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La aldea de Tremiñá, en la parroquia barquense de Veigamuíños, volvió a viajar este sábado a la Edad Media con la celebración de la XVIII Feira Medieval, una de las citas más singulares y consolidadas del verano en Valdeorras.

Las estrechas calles del pueblo se llenaron de ambiente gracias a la instalación de más de medio centenar de puestos de artesanía, alimentación y productos tradicionales, que convirtieron la localidad en un auténtico mercado medieval.
A lo largo de toda la jornada no faltaron la música de Abertal, los pasacalles y numerosas actividades para todos los públicos, entre ellas una demostración de maya , encaje de bolillos, pintacaras, el tradicional juego de la rana y diferentes propuestas de animación.
La jornada también invitó a hacer un alto en el camino para disfrutar de las cantinas y bodegas abiertas, donde vecinos y visitantes compartieron la tarde en un entorno único, contribuyendo al ambiente festivo que caracteriza esta cita.

Detrás de la feria hay meses de trabajo y la implicación de buena parte de los vecinos de Tremiñá, que cada año transforman la pequeña aldea en un escenario de otra época. Un esfuerzo colectivo que, edición tras edición, sigue haciendo crecer un evento que ya se ha convertido en un referente del calendario estival de O Barco de Valdeorras.


