La limpieza y el civismo han vuelto a situarse en el centro del debate municipal en O Barco de Valdeorras. No es una cuestión nueva, pero sí recurrente en los plenos y en la conversación cotidiana: excrementos de perro en las aceras, papeles y colillas en el suelo, bolsas mal depositadas en los contenedores o enseres abandonados junto a las islas de reciclaje. El alcalde, Aurentino Alonso, ha querido abordar el asunto con claridad y sin rodeos.
«É complicado, porque é difícil que, se alguén quere tirar algo ao chan, conciencialo para que non o tire», afirma. Para el regidor, el problema no es únicamente de medios, sino de actitud. En el caso de las mascotas, insiste en que la responsabilidad es inequívoca: «O can non é responsable de nada. O responsable último sempre é o propietario».
El alcalde apela al respeto y a la convivencia. «O que ti estás facendo mal está influíndo na calidade de vida que teñen o resto dos cidadáns», señala, recordando que una calle sucia afecta a todos. El Ayuntamiento cuenta ya con una ordenanza reguladora, aunque el equipo de gobierno trabaja en su actualización. El proceso, explica, requiere tiempo: redacción, exposición pública y tramitación administrativa. Y si el civismo no funciona, quedará la vía sancionadora. «Non é a máis adecuada, pero é a que entende ás veces algunha xente».
Alonso rechaza que el objetivo sea recaudar. «Ás veces leva máis tempo e máis traballo administrativo tramitar un expediente deste tipo que o que se vai recaudar», subraya. También admite las limitaciones en la vigilancia: «Os policías que hai na rúa son os que hai», y, curiosamente, cuando hay presencia policial, muchas conductas incívicas desaparecen.
El debate de las papeleras
La cantidad de papeleras es otro asunto que suele salir a debate. Sin embargo, el alcalde apunta que la tendencia en ciudades avanzadas no es aumentar su número. «A tendencia nas cidades verdes é poñer as mínimas imprescindibles», explica. La idea es que cada persona asuma la responsabilidad de llevar su residuo hasta el punto adecuado, del mismo modo que se hace en el monte cuando se practica senderismo. «Non porque teñas unha papeleira cada 50 metros vai haber máis limpeza», resume.
Uno de los principales problemas detectados está en el uso incorrecto del contenedor amarillo. «O contedor amarelo non é o contedor dos plásticos, é o dos envases lixeiros», recalca. Latas, briks, bandejas o envoltorios deben depositarse ahí, pero no bolsas cerradas con basura mezclada.
La boca estrecha de estos contenedores no es casual. «Está feita así adrede para evitar que se meta a bolsa enteira da fracción resto», explica. La recomendación es sencilla: introducir los envases individualmente y, si es posible, aplastar latas y briks para facilitar su entrada.
El sistema de reciclaje se articula en varias fracciones: orgánica (marrón), papel y cartón (azul), envases ligeros (amarillo), vidrio (iglú específico) y fracción resto (verde). «Temos o sistema bastante estruturado; outra cousa é que queiramos participar», afirma.
El contenedor marrón, destinado exclusivamente a residuos orgánicos —mondas de patacas, mondas de froita, froita estragada ou restos de comida— funciona mediante llave. Es, de momento, voluntario. «É un contedor para aquelas persoas que realmente están concienciadas», indica. Quien quiera utilizarlo debe solicitar la llave en el Ayuntamiento, donde también se facilita un pequeño recipiente doméstico para depositar la bolsa orgánica.
En otras ciudades ya se emplean tarjetas identificativas que permiten incluso bonificaciones en la tasa de basura. «Non estamos aínda nesa situación, pero non se tardarán moitos anos en chegar a ela», apunta.
Además, el regidor comentó que los contenedores soterrados, como los ubicados en la calle Pérez Lista, generan problemas de mantenimiento. «Están desaparecendo en moitas cidades», asegura el alcalde, debido a la acumulación de agua y residuos que provoca malos olores y dificultades de conservación.
Alonso recuerda que no existe un modelo perfecto de recogida. En ciudades del País Vasco, por ejemplo, se han ensayado distintos sistemas, desde puntos señalizados en el suelo donde bajar la bolsa a una hora concreta hasta estructuras elevadas para colgarla y evitar que los animales la rompan. «É complicado. A xente non se dá atopado a solución definitiva», admite.
En O Barco, las islas de contenedores están relativamente próximas entre sí, algo que no ocurre en otras localidades donde los vecinos deben desplazarse hasta la carretera general para depositar sus residuos. «Todo é cuestión de acostumarse e querer facelo», insiste.
Punto limpio y recogida gratuita
El abandono de colchones, muebles o electrodomésticos junto a los contenedores es otro de los problemas detectados. El punto limpio municipal, situado en Viloira, abre de lunes a sábado por la mañana. Además, existe un servicio gratuito de recogida a domicilio previa llamada telefónica. «Non che van cobrar nada. Chamas e dis que día podes baixar o colchón e xa está», explica.
Estos residuos no forman parte de la recogida diaria y pueden permanecer varios días hasta que el servicio específico los traslada para su correcta clasificación. «Hai cousas que non son da recollida diaria. Se as deixas nunha illa de contedores van estar aí varios días», advierte.
Cultura y balance del Entroido
Tras el llamamiento al civismo, el alcalde repasó la programación cultural. Después de la representación del Centro Dramático Galego con Memorias dun neno labrego, esta semana llega Tarabela Creativa con la obra Boa sorte, mala fama, el viernes 27 de febrero a las 21.00 horas en el Teatro Lauro Olmo.
También hizo balance del Entroido. Cerca de 700 personas participaron en el desfile, en una jornada en la que el tiempo acompañó entre lluvia y lluvia. El Enterro da Sardiña, pese al frío y al viento, volvió a reunir a numerosos vecinos. «Moi positivo», concluye.
El mensaje de fondo se repite a lo largo de la conversación: el sistema está organizado, los servicios existen y las infraestructuras están en marcha. Pero la limpieza diaria de O Barco depende, en última instancia, del compromiso individual de sus vecinos.
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