La estética y el cuidado de la piel han dejado de ser un ámbito centrado únicamente en tratamientos básicos. La irrupción constante de nuevas tecnologías, aparatología avanzada y un mayor conocimiento dermatológico han transformado el sector, obligando a los profesionales a actualizarse de forma permanente para no quedarse atrás.
Así lo explica Nuria Carmona, experta en belleza del centro Ana de la Puente, quien subraya que uno de los momentos clave para tomar conciencia de esta necesidad es el contacto directo con el cliente. «Hoy el cliente entra por la puerta preguntando por tratamientos que ha visto en redes sociales o por tecnologías nuevas. O estás al día o te quedas fuera», señala.
Carmona advierte de los riesgos de limitarse a la formación inicial. «Quedarse solo con la base es quedarse obsoleto. La estética está en continuo movimiento: cambian los componentes, avanza la investigación y la tecnología evoluciona muy rápido», explica. A su juicio, la formación no solo es una cuestión de actualización técnica, sino también de seguridad y confianza: «Es la manera de poder responder de forma clara y segura cuando una clienta te pregunta».
En la actualidad, apunta, las áreas formativas más relevantes tienen que ver con la aparatología, la tecnología y, sobre todo, con el diagnóstico de la piel. «Cada vez nos encontramos con problemáticas más complejas: acné, rosácea o alteraciones que antes no se trataban desde la estética. Ahora el trabajo está mucho más cerca de la dermatología y exige un conocimiento profundo de la piel para aplicar el tratamiento correcto», detalla.
En un sector tan visible como el de la belleza, la formación también influye directamente en la percepción del cliente. «Cuando una persona se siente escuchada, comprendida y ve que quien la atiende conoce bien su preocupación, eso genera confianza», afirma. Una confianza que, según explica, no siempre se percibe de inmediato, pero que se consolida a medio y largo plazo. «El cliente de hoy está muy informado y nota la diferencia. Percibe cuándo hay un equipo implicado, actualizado y con ilusión por hacer bien su trabajo».
A lo largo de su trayectoria profesional, desarrollada tanto en Madrid como en O Barco de Valdeorras, Carmona reconoce que algunas formaciones han supuesto un punto de inflexión en su manera de trabajar. En concreto, destaca todo lo relacionado con la medicina estética y el abordaje de problemas dermatológicos. «Me ayudó a ir más allá de lo que hacíamos tradicionalmente y a entender mejor la piel», señala.
Compatibilizar esa formación continua con el ritmo diario de un centro no siempre es sencillo, pero hoy existen más herramientas que lo facilitan. «Las formaciones presenciales siguen siendo importantes, pero la formación online en directo nos permite resolver dudas, hablar con el formador y aprovechar mejor el tiempo», explica.
Por último, Carmona desmonta la idea de que la innovación llegue más tarde a las localidades pequeñas. «Es un mito. Con internet y las redes sociales, la tecnología y el conocimiento llegan a todas partes al mismo tiempo», afirma. Además, destaca una ventaja añadida: «En lugares más pequeños el trato es más personalizado, lo que permite aplicar la innovación con más detalle y hacer un seguimiento más cercano del cliente».



