La empatía es la capacidad de ponerse en el lugar del otro, de comprender lo que siente y, en muchos casos, de actuar para aliviar su sufrimiento. Una habilidad profundamente humana que, bien educada, puede convertirse en una herramienta decisiva para prevenir la violencia. Esa es la idea central de la charla que ofrecerá este martes la psicóloga y divulgadora Begoña Ibarrola en Sobradelo, dentro de las segundas jornadas «Educar non ten idade nin xénero».
Ibarrola, que será la encargada de clausurar este ciclo organizado por la asociación Vagalume y el Concello de Carballeda de Valdeorras, defiende que hablar de educación emocional y de prevención de la violencia obliga a detenerse en esa palabra clave. «Cuando vi el título de las jornadas lo primero que pensé fue en la empatía, porque es el principio para erradicar conductas violentas y prevenir que aparezcan otras», explica.
La psicóloga recuerda que la violencia no se limita a la agresión física. «Es el uso de la fuerza o del poder para amenazar o hacer daño, tanto a nivel físico como psicológico», señala, subrayando que una persona con la empatía desarrollada «es incapaz de hacer daño a los demás», porque conecta con el sufrimiento ajeno y actúa desde la solidaridad.
Aunque existe una base empática con la que nacemos —«es una capacidad que nos ha ayudado como humanidad a sobrevivir», afirma—, su desarrollo no es automático. Desde la infancia, la empatía va evolucionando: primero como reacción emocional ante el llanto de otros y, con el tiempo, como deseo consciente de ayudar. «Por eso no solo se puede desarrollar, sino que se debe desarrollar», insiste, advirtiendo también de que un exceso de empatía, mal entendida, puede generar problemas.
Ibarrola explica que muchas conductas violentas tienen su origen en dificultades profundas para sentir o interpretar las emociones de los demás. En algunos casos, apunta, existen trastornos específicos; en otros, una autoestima muy dañada que lleva a ejercer la violencia como forma de sentirse superior. «El maltratador, sea niño, joven o adulto, es alguien que se siente mal interiormente», afirma, y añade que detectar estas situaciones a tiempo es clave para prevenir problemas futuros, como el acoso escolar o la violencia en las relaciones.
Desde su experiencia profesional, la psicóloga defiende la intervención educativa como una de las vías más eficaces de prevención. Programas de educación emocional y de desarrollo de la empatía en las aulas, asegura, pueden transformar de forma radical los entornos escolares. «He visto centros donde el bullying era muy grave y cómo, a través de estos programas, los conflictos empezaban a resolverse por vías pacíficas», explica. Cuando el bienestar se cuida de forma colectiva, añade, «nadie se permite maltratar a otro porque se siente bien y quiere que los demás también lo estén».
Más allá del ámbito educativo, Ibarrola alerta de una pérdida progresiva de empatía en la sociedad actual, vinculada al auge de las redes sociales y al anonimato. «Se ha creado un entorno donde se puede ser cruel sin dar la cara», señala, lo que favorece el narcisismo, la agresividad verbal y la falta de solidaridad. Frente a ello, defiende la necesidad de construir una cultura empática basada en la confianza mutua, el altruismo y la ética del cuidado.
En su charla en Sobradelo, la psicóloga quiere trasladar un mensaje claro: educar la empatía no solo previene la violencia, también mejora el bienestar y la felicidad. «Si quieres ser más feliz, desarrolla la empatía», resume. Una idea sencilla, pero con un enorme potencial transformador para la sociedad.
Al finalizar el encuentro, se sortearán varios libros de la autora entre las personas asistentes y la jornada se cerrará con una pinchada musical en el bar Mar de Sobradelo.
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