La emoción pudo más que las palabras. Enrique Álvarez Barreiro necesitó detenerse varias veces, tomar aire y apoyarse en un discurso escrito para poder despedirse de la alcaldía de Vilamartín de Valdeorras. Las lágrimas, la voz entrecortada y los aplausos de los asistentes marcaron un pleno cargado de sentimiento en el que el regidor puso fin a una trayectoria de quince años en la política municipal, los últimos trece como alcalde.
El salón de plenos acogió una sesión muy distinta a las habituales. Junto a los miembros de la corporación estuvieron presentes numerosos representantes políticos y personas cercanas al alcalde saliente. Entre ellas, su esposa, visiblemente emocionada durante toda la intervención, y su padre, que siguió con atención cada palabra de una despedida que estuvo a punto de no poder concluir. También asistieron la alcaldesa de Petín, Raquel María Bautista, el alcalde de O Barco de Valdeorras, Aurentino Alonso, el secretario de Organización del PSdeG en Ourense, Álvaro Vila, además de otros cargos y militantes socialistas.
«Quero ler algo, porque se non leo, xa non pare xa que fala», comenzó diciendo Álvarez Barreiro, consciente desde el primer momento de la dificultad emocional del momento. A partir de ahí realizó un recorrido por más de una década de gestión municipal, recordando los proyectos desarrollados en los distintos pueblos del municipio, las mejoras en servicios básicos y algunos de los episodios más complicados que tuvo que afrontar, como la pandemia o los incendios forestales.
Pero en su despedida, no se limitó a las obras y actuaciones concretas, el alcalde quiso dejar un mensaje sobre la forma de entender la política municipal. «Nun pobo pequeno a política non vai de siglas, nin de cores. Vai de persoas. Vai de veciños», afirmó, reivindicando la cercanía y la disponibilidad permanente como una obligación para quien ocupa la alcaldía. «O alcalde é o que está ao servizo das persoas. Nunca as persoas ao servizo do alcalde», subrayó.
Durante su intervención agradeció el trabajo de concejales, trabajadores municipales, asociaciones vecinales, culturales y deportivas, voluntarios y medios de comunicación. Sin embargo, el momento más difícil llegó cuando se dirigió a su familia. Apenas pudo pronunciar unas palabras antes de que la emoción le obligara a detenerse. «Para min foi duro, pero para eles máis», alcanzó a decir antes de agradecer el apoyo recibido durante todos estos años.
Álvarez Barreiro aseguró que abandona el cargo con la tranquilidad de haber trabajado «con honestidade, dedicación e respecto cara a todos» y prometió seguir colaborando con el municipio desde fuera de la institución, especialmente a través del voluntariado. También pidió a los vecinos que apoyen a la nueva corporación con el mismo respeto que, según afirmó, siempre recibió él.
Tras su despedida, el secretario municipal dio lectura al acuerdo plenario mediante el que se tomó conocimiento oficial de la renuncia presentada el pasado 28 de mayo y se inició el procedimiento para la elección de un nuevo alcalde o alcaldesa.
La encargada de cerrar el pleno fue la primera teniente de alcalde, Sherezade Núñez, quien asumió la presidencia de la sesión como alcaldesa en funciones y que previsiblemente será elegida próxima regidora del municipio en pleno que se celebrará el 20 de junio. Visiblemente afectada por la despedida de su compañero, aseguró que el grupo de gobierno seguirá la línea marcada por Álvarez Barreiro.
«Temos un sentimento como de que se queda oco», confesó, antes de destacar los quince años de servicio del alcalde saliente y su forma de entender el municipalismo. Núñez defendió que les enseñó que «todos somos iguais», que los pueblos y su identidad deben estar por encima de cualquier otra consideración y que todos los vecinos, independientemente de su ideología o del lugar donde residan, merecen la misma atención. «Non podemos facer outra cousa que perpetuar este legado», afirmó emocionada, agradeciéndole públicamente su trabajo y su apoyo.
El pleno concluyó entre aplausos, abrazos y numerosas muestras de cariño hacia un alcalde que, después de quince años dedicado a la vida municipal, se despidió entre lágrimas de una responsabilidad que, según reconoció, ha marcado profundamente su vida.


