuerza el valor histórico del conjunto. Los trabajos previstos consistirán principalmente en la retirada de escombros y en una primera actuación para mejorar la seguridad de las estructuras, muy debilitadas tras los incendios.
Más allá de su tamaño, Valborraz destaca por una combinación poco habitual de elementos históricos. Fue la única mina de wolframio gestionada en Valdeorras directamente por la Alemania nazi y albergó un destacamento penal en el que trabajaron entre 200 y 300 prisioneros, lo que la convierte en un enclave excepcional dentro del patrimonio industrial y de la memoria histórica del noroeste peninsular.
Esta campaña de limpieza se enmarca dentro de la iniciativa «Recuperemos Valborraz», puesta en marcha para recaudar fondos y concienciar sobre la necesidad de conservar este espacio. Desde Sputnik Labrego insisten en que la recuperación completa del complejo solo será posible con la implicación de las administraciones. «Nuestro trabajo no puede sustituir a una intervención institucional, pero sí sirve para llamar la atención sobre la urgencia de actuar», subraya Tejerizo.
La actuación contará también con la participación de voluntariado, con un número limitado de plazas para esta primera experiencia, y combinará las tareas de limpieza con actividades de divulgación. Desde la asociación destacan que implicar a la ciudadanía es clave para que se entienda el valor del enclave y la dificultad de conservarlo.
«La mina de Valborraz es un patrimonio único y no podemos permitirnos perderlo», concluye Carlos Tejerizo, que confía en que esta primera campaña marque el inicio de nuevas fases de intervención.
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