domingo. 09.08.2026

Los rincones imprescindibles de Valdeorras

Hay lugares que se visitan porque aparecen en las guías y otros que se recuerdan porque ayudan a comprender un territorio. Valdeorras pertenece a esa segunda categoría. Su historia no se concentra en un único monumento ni en una sola ciudad monumental, sino que está repartida entre montañas, pueblos, viñedos, monasterios, caminos romanos y paisajes que han permanecido casi inalterables durante siglos

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Si hubiera que explicar qué es Valdeorras a alguien que nunca la ha visitado probablemente bastaría con recorrer estos quince rincones. Cada uno cuenta un capítulo distinto de una historia que comenzó mucho antes de que existiera la propia comarca.

Donde Galicia toca el cielo

Hay pocos lugares que impresionen tanto como Pena Trevinca. Con sus 2.127 metros de altitud, no solo es la montaña más alta de Galicia, sino también el corazón de un macizo modelado por los glaciares hace miles de años. Sus lagunas de origen glaciar, los extensos brezales y el cielo limpio que le ha valido el reconocimiento como destino Starlight convierten este espacio en uno de los paisajes naturales más extraordinarios del noroeste peninsular.

Muy cerca se encuentra el Teixadal de Casaio, considerado uno de los bosques de tejos más importantes de Europa. Entre sus más de cuatrocientos ejemplares centenarios se conserva uno de los ecosistemas más singulares de Galicia, refugio durante siglos de pastores, contrabandistas y, más tarde, de los maquis que permanecieron ocultos en estas montañas tras la Guerra Civil.

Donde Roma cambió para siempre el paisaje

Pocas obras de ingeniería sorprenden tanto como Montefurado. Hace casi dos mil años, los romanos perforaron la montaña para desviar el cauce del río Sil y facilitar la extracción del oro mediante el sistema de ruina montium. El enorme túnel sigue siendo visible y constituye uno de los testimonios más espectaculares de la minería romana en la Península Ibérica.

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La presencia romana también puede seguirse en varios tramos conservados de la Vía Nova, la calzada que unía Braga con Astorga y que convirtió Valdeorras en un importante corredor de comunicación entre el Atlántico y la Meseta. Muy cerca, el puente de A Cigarrosa, entre A Rúa y Petín, recuerda la importancia estratégica de aquella vía hace casi veinte siglos.

Donde el vino duerme bajo tierra

Hay otra Valdeorras que apenas se ve desde la superficie. En Seadur, una calle aparentemente tranquila esconde bajo sus pies 71 covas excavadas en la roca. Durante generaciones sirvieron para elaborar y conservar vino gracias a la temperatura constante del subsuelo. Hoy constituyen el conjunto de bodegas subterráneas más conocido de Galicia y cada Semana Santa vuelven a llenarse de vida durante la Festa das Covas.

Ruta das Covas

No muy lejos, Vilamartín de Valdeorras conserva otro de los grandes conjuntos de covas tradicionales de la comarca. Sus chimeneas de piedra sobresalen entre las calles como la única pista de un patrimonio oculto que ha acompañado a la viticultura valdeorresa desde hace siglos. La Ruta del Vino de Valdeorras permite descubrir muchas de estas construcciones y entender cómo el godello ha llevado el nombre de la comarca a las mejores mesas del mundo.

Donde la naturaleza rompe todas las reglas

Si alguien afirmara que en Galicia existe un paisaje mediterráneo, probablemente costaría creerlo. Sin embargo, basta adentrarse en la Serra da Enciña da Lastra para comprobarlo.

Este parque natural, declarado en 2002, es una auténtica excepción geológica. Mientras el granito domina buena parte de Galicia, aquí aparecen grandes macizos de roca caliza que han dado lugar a un relieve kárstico con más de doscientas cuevas censadas, profundas simas y espectaculares paredes verticales. Entre encinas, alcornoques, tomillo y más de una veintena de especies de orquídeas prospera un ecosistema que poco tiene que ver con la imagen tradicional de Galicia. Además, alberga algunas de las colonias de murciélagos más importantes de la comunidad.

Muy cerca se encuentra A Cántara da Moura, un paseo entre pasarelas de madera y bosque de ribera donde la naturaleza se mezcla con una de las leyendas más populares de la comarca: la de la moura de cabellos dorados que, según la tradición, habitaba este rincón del valle del río Corzos.

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Recorrido Cantara da Moura

Donde la piedra también habla de fe

En pocos lugares de Galicia el paisaje y la arquitectura se funden con tanta armonía como en el Santuario de As Ermitas, en O Bolo. Encajado en una garganta del río Bibei, este conjunto barroco parece surgir de la propia roca. Declarado Bien de Interés Cultural, destaca no solo por su monumental iglesia, sino también por su extraordinario Vía Crucis, uno de los escasos conjuntos monumentales de este tipo que se conservan en Europa. La mejor vista, curiosamente, no se obtiene desde la plaza, sino desde el mirador situado en lo alto del desfiladero, donde el santuario aparece integrado en el paisaje como si siempre hubiera formado parte de él.

Pero también hay pueblos que resumen la esencia de Valdeorras. El casco histórico de Petín conserva soportales, calles estrechas y casas tradicionales que recuerdan la importancia que tuvo esta villa como lugar de paso entre Galicia y León. Muy cerca, Córgomo, tierra natal de Florencio Delgado Gurriarán, mantiene intacta buena parte del paisaje vitivinícola tradicional que inspiró al poeta.

Sobre el valle se alza también la Torre do Castro, construida sobre un antiguo asentamiento castreño. Desde allí se domina buena parte del curso del Sil y resulta fácil comprender por qué este lugar fue estratégico durante siglos.

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Torre do Castro

Elegir solo quince lugares obliga a dejar fuera muchos otros que también forman parte del alma de Valdeorras: el castillo de O Bolo, los miradores de A Veiga, los viñedos de Valencia do Sil, los lagares rupestres, los caminos del Camino de Invierno o las pequeñas aldeas que salpican el valle. Quizá esa sea la mayor virtud de esta comarca. Que nunca se deja conocer del todo.

Porque Valdeorras no se resume en un monumento ni en una fotografía. Se descubre caminando entre montañas, descendiendo a una cova, siguiendo el trazado de una calzada romana, contemplando un santuario suspendido sobre un cañón o escuchando el silencio de un bosque de tejos centenarios.

Los rincones imprescindibles de Valdeorras