Marta Fernández nos recibe en la consulta todavía con el pijama del quirófano. Una intervención que no estaba prevista ha retrasado unos minutos la entrevista. Antes de sentarse, llama a Eduardo Calleja para que se una a la conversación. Entre los dos reconstruyen una historia que comenzó hace meses, cuando un paciente llegó al Hospital Comarcal de Valdeorras con una infección muy poco frecuente, un dolor que no remitía y un tratamiento que parecía no ofrecer respuesta.
En aquellos primeros días solo había un objetivo: averiguar por qué la infección no respondía a los tratamientos habituales y encontrar una alternativa que permitiera aliviar al paciente. La investigación llegó después. Fue la consecuencia de un trabajo asistencial que, una vez resuelto el caso, llevó al equipo a comprobar que la solución aplicada nunca se había descrito para esa enfermedad.
La publicación recoge el tratamiento de un paciente con una otitis externa maligna causada por una Pseudomonas aeruginosa multirresistente, una infección poco frecuente y potencialmente grave que, en este caso, llegó a afectar al hueso debido a la situación de inmunodepresión que padecía el enfermo. Aunque tanto la enfermedad como el antibiótico eran conocidos, nunca se había documentado el uso de ese tratamiento concreto para esta patología.
«Cuando nos encontramos con una enfermedad poco frecuente y un tratamiento que tampoco usamos habitualmente, revisamos la literatura científica. Fue entonces cuando vimos que precisamente esta otitis externa maligna nunca se había tratado con este antibiótico», explica la otorrinolaringóloga Marta Fernández.
Una pregunta que merecía una respuesta
El artículo, sin embargo, probablemente nunca se habría escrito sin la mirada de una tercera profesional. Fue la farmacéutica Laura Villaverde, también autora de la publicación, quien reparó en un detalle que hasta ese momento había pasado desapercibido: el tratamiento que estaban utilizando no aparecía descrito en la literatura científica para esa enfermedad.
«Fue Laura quien nos dijo: “¿Sois conscientes de que el tratamiento que le estamos poniendo nunca se había utilizado para esta patología?”», recuerda el internista Eduardo Calleja. Aquella pregunta dio paso a una revisión bibliográfica que confirmó el carácter inédito del caso y convirtió una experiencia asistencial en una aportación científica.
La publicación es también el reflejo de un trabajo en equipo. Microbiología identificó la bacteria responsable de la infección y determinó a qué antibióticos era sensible. El Servicio de Farmacia hizo posible que el paciente pudiera continuar el tratamiento en su domicilio mediante una perfusión continua, evitando una hospitalización prolongada. Otorrinolaringología y Medicina Interna completaron un trabajo coordinado que permitió controlar una infección para la que no existían experiencias previas publicadas con ese tratamiento. «Sin el trabajo multidisciplinar este caso no habría sido posible», resume Eduardo Calleja.
“Cuando ves sufrir a un paciente también te duele”
Por encima del interés científico, ambos médicos recuerdan sobre todo a la persona que había detrás del artículo. Se trataba de un paciente con leucemia, una importante inmunodepresión y un dolor que no remitía pese a los distintos tratamientos administrados.
«Era un paciente con muchísimo dolor. Cuando ves que no mejora y no eres capaz de aliviar ese sufrimiento, eso también nos duele a los médicos», reconoce Fernández. Tras varios cambios de tratamiento, un cultivo y el correspondiente antibiograma permitieron identificar el antibiótico que finalmente consiguió controlar la infección.
El caso demuestra que también desde un hospital comarcal puede generarse conocimiento útil para otros profesionales, aunque hacerlo resulte más difícil por el menor volumen de pacientes y porque la investigación no forma parte del trabajo diario. «Publicar la experiencia clínica que tenemos, sobre todo cuando es novedosa, también es importante», afirma Marta Fernández.
Eduardo Calleja reconoce que ese esfuerzo nace, en muchas ocasiones, fuera del horario laboral. «Toda esta investigación depende de nuestro tiempo libre», explica. «No disponemos de tiempo específico para investigar, pero creemos que merece la pena compartir aquello que puede ayudar a otros médicos».
Minutos después de salir del quirófano y de hacer un hueco entre consultas para contar esta historia, ambos regresan a su trabajo. El artículo ya forma parte de la literatura científica. Ellos vuelven a la consulta, donde,volverán a hacer lo mismo que aquel día: intentar resolver el problema del siguiente paciente.
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