Óscar Delgado, de O Barco a Dubái: «La situación está lejos de estar solucionada, pero se ha normalizado»
Volver a España es para Óscar Delgado algo parecido a pulsar el botón de «reset». Familia, amigos, buena comida y, durante unos días, el paisaje de Valdeorras para «recargar pilas». El calor tampoco supone demasiado problema para quien lleva siete años viviendo en Dubái. A finales de la próxima semana regresará allí con su familia y comenzará de nuevo la rutina del trabajo y el colegio de los niños. Antes, su paso por O Barco permite retomar una conversación que comenzó hace cinco meses en circunstancias muy diferentes.
Era marzo y Delgado hablaba entonces desde Dubái de explosiones, misiles y drones, en los primeros compases de un conflicto que había trasladado la tensión hasta los países del Golfo. Ahora asegura que la situación «está lejos de estar solucionada», pero utiliza dos palabras para explicar qué ha cambiado desde entonces: se ha «interiorizado» y, en cierto modo, «normalizado». En Emiratos, al menos antes de que iniciase sus vacaciones, llevaba semanas sin tener constancia de alertas por misiles o drones y percibía «muchísima más tranquilidad» que durante aquellos primeros meses.
No ocurre lo mismo en toda la región. Delgado recuerda que los momentos de mayor tensión alcanzaron también a Arabia Saudí, Baréin, Kuwait o Catar y explica que el conflicto continúa teniendo diferentes escenarios, aunque Emiratos y Catar viven ahora, según su percepción, una situación bastante más tranquila.
Ormuz, el gran cuello de botella
Buena parte de la conversación conduce inevitablemente al estrecho de Ormuz, la estrecha salida del golfo Pérsico convertida en una de las piezas esenciales de la actual crisis. Antes de la guerra, por allí circulaba el equivalente a alrededor del 20% del consumo mundial de petróleo y otros líquidos petrolíferos, una dimensión que permite entender las consecuencias que cualquier alteración del tráfico puede tener mucho más allá de Oriente Medio.
Delgado incide, además, en algo que a menudo queda fuera de los titulares: no se trata únicamente de petróleo. Por Ormuz circulan también gas natural y productos esenciales para la fabricación de fertilizantes, de modo que cualquier dificultad para mantener el tráfico genera tensiones en las cadenas internacionales de suministro.
La cuestión ha vuelto a cobrar actualidad precisamente mientras Delgado pasa sus vacaciones en España. Esta semana se han sucedido los incidentes contra buques vinculados a ADNOC, la compañía estatal de Abu Dabi, en el estrecho de Ormuz. Emiratos acusó a Irán de atacar el jueves dos embarcaciones de la compañía, sin causar heridos, mientras que el viernes ADNOC informó de un nuevo ataque contra otro de sus buques, también sin víctimas. Este último elevó a tres los incidentes sufridos por barcos de la petrolera emiratí en apenas una semana.
Ante esa vulnerabilidad, explica Delgado, los países productores están acelerando alternativas que permitan reducir su dependencia de Ormuz. Arabia Saudí dispone de un oleoducto hacia el mar Rojo cuya capacidad intenta incrementar, mientras Emiratos trabaja también para ampliar su salida hacia el mar de Omán. «Los países, desde el punto de vista económico, están buscando alternativas para solucionar esos problemas del estrangulamiento del estrecho de Ormuz», resume.
«Hacíamos una vida prácticamente normal»
Pero quizá la mayor distancia entre O Barco y Dubái no se mida en kilómetros, sino en la percepción de lo que sucede. Cuando Delgado regresó a España encontró una imagen de la situación bastante distinta a la que él asegura haber vivido.
«Me llegó en su momento muchísima información de que en Dubái la población estaba en refugios», recuerda. La realidad que describe es otra. La ciudad como tal, explica, no fue atacada directamente; los objetivos se encontraban fundamentalmente en infraestructuras, depósitos de combustible o instalaciones militares situadas en el exterior, aunque la interceptación de drones y misiles podía provocar la caída de restos y pequeños incendios.
«No siendo una situación normal, no quiero infravalorarla, pero la verdad es que hacíamos una vida prácticamente normal», insiste. Una normalidad con una diferencia muy visible: llegaban menos visitantes y Dubái, una ciudad enormemente dependiente del turismo, lo acusaba económicamente, aunque paradójicamente sus calles resultasen mucho más fluidas.
Delgado considera que la información que llega a España sobre Oriente Medio está con frecuencia «simplificada» y que existe una tendencia al sensacionalismo que dificulta comprender conflictos mucho más complejos. Su propia interpretación de la confrontación entre Estados Unidos e Irán concede un peso fundamental, además de a los factores religiosos y políticos, a los intereses económicos, energéticos y de poder.
Mientras tanto, la actualidad vuelve a demostrar hasta qué punto la situación permanece abierta. Irán aseguraba este sábado que todavía no ha decidido si retomará las negociaciones con Estados Unidos, mientras continúa el pulso por el control y la reapertura de Ormuz. Un escenario que mantiene en primer plano precisamente ese estrecho al que Delgado concede buena parte de su análisis.
Dos lugares en los que sentirse en casa
Todo eso queda estos días a miles de kilómetros. Aquí están la familia, los amigos y un entorno que Delgado considera «fantástico» para recargar fuerzas. Pero siete años son suficientes para que la palabra casa haya adquirido más de una dirección.
«Nos sentimos como en casa en Dubái», reconoce. Allí han construido su vida familiar y destaca especialmente las oportunidades laborales y la seguridad. Sin embargo, basta regresar a Madrid o a Galicia para recuperar rápidamente la misma sensación. «No tienes la sensación de que estás fuera de tu casa».
La próxima semana tocará hacer las maletas. En diciembre regresará de nuevo a España, como hace habitualmente dos veces al año. Hasta entonces, volverá a una ciudad que ha aprendido a convivir con una tensión que no ha desaparecido, pero que ya no ocupa cada minuto de la vida cotidiana.
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