Unos metros nada más cruzar la puerta, un patito amarillo da la bienvenida a las familias. Sobre una de las paredes, una colorida jungla llena de jirafas, leones, monos y elefantes parece invitar a los más pequeños a comenzar una aventura. No es una decoración elegida al azar. Es la primera declaración de intenciones de Parruliños, la nueva escuela infantil de O Barco, un proyecto que abrirá sus puertas el próximo mes de agosto y que nace del sueño de Antía Urdangaray Andrés, una educadora que llevaba años imaginando un lugar donde los niños pudieran crecer aprendiendo a través del juego.

Lo que hoy es una realidad comenzó hace más de cuatro años. Desde entonces, el proyecto tuvo que superar un largo camino de trámites administrativos, permisos y requisitos hasta obtener el visto bueno definitivo. «Se alinearon los planetas», bromea Antía al recordar una espera que, reconoce, fue mucho más larga de lo esperado. Sin embargo, nunca dejó de contar con el respaldo de las personas que hoy forman parte del equipo y que decidieron esperar junto a ella para hacer realidad un mismo sueño.

En esta primera etapa, Antía estará acompañada por Asun López Andrés, Iria Vila García y Lucía Dobao López, tres técnicas en Educación Infantil que comparten la misma vocación por la enseñanza en los primeros años de vida. Las cuatro afrontan con la misma ilusión y también con los nervios propios de quien está a punto de cumplir un sueño largamente esperado.

Impacientes por abrir las puertas de Parruliños y que las aulas preparadas con mimo hasta el último detalle se llenen de las voces, las risas y los primeros descubrimientos de los niños y niñas que cruzarán sus puertas.

Parruliños está pensada para niños de entre cero y tres años y cuenta con seis aulas distribuidas por edades, capacidad para 76 plazas y el equipo formado inicialmente por cinco profesionales especializadas en Educación Infantil. La escuela estará bonificada por la Xunta de Galicia, que cubrirá ocho horas consecutivas de estancia de los pequeños, mientras que servicios como el comedor o las ampliaciones horarias completarán la oferta para facilitar la conciliación familiar.

Pero quienes forman parte del proyecto insisten en que Parruliños no quiere ser una guardería al uso. Su objetivo es convertirse en una auténtica escuela infantil, donde cada experiencia contribuya al desarrollo de los niños desde los primeros meses de vida.

«Queremos que aprendan jugando». Esa idea resume una metodología inspirada en corrientes pedagógicas como Montessori o Piaget, en la que las fichas dejan paso a la experimentación, la manipulación, el movimiento, la lectura, la psicomotricidad y el juego simbólico. Las educadoras prefieren definirse como acompañantes del crecimiento. Su papel será respetar el ritmo individual de cada niño, estimular su curiosidad y ayudarle a desarrollar autonomía y confianza sin imponer aprendizajes antes de tiempo.

Cada aula tendrá además una continuidad poco habitual. Las educadoras acompañarán a los mismos niños durante toda su etapa en Parruliños, creando un vínculo estable tanto con ellos como con sus familias. Esa figura de referencia pretende convertir la escuela en una prolongación del hogar, un espacio donde los pequeños se sientan seguros desde el primer día.

El edificio ha sido diseñado pensando en ellos hasta el último detalle. Rincones de lectura convertidos en pequeñas casitas, materiales para el juego simbólico, espejos para favorecer el reconocimiento personal, espacios sensoriales, aulas adaptadas a cada edad, baños infantiles y zonas de descanso forman parte de unas instalaciones donde todo invita a descubrir, explorar y experimentar. Incluso los medidores colocados en las paredes buscan que los niños comprendan que crecer significa mucho más que ganar centímetros.

Uno de los aspectos que más diferencia a Parruliños será su apuesta por la alimentación. La escuela contará con cocina propia y una cocinera que elaborará diariamente los desayunos, comidas y meriendas. Los menús estarán diseñados por una nutricionista pediátrica y supervisados por la pediatra Eva Fernández, convencidos de que una alimentación saludable forma parte también del proceso educativo.

En el exterior espera otro de los grandes atractivos del centro: un amplio patio pensado para que los niños pasen buena parte del día al aire libre siempre que el tiempo lo permita. A medio plazo, el proyecto prevé incorporar un huerto, un arenero y nuevas zonas de juego donde el contacto con la naturaleza forme parte del aprendizaje cotidiano.

Antía tiene claro que Parruliños nace con la vocación de convertirse en un referente educativo en la comarca. Su objetivo no es únicamente abrir una nueva escuela infantil, sino ofrecer un proyecto diferente que responda a las necesidades actuales de las familias. «Queremos hacer algo grande, cubrir esa necesidad y contribuir a facilitar la conciliación laboral y familiar», explica la directora.

Antes del inicio oficial del curso 2026-2027, Parruliños abrirá sus puertas durante el mes de agosto con un campamento dirigido a niños de cero a tres años. Lejos de plantearse únicamente como una alternativa de conciliación durante las vacaciones, la directora explica que servirá como un periodo de adaptación para que los pequeños conozcan los espacios, se familiaricen con las rutinas y establezcan un primer vínculo con las educadoras que los acompañarán durante el curso. Las profesionales que trabajarán durante ese campamento serán las mismas que iniciarán el curso escolar en septiembre, favoreciendo una transición mucho más natural para los niños.

El plazo de matriculación para el curso 2026-2027 permanecerá abierto del 6 de julio al 6 de agosto. Las familias interesadas pueden recoger las solicitudes en las tiendas Garoba y Garatuxa, en O Barco, o solicitar información a través de las redes sociales de Parruliños. También pueden concertar una visita para conocer las instalaciones, resolver dudas y descubrir de primera mano el proyecto educativo. La escuela está situada en la Avenida del Bierzo, 24-26, y atiende consultas en el teléfono 623 240 925 y en el correo electrónico parrulosobarco@gmail.com.

Mientras recorren las aulas todavía impecables, Antía y sus compañeras no esconden los nervios. Todas coinciden en una misma idea: llevan toda la vida preparándose para este momento. Después de años de formación, de prácticas, de campamentos y de experiencias con niños, por fin podrán dedicarse a aquello que siempre imaginaron cuando eran pequeñas.

Dentro de unas semanas las paredes de la jungla dejarán de estar en silencio. El patito amarillo del recibidor seguirá esperando a los nuevos alumnos, pero ya no lo hará en un edificio vacío. Lo hará en una escuela donde un grupo de educadoras quiere que cada niño encuentre algo más que un aula: una segunda casa.
