miércoles. 02.09.2026

El Colegio Pablo VI abre su residencia a las chicas tras seis décadas de historia

El centro educativo de A Rúa inicia una nueva etapa con una residencia femenina y mantiene una educación basada en el acompañamiento, la orientación y los valores
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El Colegio Pablo VI abre su residencia a las chicas tras seis décadas de historia

Más de sesenta años después de abrir sus puertas en A Rúa, el Colegio Diocesano Pablo VI afronta un nuevo curso dando un paso importante en su historia. Por primera vez, su residencia, hasta ahora exclusivamente masculina, contará también con plazas para chicas. Una decisión con la que el centro quiere responder a las necesidades actuales de las familias manteniendo la misma vocación de servicio con la que nació en el curso 1964-65.

El director del centro, José Fernández de Abajo, reconoce que los tiempos y las necesidades han cambiado y que el colegio debe hacerlo con ellos. La residencia masculina desempeñó durante décadas un papel fundamental, especialmente en una época en la que muchas familias tuvieron que emigrar y necesitaban un lugar en el que dejar a sus hijos para que pudiesen continuar sus estudios. Hoy las circunstancias son otras.

«La vocación de servicio sigue siendo la misma, pero las necesidades son diferentes», explica Fernández de Abajo. Problemas de conciliación familiar, dificultades académicas o la necesidad de adquirir unas rutinas y una mayor estabilidad son algunas de las razones por las que actualmente las familias recurren a la residencia. Tras la experiencia acumulada con los chicos, el centro se preguntó por qué no ofrecer ese mismo recurso a las familias con hijas.

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Mucho más que un lugar donde dormir

La nueva residencia femenina nace bajo la misma filosofía que ha acompañado durante seis décadas a la masculina. Vivir en el Pablo VI, señala su director, no consiste únicamente en disponer de alojamiento durante el curso académico. El objetivo es crear un entorno estable en el que los jóvenes puedan aprender también a organizar su vida.

Hay, además, una condición que el director considera fundamental: tanto chicos como chicas deben acudir voluntariamente. «Que vengan porque quieren estar, porque quieren aprovechar una oportunidad que les dan sus padres ante una dificultad que tienen», señala.

A partir de ahí, la residencia ofrece una vida organizada, con horarios y acompañamiento permanente por parte de adultos y profesionales, pero procurando que esa estructura no se convierta en una carga. Hay tiempo para estudiar, descansar, divertirse, compartir con los compañeros e incluso utilizar el teléfono móvil. «He tenido tiempo para todo y he aprendido a estructurar mi vida ordenadamente», resume Fernández de Abajo al hablar de la experiencia que transmiten quienes han pasado por ella.

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Ese acompañamiento cobra especial importancia en una sociedad que el director describe como acelerada y en la que, en ocasiones, las propias familias se sienten desbordadas ante el ritmo al que viven los adolescentes. Frente a ello, el Pablo VI reivindica incluso algo aparentemente tan sencillo como disponer de tiempo para aburrirse, hablar con un compañero o detenerse a pensar. «A veces es necesaria esa pausa», asegura Fernández de Abajo.

Educar también es enseñar a escuchar

La apertura de la residencia femenina constituye la gran novedad del curso, pero no modifica una filosofía educativa que forma parte de la identidad del centro desde su nacimiento.

El Colegio Pablo VI abrió sus puertas en el curso 1964-65, durante el pontificado de Pablo VI y siendo obispo de Astorga Marcelo González Martín. Nació con el propósito de contribuir a la difusión de la cultura y a la promoción social de la comarca. Desde su concepción cristiana de la educación, el centro plantea la formación como un desarrollo integral de la persona y pone el acento en valores como la fraternidad, la solidaridad, la tolerancia, la responsabilidad, la verdad, la paz, la libertad y el compromiso.

Una filosofía que cada curso se concreta también en un valor sobre el que trabaja toda la comunidad educativa. Este año será la escucha.

La presentación al profesorado dejó una imagen muy gráfica: una gran oreja y un cuerpo procedentes del laboratorio del colegio sirvieron para explicar el camino que propone el centro. Escuchar para poder llegar al corazón.

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«Es importantísimo durante el curso la escucha», señala el director, que recuerda ese conocido dicho de que tenemos dos orejas y una sola boca. La intención es fomentar una escucha activa que permita conocer al otro y «llegar al corazón», pero no, matiza, para manipularlo, sino «para hacerlo libre».

Porque la libertad es precisamente otro de los conceptos que Fernández de Abajo reivindica al hablar del modelo educativo del Pablo VI. Aunque se trata de un colegio diocesano y, por tanto, con una identidad cristiana definida, su director resume el objetivo de una forma clara: «Queremos alumnos libres», jóvenes capaces de observar el mundo y tomar sus propias decisiones.

La orientación, «la joya de la corona»

Esa libertad para elegir necesita también información y acompañamiento. Y ahí aparece otra de las señas de identidad del centro: su departamento de orientación, al que Fernández de Abajo define como «un poco la joya de la corona del colegio».

Su trabajo no se limita a intervenir cuando llega el momento de escoger unos estudios. Existe un acompañamiento diario, especialmente cercano con aquellos alumnos que atraviesan dificultades académicas o personales, pero también con quienes necesitan descubrir hacia dónde dirigir sus siguientes pasos.

Cada año, durante el segundo trimestre, el centro organiza su Semana de Orientación, por la que pasan profesionales procedentes de universidades y de ámbitos muy diversos de la vida laboral y social. El objetivo no es mostrar al alumnado un único camino, sino abrirle horizontes para que pueda conocer alternativas antes de tomar decisiones que, con 17 o 18 años, no siempre resultan sencillas.

Ese compromiso llega incluso hasta el punto de recomendar a un estudiante una opción formativa que el propio Pablo VI no pueda ofrecer. «La prioridad es el alumno», insiste Fernández de Abajo. Si lo mejor para ese joven está fuera del centro, la obligación, sostiene, es orientarlo y facilitarle ese camino en la medida de lo posible.

«Aquí es una casa abierta para todos»

El Pablo VI comienza así un curso en el que continúa escribiendo una historia iniciada hace más de seis décadas. Lo hace incorporando profesores, manteniendo su apuesta por la orientación y la educación en valores y, sobre todo, derribando una última barrera histórica: la residencia deja de ser exclusivamente masculina.

Fernández de Abajo reconoce que todo comienzo entraña dificultades, pero anima a las familias que puedan estar buscando esta alternativa para sus hijas a acercarse al colegio antes de tomar una decisión.

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«No tengáis dudas en venir, informaros, preguntar, conocer el centro, conocer las instalaciones, al personal, al profesorado. Aquí es una casa abierta para todos», afirma.

Después de más de sesenta años acogiendo a chicos en su residencia, el Pablo VI abre ahora esa puerta también a las chicas. Cambian las necesidades, cambia la sociedad y cambia con ella el colegio, pero permanece la idea con la que nació en 1964: ser un centro al servicio de la comarca y acompañar a sus alumnos no solo para que decidan qué quieren estudiar, sino también para ayudarles a descubrir quiénes quieren ser.

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