Vicente Solarat: «Después de 44 años es como si tuviera que volver a aprender a andar»
Vicente Solarat ha decidido dejar la política, pero todavía piensa desde ella. No parece extraño después de 44 años vinculado a la vida municipal de A Rúa, 18 de ellos como alcalde, además de concejal, teniente de alcalde y portavoz de la oposición en distintas etapas. A los 70 años quiere recuperar tiempo para su familia y desprenderse de unas obligaciones que han ordenado durante décadas buena parte de sus días. Lo difícil, admite, será acostumbrarse.
«Es como si tuvieras que volver a aprender a andar». La decisión llevaba tiempo interiorizada y terminó de tomarla hace unos tres meses. La habló con su mujer y sus hijos y después se la comunicó a la alcaldesa, María González Albert. No quería marcharse «de sopetón», así que preparó la salida para que afectase lo menos posible al funcionamiento del Concello. Cultura y Deportes, las áreas a las que se ha dedicado principalmente durante este mandato, tienen cerrada su programación al menos hasta diciembre.
Cuando se le pregunta qué le ha quitado la política, responde en sentido contrario. «Creo que me ha dado más de lo que me ha quitado». Habla de las personas que ha conocido y de los proyectos que pudo desarrollar, aunque otros se quedaran por el camino. Sabe también que lo consideran «muy cabezón»; él prefiere «perseverante» y, si hay que buscar un término intermedio, acepta «empecinado».
Entró en el Concello en 1983 defendiendo la necesidad de construir un polideportivo, una iniciativa de la que acabaría naciendo el área deportiva de O Aguillón. Después pasó por casi todas las posiciones posibles en la política municipal —gobierno, oposición, minorías y coaliciones— y llegó a acuerdos con formaciones diferentes. Hace alrededor de 25 años incluso retó públicamente a encontrar en España otro municipio de unos 4.000 habitantes con más y mejores servicios públicos y privados que A Rúa. Nadie, dice, consiguió demostrárselo y ahora bromea con que, al final, presenta la dimisión «voluntariamente»
Su manera de explicar la política municipal tampoco necesita demasiada teoría. Recurre a la Fórmula 1. Los grandes partidos son Ferrari, McLaren o Red Bull; RUA, «el carromato». Competir desde una formación local obliga a empujar más, pero también proporciona una libertad que considera fundamental para entender su trayectoria. «Las siglas dan un plus, pero también atan».
Solarat reconoce errores, aunque hace un balance favorable y enumera realizaciones concretas —las dos residencias de mayores, el centro de día, el parque de bomberos o la fábrica— para explicar qué cree que queda después de tantos años.
También quedaron proyectos sin realizar. Recuerda el Parque Jurásico que quiso impulsar y perdió en una votación o la Festa da Freba, que terminó celebrándose en Petín. Sin embargo, cuando busca uno de sus momentos de mayor satisfacción en A Rúa no escoge una gran infraestructura, sino la Festa do Codillo. Es el instante en el que llega el postre y suena «Sweet Caroline», de Neil Diamond. «Ahí ves un momentazo de satisfacción, de un pueblo unido». Puede parecer, admite, «una cosa pequeñita».
Los años difíciles los sitúa, sobre todo, en el proceso de implantación de la actual Autoneum, la planta de componentes para la industria del automóvil ubicada en As Pedreiras y convertida en uno de los principales focos de empleo industrial del municipio.
Su instalación estuvo acompañada de controversia y procedimientos judiciales. Solarat llegó a ser detenido en 2005 por la tramitación relacionada con la fábrica y hoy recuerda aquel episodio con suficiente distancia para bromear incluso con las huellas de los diez dedos que le tomaron. Asegura que nunca temió las consecuencias porque estaba convencido de haber actuado correctamente y subraya que ningún fiscal llegó a acusarlo. Estudió Derecho y ejerció como abogado, pero no atribuye a esa formación su manera de afrontar aquellos procesos. Prefiere recurrir a algo más elemental: «El sentido común debe prevalecer sobre cualquier cosa».
De aquellos procedimientos salta a una de las reivindicaciones que mantiene después de 44 años de gestión: reducir la rigidez administrativa que soportan los pequeños municipios. «No es lo mismo gobernar en Madrid que en un pueblo de Valdeorras». Considera que concellos con pocos medios y recursos tienen que afrontar procedimientos desproporcionados para su capacidad y llega a hablar de «talibanismo extremo» para referirse a determinadas exigencias burocráticas.
No reclama únicamente comodidad para quien gobierna. Relaciona esa falta de agilidad con proyectos que no llegan a realizarse y, por extensión, con las dificultades de los pueblos para generar actividad, captar recursos y atraer o fijar población. «Los pueblos tenemos que respirar, vivir y generar proyectos», sostiene.
La conversación llega a 2023. Las municipales dejaron cinco concejales al PP y dos a cada una de las otras tres formaciones. RUA se sumó al acuerdo con BNG y PSOE que permitió a María González Albert acceder a la Alcaldía. Casi tres años después, Solarat no introduce ningún matiz cuando se le pregunta si repetiría aquella decisión: «Sí, sí, en las mismas circunstancias, sí».
Considera que el actual gobierno ha realizado «un buen trabajo» con pocos recursos y en un periodo marcado por dificultades como la situación de la fábrica o los incendios. Su definición de lo que debe hacer un alcalde o un concejal es sencilla: procurar que cada día resulte más agradable la vida de sus vecinos. «Y eso empieza por el agua».
El abastecimiento aparece así como una de las principales preocupaciones que deja al marcharse. A Rúa dispone de agua gracias a la infraestructura desarrollada conjuntamente con Petín, pero Solarat considera necesarias nuevas actuaciones después de los problemas acumulados y agravados por los incendios. La inversión, advierte, supera la capacidad del Concello.
Lo explica con una situación reconocible para cualquier vecino: abrir la ducha y que el agua «salga chocolate». Habla de filtros y de mejoras en el sistema, pero sobre todo de la necesidad de conseguir apoyo de otras administraciones. Cree que quienes gobiernen en los próximos tres años tendrán que convertir esta intervención en una de sus principales reivindicaciones.
Él habla ya de «quienes sean llamados a gobernar». Su retirada no implica necesariamente la desaparición de Rueses Unidos Adiante. RUA nació como agrupación de electores y posteriormente se constituyó como partido político. Podrá decidir si vuelve a concurrir en 2027 y quién encabeza entonces la candidatura. Sobre su propio nombre, Solarat es rotundo: «Yo, desde luego, no lo voy a hacer».
Admite que RUA ha estado muy identificada con él. Recuerda que en su primera candidatura, en 1995, consiguió alrededor del 44 % de los votos y atribuye parte de la trayectoria posterior a haber recibido apoyos de electores procedentes de sensibilidades políticas distintas. La continuidad de ese espacio sin Vicente Solarat será ya una decisión de otros.
También serán otros quienes decidan desde el Concello. Él quiere convertirse en «un vecino más», participar en la vida de A Rúa, estar con su familia y sus amigos y ofrecer su experiencia cuando alguien considere que puede resultar útil. Si le preguntan cómo se hizo algo o qué camino podría seguirse para conseguirlo, estará disponible. Ya no tendrá, eso sí, la responsabilidad de resolverlo.
Los primeros cambios han empezado por algo tan cotidiano como el teléfono. Hace unos diez días abandonó las redes sociales y esta semana el dispositivo le comunicó que había reducido su uso un 79 %. «Eso también es un cierto alivio». Conserva más de 4.000 contactos y asegura que seguirá respondiendo a quien llame. «Es verdad que ahora ya no puedo resolver, pero sí que puedo ayudar».
Después de 44 años, quizá esa sea la diferencia a la que más le cueste acostumbrarse. Solarat dejará el acta, las competencias municipales y la capacidad de decidir desde el Concello, pero durante la conversación rara vez consigue hablar del pasado sin acabar pensando en lo que todavía queda por hacer en A Rúa.
Ahora corresponderá a otros hacerlo. Él seguirá pensando en ello.
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