Parcelas en las que ahora la hierba y la maleza campan a sus anchas se transformarán en las próximas semanas en campos llenos de vida y actividad agroganadera. Están situadas en Alixo, uno de los núcleos de O Barco de Valdeorras más castigados por los incendios de 2022, cuando el fuego llegó incluso a las viviendas.
Siempre se ha dicho que las tierras trabajadas no arden. Y es precisamente esa idea la que está detrás del proyecto que se ha presentado este miércoles en O Barco.
Los propietarios de estos terrenos han decidido cederlos para una experiencia piloto que busca darles uso y, al mismo tiempo, reducir el riesgo de incendios. La iniciativa forma parte del proyecto europeo USE4FOREST, impulsado por el Eixo Atlántico dentro del programa Interreg Sudoe, con la colaboración de la Diputación de Ourense y el Concello.
El planteamiento pasa por convertir estas fincas en “cortafuegos productivos”: espacios gestionados que reduzcan la carga de combustible forestal y, a la vez, generen actividad en el rural.
Para lograrlo, el proyecto trabajará sobre parcelas cedidas por los vecinos —incluso en mayor número del previsto y que suman una extensión de más de una hectárea– en las que se ensayarán distintos cultivos y explotaciones capaces de generar riqueza en la zona.

El responsable del departamento Agrotech de Sinerxia, Pablo Condo, explica que el objetivo es «recuperar, xestionar e aproveitar parcelas da parroquia de Alixo», pero no solo. «A principal idea é intentar evitar incendios forestais», señala, aunque insiste en que la propuesta va más allá: «intentar xerar actividade económica» a partir de superficies que hasta ahora estaban sin uso.
Esa visión conecta con el diagnóstico que comparte la Diputación de Ourense. Su diputado de Dinamización do Medio Rural, Xosé Miguel Pérez Blecua, advierte de que el problema no es solo el fuego, sino el abandono: «hai un abandono total do monte». Pérez señala que ahora se ha conseguido que la gente vuelva al rural, pero en muchos casos lo hace para reproducir modelos urbanos, no para trabajar la tierra.
Pero también pone sobre la mesa una de las grandes fortalezas de la comarca. En apenas unos kilómetros, Valdeorras pasa de cotas próximas a los 300 metros hasta superar los 2.000 en zonas como Pena Trevinca, lo que permite contar con varios climas en muy poca distancia y convierte el territorio en «un laboratorio perfecto» para probar cultivos muy distintos, especialmente en el contexto actual de cambio climático.
Y es aquí donde entra el proyecto, con seis cursos que combinan formación online y, sobre todo, práctica sobre el terreno. El objetivo es enseñar a cualquier persona interesada a trabajar con especies muy demandadas —como setas, plantas aromáticas y medicinales o castaños— o a iniciarse en actividades como la apicultura o la cría de razas autóctonas como el porco celta.
Todo ello con una finalidad clara: que ese aprendizaje pueda traducirse en iniciativas reales. Por eso, el programa incluye también un curso transversal de emprendimiento rural.

Los cursos ya han comenzado este mes de abril y se desarrollarán hasta finales de junio, dentro del calendario del proyecto.
Cada acción formativa cuenta con alrededor de 30 plazas y está dirigida a personas mayores de edad, independientemente de que tengan experiencia previa o no. De hecho, como explica Condo, la formación está planteada para que «cada alumno elixa o que mellor se adapta á súa realidade» y pueda construir su propio camino a partir de los conocimientos adquiridos.
Además, las sesiones presenciales se desarrollarán preferentemente en horario de tarde para facilitar la asistencia.
La iniciativa se enmarca en una estrategia más amplia de gestión del territorio, en la que también insistió el alcalde de O Barco, Aurentino Alonso.
El regidor subraya que trabajar el monte es clave para reducir el impacto de los incendios y destaca que proyectos como este permiten avanzar en esa línea, al tiempo que abren nuevas oportunidades en el rural.
Porque, estos cortafuegos productivos buscan prevenir, pero sobre todo, activar el territorio, poner en uso terrenos abandonados, generar actividad económica y ofrecer alternativas a quienes quieran emprender o complementar su actividad.
Terrenos que durante años han permanecido sin uso y que ahora se convierten en un campo de pruebas. Un espacio donde no solo se ensayan nuevos cultivos, sino también una forma distinta de entender el territorio: como un recurso que, si se trabaja, puede proteger y generar futuro al mismo tiempo.



