🏪 Nombre del establecimiento: Restaurante Piquiño
📅 Año de fundación: 2013
📍 Dirección: Paseo Malecón, 12. O Barco de Valdeorras
🙋 Quién te atiende: Fina o Emanuel en cafetería; Andrés y Marcos, propietarios en cocina; Marcela o Kim en comedor, un buen equipo, según reconoce Marcos.
⏰ Horario: De 10:00 a 17:00 y de 19:00 a 00:00. Cierra los lunes
🧾 Sector: Hostelería y restauración
🛍️ Qué ofrece: Desayunos, vinos y tapas, comidas, cenas, arroces, carnes, pescados, hamburguesas y servicio para llevar
🧑🤝🧑 Para quién: Para todos los públicos
🧬 ADN: La calidad como principio irrenunciable, desde el desayuno hasta el último plato de la carta
🗣️ Hablamos: Trece años después de abrir sus puertas, Restaurante Piquiño sigue defendiendo una idea sencilla, aunque cada vez menos habitual: cocinar sin atajos.
El establecimiento nació en 2013 y desde entonces ha ido adaptándose a los cambios de hábitos de los clientes sin renunciar a aquello que considera esencial. Porque si hay una palabra que Marcos, uno de los propietarios repite varias veces durante la conversación es «calidad». Para él, esa es la verdadera seña de identidad de la casa.
La evolución de la hostelería en la última década ha obligado a muchos negocios a reinventarse. Piquiño también lo ha hecho. Hoy los desayunos son uno de sus grandes motores, algo que en 2013 apenas se contemplaba en muchos restaurantes. También han incorporado propuestas que entonces parecían más propias de otros formatos de negocio, como las hamburguesas, aunque siempre bajo el mismo criterio: producto de calidad y elaboración cuidada. «Tienes que adaptarte a los tiempos porque, si no, te quedas atrás», resume.
Sin embargo, esa adaptación tiene límites muy claros. En Piquiño no conciben la cocina sin una elaboración propia detrás. Mientras buena parte del sector ha incorporado productos semielaborados para ganar rapidez, aquí siguen apostando por los fondos, los guisos y las preparaciones hechas desde cero.
Es precisamente cuando habla de los arroces cuando aflora con más claridad esa filosofía. De hecho, asegura que podrían definirse casi como una arrocería por la cantidad de encargos que salen cada fin de semana, tanto para consumir en el local como para llevar.
Detrás de esos platos hay horas de trabajo y una manera de cocinar que consideran irrenunciable. Los caldos se elaboran con pescado, congrio, merluza o rape; los sofritos se preparan como siempre se hicieron; y los potenciadores de sabor, explica, no salen de un bote, sino de ingredientes y técnicas tradicionales. «Hoy en día somos pocos los que seguimos cocinando de verdad», afirma.
Esa defensa de la cocina tradicional no está reñida con la creatividad. Tanto él como Andrés disfrutan experimentando y participando en iniciativas gastronómicas de la comarca. Son habituales en eventos como la Ruta de Pinchos o las actividades vinculadas a la Feira do Viño y al Botelo. Uno de los ejemplos recientes fue un canelón relleno de presa de cerdo, rebozado y frito, acompañado de una demi-glace de mencía.
También hay platos que, aunque ya no figuran en la carta, siguen ocupando un lugar especial en su memoria. Recuerda especialmente unas tostas de queso, jamón y puerros inspiradas en sabores de su Asturias natal, adaptadas después a productos gallegos. Son recetas que han ido desapareciendo para dejar paso a otras nuevas, porque entiende que una carta también debe evolucionar para no quedarse inmóvil.
Aun así, el objetivo continúa siendo exactamente el mismo que cuando comenzaron: que quien se siente a la mesa salga satisfecho. Por eso evita hablar de expansión o de abrir nuevos locales. Prefiere concentrar los esfuerzos en mantener el nivel de un único restaurante y seguir mejorándolo poco a poco. Reconoce que existen ideas para el futuro y posibles cambios en el horizonte, aunque todavía prefiere guardarlos en secreto.
Lo que sí tiene claro es qué espera de los próximos años: conservar la ilusión por cocinar. Porque, más allá de las modas, de las tendencias gastronómicas o de los cambios en los hábitos de consumo, considera que la verdadera recompensa sigue siendo la misma que hace trece años: ver salir a un cliente por la puerta con una sonrisa después de haber disfrutado de una buena comida.
