Si hubo una imagen que acaparó las miradas este sábado en la Feria de 1812 de Petín fue la de los impresionantes bueyes y vacas de Mario Nogueira. Situados a la entrada del lugar donde se celebró la feria, los animales recibían a los visitantes convirtiéndose en una de las grandes atracciones de la jornada.
Junto a ellos, Mario y Cristina explicaban a curiosos y visitantes las características de estas razas autóctonas que crían en los montes gallegos. En el centro de la plaza, más ejemplares lucían sus espectaculares cornamentas, largas y retorcidas, despertando la admiración de pequeños y mayores.
Pero no eran los únicos protagonistas. Antía recorría el recinto acompañada de dos ternerillos que se convirtieron en auténticas estrellas de la feria. Eran muchos los asistentes que se detenían para fotografiarlos, acariciarlos o simplemente observarlos de cerca.
Mientras tanto, las calles del entorno de la iglesia se llenaban de puestos de artesanía llegados de distintos puntos de Galicia. Madera, ganchillo, cuero, pizarra y otros materiales daban forma a una amplia variedad de objetos elaborados a mano que llamaban la atención de los visitantes.
La gastronomía y los productos de proximidad también tuvieron un papel destacado. En uno de los laterales de la iglesia se encontraban varias bodegas de la comarca, entre ellas A Coroa, Terriña y Sampayolo, además de productores de aceite elaborado con aceitunas recogidas en el propio municipio de Petín.
La solidaridad tampoco faltó a la cita gracias a la presencia de la Asociación Española Contra el Cáncer, mientras que Embutidos Murias volvió a cumplir con una tradición que mantiene desde el comienzo de la feria.
Los más pequeños disfrutaron de una zona especialmente pensada para ellos en la Aira do Juanón, donde colchonetas e hinchables funcionaron durante toda la jornada.
Entre las visitas obligadas figuró también la conocida Corte do Macho, donde Javier López muestra su sorprendente colección de miles de botellas y latas de cerveza procedentes de diferentes rincones del mundo, un espacio que cada año despierta la curiosidad de numerosos visitantes.
Algunos echaron de menos la tradicional fragua, que en esta ocasión no estuvo presente, aunque sí abrió sus puertas la farmacia, otro de los lugares emblemáticos de esta recreación histórica.
La afluencia de público fue constante durante toda la jornada. Tanto que, por momentos, apenas cabía un alfiler en las calles del recinto. La Feria de 1812 continuará este domingo con la apertura de los puestos y nuevas actividades, en una edición que vuelve a demostrar que tradición, historia y convivencia siguen siendo la mejor carta de presentación de Petín.
