La iniciativa Arte no Rural nació hace cuatro años de la inquietud de un grupo de vecinos que decidió que a su pueblo le faltaba algo: cultura que se viera, que se disfrutara y que compartiese.
Y desde entonces, A Portela de Portomourisco, en el municipio de Petín, vuelve, cada año a convertirse en un museo al aire libre los días 1, 2 y 3 de mayo, una iniciativa impulsada por la asociación A Rabiosa que alcanza ya su cuarta edición y que se ha ido consolidando como una de las citas culturales más singulares de Valdeorras.
Detrás del proyecto está, entre otros, Emilio Gómez, “Milucho” de la asociación A Rabiosa, quien explica que la idea surgió de la necesidad de dar un paso más en la actividad de la asociación. «Facíamos eventos gastronómicos, deportivos… pero faltábanos algo cultural», señala. Fue entonces cuando, con la ayuda de Amancio Díaz, vecino de Petín, comenzó a tomar forma una propuesta que hoy ya atrae a cientos de personas.
El planteamiento es sencillo, pero potente: sacar el arte de los espacios convencionales y llevarlo directamente a las calles del pueblo. Esculturas, pinturas y distintas creaciones se reparten por la aldea, invitando a vecinos y visitantes a recorrerla con otra mirada. «Queremos que a xente pasee polas nosas rúas, que vexa o pobo bonito, engalanado, e que desfrute da cultura», resume Gómez.
En esta edición participarán artistas vinculados a la comarca como Rogelio Diéguez, Clara Quiroga, Conde Tolino, Roberto Álvarez o Xelo de Tremiñá, junto a creadores locales como José Rivera y José Arandeira. Una combinación que responde a la filosofía del evento: dar espacio tanto a nombres consolidados como al talento más cercano, incluso del propio pueblo.
La selección sigue un sistema de rotación que permite la participación de distintos artistas en cada edición. «Intentamos que non se repitan sempre os mesmos, que todo o mundo teña oportunidade», explica “Milucho”. La muestra no sigue un hilo conductor cerrado: es abierta, diversa y pensada para que cada visitante construya su propio recorrido.
Durante esos días, A Portela cambia el ritmo. El objetivo es claro: dinamizar el pueblo sin perder de vista a quienes lo habitan. «O máis importante son os nosos veciños, pero tamén queremos traer xente de fóra, que coñeza o pobo e que o disfrute», apunta Gómez. La cita logra reunir entre 700 y 800 visitantes en cada edición, una cifra significativa para una aldea de estas dimensiones.
Uno de los momentos más especiales llega al caer la noche. La iluminación artificial sobre las obras transforma las calles y ofrece una experiencia distinta, más íntima. «Quizá o momento que máis destaca é o encendido da iluminación sobre as obras», destaca.
La propuesta se completa con música en directo. El sábado actuará el grupo valdeorrés Kz Angels, formado por jóvenes de la comarca, en un concierto que busca reforzar ese ambiente de encuentro. «Queremos integrar cousas, non romper barreiras», subraya el representante de A Rabiosa.
Esa idea de integración define el proyecto. Integrar cultura en el día a día, integrar a vecinos y visitantes, integrar nuevas formas de mirar el entorno. Todo ello acompañado de propuestas gastronómicas y espacios de convivencia que convierten la experiencia en algo diferente.
El fondo de la iniciativa no es solo la exposición, se trata de recuperar el movimiento, la conversación y la vida del pueblo durante tres días. «As zonas rurais están abandonadas, e isto fai que volvan ter un pouco de vida, aínda que sexa tres días», reconoce Gómez.
Con cuatro ediciones a sus espaldas y una respuesta creciente, «Arte no Rural» avanza paso a paso, con la mirada puesta en seguir creciendo sin perder su esencia. Nuevas ideas, como la recuperación de oficios tradicionales, ya están sobre la mesa.
La invitación es atractiva: pasear, mirar y dejarse sorprender. Porque durante tres días, en A Portela de Portomourisco, el arte no se visita. Se vive.
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