A pocas horas de que la XXVII Feira do Viño de Valdeorras abra sus puertas, Bodega Cepado ultima los preparativos. Diego Fernández va y viene entre botellas, cajas y conversaciones de última hora. Son días intensos para una adega familiar que lleva casi dos décadas participando en la gran cita del vino valdeorrés y que este año llega con una historia singular detrás de una de sus ausencias más llamativas.
Finca A Coronela no estará en la feria. Tampoco salió al mercado durante esta campaña. La decisión fue deliberada. La uva no reunía las condiciones que la familia considera imprescindibles para mantener la personalidad de un vino que, con el paso de los años, se ha convertido en una de las referencias más singulares de la casa.
La determinación resulta especialmente significativa en una bodega de carácter familiar y producción limitada. Sin grandes estructuras detrás ni volúmenes capaces de amortiguar cualquier contratiempo, cada referencia forma parte de un proyecto construido vendimia a vendimia. Precisamente por eso adquiere más valor la decisión de esperar.
«Preferimos no elaborar un año y no desmarcarnos de la línea del vino», explica Diego Fernández. Una frase que resume la filosofía de una adega que ha hecho de la coherencia una de sus señas de identidad.
Lejos de buscar atajos, en Cepado defienden una viticultura en la que la calidad no admite concesiones. «Son decisiones que cuesta hacer, pero creo que hay que ser francos y honestos», afirma Fernández.
Esa forma de entender el vino se percibe también en el cuidado con el que supervisan cada fase del proceso. Desde la viña hasta la botella, el objetivo es que cada elaboración refleje fielmente el carácter del terreno del que procede. «Nos gusta llevar a la botella lo que queremos y lo que refleja nuestro viñedo», señala.
Aunque Finca A Coronela no podrá degustarse este fin de semana, la bodega acudirá a la feria con dos de sus vinos más representativos: Cepado Godello y Finca A Devesa. Dos referencias que condensan una trayectoria iniciada en 2008 y marcada por una apuesta decidida por las variedades que mejor expresan el potencial vitivinícola de Valdeorras.
La propia historia de Coronela ayuda a entender la personalidad de la bodega. Mientras muchas elaboraciones tintas de la comarca se apoyan en la mencía, Cepado decidió mirar hacia sus viejas cepas de garnacha tintorera para desarrollar un vino con identidad propia. Una apuesta poco habitual que responde a una manera de trabajar estrechamente vinculada a las particularidades de cada viñedo.
Volviendo a la Feria, Diego Fernández insiste en que la cita trasciende el ámbito estrictamente comercial. Después de participar ininterrumpidamente desde los inicios de la bodega, considera que la Feira do Viño desempeña un papel fundamental en la construcción de una identidad colectiva alrededor de Valdeorras.
«La gente de nuestra comarca tiene el deber y el derecho de disfrutar de las bodegas de la comarca», sostiene. Para él, la feria es un espacio de encuentro entre viticultores, bodegueros y consumidores, una oportunidad para compartir proyectos, intercambiar impresiones y seguir fortaleciendo el vínculo entre el vino y el territorio.
También rechaza una idea que escucha con frecuencia cuando se habla del éxito actual del godello. «No es que el godello esté de moda, sino que al fin nos han descubierto», afirma. Una reflexión que resume el sentir de muchos profesionales de la comarca, convencidos de que el reconocimiento actual responde a décadas de trabajo silencioso en los viñedos y las bodegas.
Este fin de semana, Diego Fernández volverá a estar detrás de la caseta de Cepado junto a su padre y el resto de la familia. Lo hará con dos vinos y una ausencia que no puede ser vista como una carencia, ayuda a comprender mejor qué lugar ocupa la calidad dentro del proyecto. Porque hay ocasiones en las que la mejor manera de respetar un vino consiste, precisamente, en esperar por él.
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